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Adicción al sexoBuscan la aventura de una noche, sin importar cómo ni con quién. . . Pero esa actitud, la adicción al sexo, esconde su falta de autoestima y su deseo de escapar.

¿Qué hay detrás de la exageración? 

Desde el punto de vista psicológico, cuando una actitud se convierte en exagerada, está delatando que se trata de escapar de una carencia que se vive como insoportable.

El exceso de sexo señala, con frecuencia, un defecto de autoestima, una falta de recursos internos que no se puede soportar y se intenta compensar con multitud de relaciones, que vengan a confirmar desde fuera lo que no se puede asegurar por dentro.

Los hombres que presumen de tener una gran actividad sexual confunden, sin saberlo, la cantidad con una carencia de calidad. El neurótico sufre de una incapacidad para la satisfacción, es impotente desde este punto de vista, y entonces, en su incapacidad de obtener un autentico placer, sigue intentándolo una y otra vez con la esperanza siempre frustrada.

Estos hombres continúan atados a la figura materna que han interiorizado dentro de sí. Cuando uno de estos sujetos se sabe capaz de excitar a una mujer, le surgen las dudas acerca de las que todavía no ha puesto a prueba. Cree que todas pueden ser para él y no acepta que haya una que no pueda serlo.

Ofrecer el cuerpo, pero no el alma

Algunas mujeres hipersexuales pueden ser, paradójicamente, casi frígidas. Es su falta de gratificación sexual lo que las obliga a intentarlo una y otra vez. Se puede buscar mucho sexo porque no se encuentra el amor, incluso porque se huye de él. Siempre es más fácil poner el cuerpo que el corazón.

Con frecuencia, se compromete el cuerpo para esconder el miedo a una intimidad que no se puede soportar. En las personas adictas al sexo se descubre, a menudo, una agresividad hacia el compañero sexual.

El hecho de que no consigan una satisfacción completa crea en estas personas el deseo de alcanzar el gozo forzando a la pareja y responsabilizándola del fracaso.

Claves para manejar la adicción al sexo 

Normalmente, la falta de contención sexual, así como la necesidad de mantener relaciones con personas diferentes, ha sido atribuida al hombre, como si fuera una característica exclusiva de la sexualidad masculina. En el caso de la mujer, esa actitud era considerada peyorativamente, con insultos que están en la cabeza de todos.

Hombres

Cuando la sexualidad masculina es madura y habita en un hombre que puede sostener su virilidad, no necesita de infidelidades. El exceso de demostraciones o escapes incontrolables pertenece a una sexualidad infantil e inmadura y dibuja a un hombre con dificultades para aceptar un compromiso sexual y afectivo con una mujer.

Mujeres

La transmisión cultural ha intentado controlar la sexualidad femenina para dominarla, pero la mujer ha descubierto la riqueza de su sexualidad, al tiempo que la libertad individual y la independencia personal. Ahora bien, al igual que el hombre, la mujer puede ocultar sus dificultades ante la feminidad con una actitud hipersexual que la ayude a engañarse a sí misma.

Si tiene muchas relaciones y se lo pasa muy bien, se demuestra a sí misma que está liberada y se gusta como mujer. Pero puede estar lejos de su verdad individual. Con frecuencia, en vez de estar liberada, se encuentra atada a una sexualidad que no le aporta satisfacción, si no que la domina.

Enfermedades del alma

Hombres y mujeres somos distintos, pero ambos buscamos encontrarnos bien con nuestra sexualidad. ¿Será cierto que una de las principales diferencias entre los sexos es que la mujer da sexo para recibir amor y el hombre da amor para recibir sexo? Quizá haya en esto algo de verdad, pero sólo un poco. ¿Será la adicción al sexo una opción para tapar la soledad, la incapacidad de amar, para ocultar, en definitiva, lo que podríamos llamar las enfermedades del alma