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visitar DharamsalaEl valle del Kangra, al sur, es una planicie ancha y fértil, surcada por colinas suaves de un verde eterno. La sierra de Dhauladhar, al norte, presenta picos de una altura de 5.200 metros, cubiertos por un manto de nieve que justifica plenamente su nombre, que significa “cadena blanca”. Dharamsala, entre el valle y las montañas, es la sede del gobierno tibetano en el exilio, un campo base para los aventureros del Himalaya indio y un lugar marcado por sus contrastes.

Dharamsala está materialmente dividida en dos. La Baja Dharamsala, situada a una altura media de 1.250 m, es el centro y comprende el Kotwali Bazaar y las áreas más cercanas al valle. La Alta Dharamsala, de una altura media de 1.800 m, cobija el McLeod Ganj y los alrededores. Mientras que los habitantes de la Baja Dharamsala son casi todos indios, la Alta Dharamsala es mayoritariamente una zona tibetana. Una y otra parte de la ciudad están separadas por unos nueve kilómetros.

El paraje es esplendoroso en todas las direcciones. No es de extrañar que Su Santidad el Dalai Lama lo eligiera como sede del gobierno tibetano en el exilio. La invasión china del Tibet obligó en 1959 al Dalai Lama a salir del país y buscar asilo en el exterior. Su primer destino fue la población de Mussoorie, también india, que cambió por Dharamsala unos meses más tarde, ya en 1960.

Los primeros años del exilio fueron los más duros. Muchos refugiados, llegados de la altiplanicie tibetana, sucumbieron a enfermedades tropicales y a un calor al que no estaban acostumbrados. Vivieron en campamentos provisionales hasta que, con la ayuda del gobierno de la India, fueron estableciendo gradualmente un total de 54 campos de refugiados, con un desarrollo agrícola y agroindustrial. La idea era reubicar a los tibetanos en comunidades compactas y homogéneas, para que fueran capaces de perpetuar su cultura.

Desde entonces, más de 90.000 tibetanos han huido de su tierra natal, construyendo una nueva comunidad sin fronteras. Muchos de ellos habitan actualmente en Dharamsala, capital del nuevo Tibet. Siguen los principios budistas de no violencia, tolerancia, interdependencia, compasión y respeto por todo ser vivo y por el medio ambiente. Los resultados son espectaculares: educación, salud, economía e iniciativas culturales propias se han desarrollado pese a la falta de un Estado.

Om Mani Padme Hum

Hoy en día, la comunidad tibetana marca mucho el carácter de Dharamsala, que sin embargo, retiene sus raíces indias y conserva un cierto estilo colonial británico. Despertarse a primera hora de la mañana, hacia las 5, a causa de los Om Mani Padme Hum de los rezos budistas en un monasterio cercano y respirar la saludable atmósfera no contaminada, es una sensación exclusiva del McLeod Ganj.

Una visita a Dharamsala es inexcusable para cualquier expedición a la Himachal Pradesh. La región es rica en montañas, ríos y actividades aventureras, pero para cuidar la mente al mismo nivel que el cuerpo – como postula la religión y la filosofía budista – no hay nada mejor que mezclarse con los monjes de la capital del Tibet exiliado.

Lo primero que uno percibe al viajar a Dharamsala es un sentimiento nuevo de paz interior. El clima, el entorno, la gente que te rodea… No hay mejor manera que andar, o mejor dicho vagar, para recorrer sus calles y callejuelas y descubrir los inesperados tesoros que encubren.

Primero de todo hay que tener muy en cuenta la época del año antes de decidirse a ir a Dharamsala. Es más que aconsejable evitar la estación de los Monzones, de julio a septiembre, cuando las lluvias son copiosas e incesantes. El invierno en el Himalaya es muy frío, mientras que el verano puede ser extremadamente caluroso.

Eligiendo bien la época del año para el viaje, el McLeod Ganj es un buen punto de partida. Mientras se camina entre monjes, turistas y gentes sin prisa, es inevitable fijarse en los pequeños monos amarillos, unos vecinos más de la ciudad. Dan un toque exótico y son graciosos… hasta que les da por atacar tu comida. Es aconsejable tener una vara a mano mientras se degustan los típicos thukpa (sopa de fideos) y momo (una especie de albóndigas al vapor) para espantar a los simios más atrevidos.

Mucho por ver en Dharamsala

Los nueve kilómetros que separan la Alta Dharamsala de la Baja Dharamsala, o lo que es lo mismo, el McLeod Ganj del centro, están repletos de atracciones fascinantes. El McLeod Ganj, también conocido como Pequeña Lhasa, es rico en construcciones religiosas. Los devotos budistas las llenan con sus rezos, sus Om Mani Padme Hum y sus mantras.

