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síndrome del turistaDesde hace algún tiempo se habla de una serie de síndromes que pueden acontecer durante un viaje. Uno de ellos es el llamado Jet Lag o síndrome del turista, que consiste en una alteración de nuestro sistema interno, una desincronización de nuestro ritmo biológico normal. Esto ocurre cuando existe una diferencia horaria de al menos 6 horas en el lugar de destino respecto al lugar de origen.

Los síntomas del síndrome del turista consisten en alteración del sueño, irritabilidad, cansancio y dolor de cabeza. Para evitarlos hay que reforzar los hábitos sociales del lugar de destino, como sincronizar el reloj con la hora de destino en el momento de embarcar en el avión y seguir sus horarios de comidas y de sueño, dormir durante la noche y evitar las siestas diurnas y no tomar alcohol o café, así como realizar algo de ejercicio físico, como dar paseos. Asimismo, la exposición a la luz natural, dentro de unos límites, estimula la secreción de melatonina, una hormona que equilibra nuestros ritmos biológicos.

Por otro lado, el «síndrome de la clase turista» hace referencia a la posibilidad de que se formen trombos (coágulos de sangre) en las piernas, que den lugar a una trombosis, pudiendo afectar en algunos casos a otros órganos como los pulmones. Ello es debido a que los trombos se forman más fácilmente cuando no hay movimiento, lo normal en viaje en avión de varias horas de duración. Aunque no existe suficiente evidencia que este hecho esté relacionado con los viajes de larga duración, no está de más tomar algunas precauciones, como levantarse y dar un pequeño paseo cada 1 ó 2 horas para estimular la circulación de la sangre, ponernos de puntillas y de talones, contraer los músculos de las piernas, beber abundantes líquidos, no llevar equipaje entre las pantorrillas, no adoptar posturas forzadas, evitar el alcohol y el café y usar ropa cómoda. Este tema puede tener especial relevancia si se padece insuficiencia venosa o varices.