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jugar con mi bebeAl conectarnos con nuestro bebé por medio del juego, estimulamos su desarrollo, favorecemos su educación sobre el mundo que lo rodea, siendo además una fuente de demostración recíproca de afecto.

El juego se puede estimular desde el momento de nacer, siendo necesario mantener un afectuoso contacto que enriquezca la relación padres-hijo.

El sistema sensorial del recién nacido no se encuentra totalmente desarrollado, pero es capaz de percibir la voz humana, pudiendo reconocer la voz del padre y de la madre.

Puede además distinguir un rostro humano; esto le genera una sensación de protección.

¿Con qué jugamos?

Los juguetes deben ser de superficie lisa, realizados en material no tóxico (prestar especial atención a las especificaciones del juguete), de fácil lavado, en un tamaño que el bebé no pueda tragar.

Los preferidos son los sonajeros ú otros objetos inofensivos que hagan ruido, muñecos blandos de colores vivos, y todos aquellos que sirvan para estimular su atención visual y auditiva.

El bebé también disfruta con anillos inflables o mordillos, tomándolos, mirándolos, llevándolos a la boca y arrojándolos al suelo.

Al jugar con el bebé este debe estar apoyado en una colchoneta o una manta de superficie blanda.

Durante los dos primeros años de vida, por medio del juego, el niño comienza a conocer primero su cuerpo y luego el mundo que lo rodea, a través de las sensaciones que repercuten en el.

En este momento el juego es un movimiento repetitivo que busca reproducir siempre una misma respuesta, una misma sensación. Ejemplos:

  1. Móviles de llamativos colores que cuelgan sobre él: El bebé realizará un mismo movimiento varias veces con los brazos, como si intentara tocarlos. Esta acción se repetirá para provocar una misma sensación.
  2. De su sillita deja caer un objeto para experimentar el ruido que hace al caer y comprobar su movimiento. Más adelante tirará el objeto en distintas direcciones y distancias.

El bebé repite la acción, aprendiendo su alcance y experimentando la sensación que le provoca cada acción.

Comienza así el proceso del aprendizaje.

¿A qué jugamos con nuestro bebé?

Al nacer el bebé se enfrenta a la fuerza de gravedad y se encuentra con mayor espacio que en la vida intrauterina.

El objetivo es lograr una buena comunicación por medio de caricias, palabras y los diferentes códigos de su postura, movimientos y llanto.

Podemos estimular su musculatura para que logre nuevos movimientos, desplegando las diferentes partes de sus cuerpos y enseñándole a controlar el peso de su cabeza.

Estos ejercicios se deben realizar en no mas de diez minutos, para evitar que el bebé se canse.

Masajes en los pies, tanto en la región plantar como en la región dorsal, haciendo que mueva los dedos.

Por un reflejo de prensión el bebé cierra su mano y la mantiene cerrada ante un estímulo. Para que la abra debemos deslizar con cuidado un dedo entre los dedos del bebé hasta lograr extender su mano y ayudarlo a mantenerla abierta por unos minutos.

Alrededor de los siete u ocho meses, jugar lo ayuda a descubrir el mundo de los sentidos, mientras se introduce el concepto de presencia y ausencia. Ejemplo: Le mostramos una pelota varias veces y se la damos para que la conozca, la toque y se la lleve a la boca. Luego la cubrimos parcial o totalmente con una tela, siempre dejando que el bebé vea todo el procedimiento. Se debe intentar demostrarle que efectivamente se encuentra la pelota debajo de la tela, repitiendo esta acción muchas veces sin cansar al bebé, hasta que logre levantar por si mismo la tela. Este aprendizaje puede llevarle varios días.

El juego de la bicicleta y el de la extensión y flexión de los brazos, ayudan a fortificar sus músculos.

Una pelota tipo playera(liviana) poco inflada es útil para desarrollar ejercicios de equilibrio:

  1. Primero debemos lograr que se sienta cómodo con la pelota y pierda el miedo.
  2. Colocamos al bebé boca arriba sobre la pelota y jugamos con el, haciendo pequeños desplazamientos hacia los costados, con movimientos de vaivén.

También podemos colocar al bebé sobre una colchoneta y ayudarlo a rolar.

Aproximadamente a los diez meses los andadores son útiles para estimular la deambulación, siempre y cuando el bebé sea capaz de levantarse por sí solo, estando siempre al cuidado del adulto.

Entre el año y medio y los dos años de vida, el niño no solo repite una acción sino que la imita. Ejemplo:

  1. Aunque un trencito que no tenga motor y no ande, el niño lo desplaza e imita su ruido.
  2. Toma un teléfono de juguete e imita a sus padres contestando un llamado.

Debemos RECORDAR que la diversión es el objetivo y no debe sentir angustia o inseguridad.