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diferencia de edad en la parejaLa diferencia de edad en una pareja no es obstáculo para iniciar una relación amorosa. Basta con tener claro qué es lo que uno busca y lo que quiere dar. Sin embargo, la sociedad no acepta igual la relación de una mujer madura con un joven, que la de un hombre mayor con una mujer muy joven.

El amor y la diferencia de edad

Cuando una mujer madura se enamora de un joven y establece una relación con él, provoca en su entorno cierta perplejidad o, incluso, un claro rechazo. Parece que en esa relación, más que en otras, se transgreden las leyes de la lógica amorosa.

En esos casos, las críticas arrecian, algo que no ocurre cuando es un hombre maduro el que se enamora de una joven. A esto estamos, incluso, acostumbrados, quizá porque el rasero que utilizamos para medir la sexualidad del hombre y de la mujer es muy diferente.

A él le disculpamos más, como si todos sus comportamientos se debieran a una naturaleza incontrolable. Por eso cuando dirige sus ojos y su deseo hacia las mujeres jóvenes lo vemos como un impulso que no puede reprimir.

De ellas, sin embargo, se piensa que están seduciendo a un jovencito o que han sido engañadas por él, que busca en esa relación cosas distintas al amor.

La realidad es que cuando la mujer toma un papel activo en la relación amorosa, asusta. Pero que el sexo femenino tome la iniciativa no es algo nuevo. Lo que ocurre es que antes debía aparentar todo lo contrario.

El mandato cultural dirigido a la mujer la ha obligado durante mucho tiempo a mostrarse como objeto de deseo para el hombre, y no como sujeto con deseos propios.

Con todo, las cosas están cambiando y algunas mujeres ya han decidido formar pareja con hombres más jóvenes que ellas.

¿Qué se busca en una pareja mayor?

¿Qué buscan las mujeres en hombres jóvenes, y por qué hay hombres que quieren a mujeres mayores?

Lo que ellas buscan es proteger al hombre, y así alimentan su autoestima al sentirse el miembro más fuerte de la pareja. Además, huyen de la dominación que les podría imponer un hombre mayor.

Quieren con esta diferencia de edad, en fin, ser admiradas más que ser cuidadas. Anhelan que se las valore como personas de experiencia y quieren ser deseadas por algo más que por su físico.

Ellos, por su parte, parece que tratan de apartarse del modelo tradicional del hombre protector. Se dejan querer y se sienten bien siendo enseñados por alguien con más experiencia en la vida. Buscan el cuidado materno y la seguridad.

El caso de Laura

Laura, de 45 años, y Jorge, de 29, son una de estas parejas atípicas con cierta diferencia de edad. Cuando se enamoraron no pensaban que su relación fuera a durar tanto. Y tampoco sus amigos, que les auguraban una relación corta.

Pero, contra todo pronóstico, ha pasado el tiempo y siguen juntos. El primer encuentro fue todo un flechazo. Él era un hombre que sabía escuchar, que valoraba las opiniones de Laura, y que no tenía miedo a hablar de sentimientos.

Ella, por su parte, tenía su sexualidad algo adormecida, y Jorge vino a despertarla. Sin embargo, al principio temió los problemas que podía suponer la diferencia de edad. Pero, finalmente, Laura decidió ser fiel a sí misma y a sus deseos, y se fue a vivir con él. Nunca lo ha lamentado.

Laura era la pequeña y la única chica de una familia de cuatro hermanos. Su padre la trataba como si fuera de porcelana, pues tenía la idea de que las mujeres eran muy frágiles. Y sus hermanos también comulgaban con esa opinión.

De este modo ejercían sobre ella un dominio que siempre detestó. No se sentía querida, sino humillada por el trato que recibía en casa. Fue entonces cuando llegó Jorge, que pese a ser un hombre joven, le hacía sentirse superior, fuerte y protectora.

Todo lo que siempre había querido ser. La realización de este deseo le hizo verse a sí misma de otra manera. Al dejar de sentirse dominada empezó a desarrollar su capacidad erótica. Así, pues, él buscaba protección materna y ella, dominar la relación.

Jorge, por su parte, buscaba una mujer con la que poder sentirse arropado. Durante su infancia estuvo separado durante mucho tiempo de su madre, y eso le dejó un sentimiento de desamparo difícil de superar.

Lo que se da, lo que se recibe

Cuando el vínculo maternal se ha visto interrumpido durante los primeros años de vida, en la edad adulta se puede producir cierta obsesión por encontrar a una mujer a quien traspasar el anhelo de cuidado y protección. Y si ésta es mayor que él, le adjudicará experiencia y poder.

Pero, además, la fijación con la madre suele venir favorecida por la presencia de un padre distante y poco comprometido afectivamente con sus hijos, que no tienen apoyo suficiente ni recursos para suplir la carencia de su progenitora.

Hoy han cambiado mucho las cosas, y una mujer ya no busca alguien que la domine, sino a un compañero que la escuche y la valore. A su vez, y empujados por la nueva actitud de las mujeres, los hombres también han ido cambiando los modelos femeninos que despertaban sus inclinaciones amorosas y sexuales.

Ahora, algunos de ellos buscan mujeres mayores, a las que no tengan que proteger, que sean independientes económicamente y con más experiencia. Buscan alguien en quien apoyarse. Ellas quieren ser reconocidas; ellos no quieren comprometerse como adultos.

De este modo, nos enfrentamos a lo que realmente queremos y no a lo que nos han dicho que tenemos que querer; ésta es la verdadera libertad y la más difícil de conseguir. No es la diferencia de edad la que impide o favorece una relación; es el desconocimiento de lo que uno busca y de aquello que puede dar.

Amores adolescentes

  • La madre es la primera persona en la que el niño deposita su amor. Cuando en la adolescencia comienza a buscar a otra persona como destinataria de su amor, puede verse tentado de buscar a alguien que la sustituya y transferirle a esa mujer madura el amor que sintió por su progenitora.
  • Más de un adolescente se ha enamorado de una profesora, de la madre de un amigo o de la novia de un hermano mayor. Son personas mucho mayores, cercanas, pero inalcanzables. Este amor es siempre platónico y señala con relativa claridad su procedencia: el primer afecto hacia la madre.
  • El carácter platónico de ese amor es similar al que se puede sentir por un miembro de la familia con el que es imposible llevar a cabo el encuentro sexual. Se trata de un amor que nunca llegará a consumarse y que permanece sólo como una fantasía.

Una hipótesis peligrosa

La mujer madura puede hacer cuentas sobre su historial afectivo y encontrarse con carencias emocionales que no sabe cómo resolver. En esta situación, sobre todo si tiene un elevado estatus social o profesional, puede toparse con lo que se conoce como arribistas.

Son jóvenes que se lanzan a ligar con mujeres maduras, en las que buscan posición social y dinero. Se trata de expertos en detectar las carencias emocionales de mujeres que se sienten solas. Son un peligro, lo mismo que esas jóvenes seducidas por el dinero o el poder de un hombre mucho mayor que ellas.