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incapcidad de disfrutarPuede ser que algunos miembros de nuestra familia jamás nos muestre su afecto y, como muertos vivientes, caminen y hablen con nosotros, pero una coraza les separa de sus semejantes. Son personas que tienen miedo a sus impulsos y se defienden de ellos adormeciendo sus sentidos.

Cuando una persona tiene incapacidad de disfrutar, tiene las ventanas de su cuerpo y de su mente cerradas tanto al mundo externo como a su mundo interno. Conoce poco de sí, aunque es posible que domine el mundo intelectual y racional. Es frecuente que hable mucho de otros, y que le cuenten problemas y confidencias, ya que parece que sabe escuchar, pero lo hace para no hablar de sí misma.

Parece que tiene un gran autodominio, cuando, lo que ocurre, es que está anestesiada contra las emociones. Hay personas que no pueden conectar con lo placentero de la vida, y se prohiben disfrutar, como si tuvieran que pagar por ello. Siempre están protestando, sufriendo o haciendo sufrir, incapaces de amar y de amarse. Un insaciable sentimiento de culpa les azota, sin que lleguen a reconocerlo.

La incapacidad de disfrutar y los sentimientos de culpa inconscientes

Eso le sucede a María, economista de 35 años, que ha pasado a desempeñar un puesto importante en la empresa donde trabaja. Con ello, va a viajar bastante, algo que le gustaba, pero ahora que lo ha conseguido, no puede sentir alegría. María es muy eficiente en su profesión, aunque esa faceta no consigue ocultar las deficiencias que padece en su mundo emocional.

Hija única, su padre era un contable oscuro y huraño, y su ambiciosa madre, de carácter frío, le culpó por llevar una vida con estrecheces económicas. María recogió el deseo de su madre de tener una buena situación y ser más que su padre, pero esto la culpabiliza, porque oculta el deseo de ser mejor que él. La hostilidad inconsciente que siente hacia el padre no la deja vivir su ascenso con alegría.

Con frecuencia, un sentimiento de culpa inconsciente amarga el más dulce de los éxitos. La capacidad de disfrutar que tenemos es amplia y variada. Si en nuestra historia hubo sucesos que nos marcaron, es posible que tengamos miedo de volver a sentir, porque tememos no controlarlo. Sólo si se consiguen identificar los propios deseos, se puede recuperar la facultad para disfrutar de la vida.

A disfrutar también se aprende

En las diferentes e íntimas formas de disfrutar intervienen factores psicológicos, biológicos y culturales. Estos últimos dan la posibilidad de aprender formas de placer, para cuyo disfrute se necesita un aprendizaje. A amar la música se aprende oyéndola, a amar al otro se aprende escuchándole. Quizá, disfrutar de la vida sea el efecto de haber aprendido a amar.

El placer en la mujer

  • En la sensualidad femenina resulta fundamental la erogenización primaria, que se organiza en el intercambio entre la madre y la recién nacida. Sin embargo, es el padre el personaje decisivo para que la niña se lleve bien con su ser mujer.
  • Es la ternura firme, procedente del padre, lo que hará a la hija aceptar su feminidad y disfrutar de la vida. Una mirada cariñosa será beneficiosa, y aprenderá a verse con el afecto con que su padre la miró en el pasado.
  • En caso contrario, creerá que no es querida por su progenitor, y un sentimiento de rebelión amargará su futuro. Si no inventa un padre interno que le asegure su identidad femenina, quedará atada al pasado que no le dio lo que quería, sin poder construir un futuro para realizar lo que desea, y quizá repita con otros hombres una relación marcada por la insatisfacción.