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incomprensión en la adolescenciaDetrás de su actitud huraña se encuentra la búsqueda de unas señas de identidad distintas a las de sus padres. La incomprensión en la adolescencia no es mas que algo normal, siempre y cuando no se pasen algunas lineas.

La edad de la incomprensión

Reservados e inconformistas, los adolescentes, en general, se sienten incomprendidos. Por eso se encierran en mutismos incomprensibles o cambian de estado de ánimo sin causa aparente.

Muchas de estas actitudes constituyen un modo de provocar a los adultos. En realidad, detrás de esas posturas hurañas se esconde la búsqueda de unas señas de identidad con las que distinguirse de sus predecesores.

La situación no es fácil para ellos: por un lado, han de elaborar el duelo por el niño que han dejado de ser y, por otro, organizar una identidad adulta propia, lo que no pueden hacer sin alejarse de los padres.

Ese alejamiento se establece con frecuencia en el terreno de la comunicación, aunque un cierto grado de conflicto no sólo es inevitable, sino saludable. Los adolescentes más sanos rechazan las cosas que les damos y se enfrentan a nosotros porque están intentando crear un discurso propio.

Su olfato les ayuda a encontrar aquello que acaba institucionalizándose como tema de discusión en la familia. En unos casos puede ser la comida, la ropa, el colegio… Sus opiniones suelen ser radicalmente distintas de las de sus padres y las expresan con una contundencia que no es más que el disfraz de su profunda inseguridad.

Les gustaría tener las ideas tan claras como aparentan, pero no es así. Discuten para fortalecer sus ideas, pero también para poder seguir de cerca a sus padres.

Actitudes de los padres

Hay dos modos opuestos de relacionarse con un hijo adolescente, ninguno de ellos bueno: el primero consiste en convertirse en un camarada; el otro, en una figura muy autoritaria.

Los ‘camaradas’ son esos padres que presumen de ser amigos de sus hijos. De este modo, borran los años que los distancian para hacerse la ilusión de continuar siendo jóvenes.

La actitud confunde al hijo, que no encuentra en ellos los límites que busca. Si los padres intentan parecerse a él, dificultan al joven la tarea de diferenciación que tiene que ejecutar para hacerse autónomo y autosuficiente.

Por su parte, el padre que opta por un autoritarismo exagerado impide el diálogo. Las actitudes intransigentes comportan un fondo de hostilidad que arrastra al adolescente a dos salidas: una, a renunciar a la búsqueda de su identidad; otra, a huir de los padres sin haber adquirido un modelo de identidad adulta.

Los dos extremos son malos. Los padres tienen que aceptar la idea del diálogo, aunque éste no sea satisfactorio. No hay que renunciar a las ideas propias ni a que los hijos las compartan, pero eso será cuando consigan hacerlas suyas tras el alejamiento normal de la época de pubertad.

En el diálogo con un adolescente debemos tener en cuenta las dificultades por las que atraviesa, pues sabe lo que no quiere, pero no tiene claro lo que quiere, y eso le confunde. Cuando los jóvenes no hablan, es porque se sienten poco reconocidos. Conviene averiguar qué es lo que les hace daño.

Mensajes adecuados para la incomprensión en la adolescencia

Para que se establezca una buena comunicación entre padres e hijos hay que tener en cuenta que:

  • El adolescente está en su derecho de guardarse sus pensamientos y sus problemas durante un tiempo. Presionarle para que hable constituye una injerencia en su vida privada. 
  • Los padres tendrían que preguntarse cómo iniciar el diálogo y el tono que deben emplear al hablar con ellos. 
  • Hay que establecer unas reglas del juego muy claras. 
  • Pensar juntos en las soluciones cuando surge un problema.