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elección de parejaEl impulso amoroso es un enigma, un misterio. Podemos hacer algunas aproximaciones para entenderlo un poco, pero la elección de pareja siempre nos supera y nos plantea nuevos interrogantes. Es inagotable y parece que tiene vida propia, porque se manifiesta como si fuera ajeno a la voluntad del que lo siente.

Cuando nos embarga un impulso amoroso hacia otro, no hay argumentos ni reflexión, y la cabeza sólo registra lo que le manda el corazón. ¿Qué nos empuja hacia ese otro? ¿De dónde surge esa necesidad? La atracción entre dos personas depende de cómo se combinen la condiciones eróticas entre ambas. Es la dirección de sus deseos la que les lleva a elegir, y suponen que ese ideal lo llevarán a cabo con la ayuda del otro. A esto, en la elección de pareja, se une la evocación de experiencias que dejaron en nuestra memoria inconsciente un poso de placer.

A veces puede enamorar una forma de caminar, unos ojos, una voz, un carácter determinado, cualquier rasgo físico o mental, quizá la combinación de varios. Y eso se produce porque tales rasgos están asociados a alguien que amamos en los primeros años de nuestra vida.

Los primeros objetos de amor

Los encuentros amorosos en la edad adulta son, en parte, reencuentros con los misteriosos lazos que nos unen a nuestros primeros objetos de amor: madre, padre, hermanos u otras personas. Si todo fue bien con ellos, el afecto y la ternura quedaron enlazados. Y con ellos, sin llegar a apreciarlo, aprendimos a querer a los otros.

Con las caricias, las miradas, las palabras y las atenciones de que fuimos objeto o quizá dejamos de serlo, organizamos una red de apetencias y deseos que nos hacen elegir a éste, y no a aquél, por semejanza u oposición a modelos internos que tienen mucha influencia en nuestra vida afectiva.

Repetición de esquemas en la elección de pareja

Puede suceder que repitamos con nuestra pareja una relación como la que tenían nuestros padres. Si ésta fue buena, estamos de suerte. Pero en caso contrario, debemos tener cuidado, porque también se repite lo que se detesta. Si hemos sufrido inhibiciones en la evolución emocional, el proceso de emancipación respecto a la figura paterna y materna no se produce de la forma adecuada. Entonces, la elección amorosa de pareja depende mucho de la actitud inconsciente frente a los padres.

Si en tu vida no está la persona adecuada

  • Dependes de complejos inconscientes que no conoces y te están haciendo daño.
  • Interrógate a tí misma sobre qué es lo que te gustó de él.
  • Puedes pensar que te engañó, que no es lo que parecía, pero recuerda que es tu capacidad de autoengaño lo que está en juego, al no registrar antes lo que ahora dices que no te gusta.
  • Si rompes porque no ves posibilidades, es conveniente elaborar la ruptura y esperar un tiempo a tener otro compromiso para no contaminar éste con los fallos del anterior.

El otro imaginario

  • La pareja ideal no existe, no pertenece al género humano, sino al fantástico. Encontrar en otro un ideal que nos complete es una fantasía irrealizable.
  • En el amor siempre se espera encontrar la plenitud gracias al otro. Tras la elección de pareja se atraviesan pruebas constantes, ajustes entre lo imaginario y lo real.
  • La pareja imaginaria que nuestra mente inventa es necesaria para la satisfacción afectiva. Detrás de ese otro podemos colocar a una madre protectora, a una padre afectuoso o a un niño desamparado. Le adjudicamos un papel, pero debemos aproximarnos a cómo es y no sólo a cómo queremos que sea. Probablemente no se acercará a nuestras necesidades afectivas plenamente.
  • Un buena relación de pareja se basa en no esperar que nuestro “partenaire” imaginario se haga real, ni en pedirle al real que sea fantástico.