A diez minutos de caminata se encuentra la residencia del Dalai Lama, a quien se le puede solicitar ser recibido en audiencia pública. Éstas deben ser dirigidas a la Branch Security Office, cerca del Hotel Tibet. También se pueden solicitar audiencias privadas, mediante un escrito al Secretario de Su Santidad con varios meses de antelación.

En frente de la residencia del Dalai Lama se encuentra la Tsuglag Khang, la Catedral Central. Fascinante y llena de paz, se construyó como sustituta de su homónima de Lhasa, aunque no alcanza la espectacularidad de ésta. También conocida como Jokhang, la Tsuglag Khang da cobijo a tres imágenes principales: las de Sakyamuni Buddha, Padmasambhava y Avalokitesvara.

La imagen de Sakyamuni Buddha es la más destacada, con sus tres metros de altura y su manufactura en bronce dorado. La representación de Avalokitesvara, el Buda de la Compasión, tiene una historia larga y ajetreada. El Dalai Lama es la actual emanación de él.

Además de las imágenes, la Tsuglag Khang tiene la colección completa de los cánones budistas, el Kagyur y el Tengyur. El primero pasa por ser la enseñanza directa de Buda. Presenciar la constante riada de devotos rezando mientras dan vueltas a la catedral es realmente espectacular.

Una sorpresa cristiana

Saliendo del McLeod Ganj, a un kilómetro en dirección al centro de Dharamsala, uno no da crédito a lo que ven sus ojos. Se alza, imponente, la iglesia anglicana de St. John in the Wilderness. Es uno de los recuerdos más conmovedores de la época del Raj Británico. Erigida a mediados del siglo pasado sobre los restos del cuerpo de Lord Elgin, virrey británico de la época, se trata de una construcción de piedra con vidrieras belgas. El hecho de que se salvara milagrosamente de un terremoto en 1905 y el bosque que la enmarca le dan un toque mágico.

Uno no se repone de la sorpresa hasta pocos kilómetros más adelante, cuando se adentra en el Gangchen Kyishong, que significa “feliz valle de nieve”. Aquí, a medio camino entre el McLeod Ganj y el Kotwali Bazaar, se encuentra la Administración Central Tibetana.

La deidad protectora del Tibet, Nechung, tiene su espléndido monasterio cerca de aquí, en el que estudian unos setenta monjes. Nechung actúa como guía espiritual del gobierno tibetano desde el siglo XVIII. Su representante en la tierra es el llamado Nechung Kuten, que mantiene una relación muy especial con el Dalai Lama y juega un rol importante en la búsqueda de las encarnaciones de cada Dalai Lama.

El bazar del centro

Llegar a la Baja Dharamsala y cambiar de estado de ánimo es todo uno. La vivacidad y el colorido del Kotwali Bazaar lo contagian todo. Comercialmente, el bazar ofrece sobre todo objetos de artesanía local. Destacan las alfombras tibetanas, delicadamente tejidas y decoradas con vívidos colores.

Una visita imprescindible al viajar a Dharamsala es el Museo de Arte de Kangra, donde se pueden contemplar miniaturas, una colección representativa de esculturas, cerámica y objetos antropológicos. Algunos de los tesoros aquí expuestos datan del siglo V y conforman el rico pasado del valle del Kangra.

Si todavía os quedan fuerzas, no es mala idea realizar alguna excursión por los idílicos alrededores de Dharamsala. Son trekkings cómodos que conducen hasta lugares de ensueño. Uno de los más aconsejables es el itinerario que lleva a Bhagsunath, a 11 km del centro.

Bhagsunath es un antiguo templo ubicado en las cercanías de unas preciosas cascadas, un lugar que se ha convertido en un popular centro de picnic. Las famosas cuevas del retiro, donde los monjes y lamas tibetanos meditan en paz y reclusión también se encuentran en este entorno, por encima de las cascadas.

Los paseantes incansables no se pueden aburrir en Dharamsala. El Lago Dall, Dharmkot, Kareri, Triund y Triokpur, entre otras, son zonas muy interesantes y atractivas. Dharmkot ofrece las que probablemente son las mejores vistas del valle del Kangra y de la sierra de Dhauladhar, con un característico esplendor natural.

La excursión a Kareri es más larga (unos 35 km) y algo más exigente, con una ascensión hasta más allá de los 3.000 metros. Allí se encuentra el precioso lago Kareri, rodeado de verdes prados, robledales y pinares.

Los amantes de las cuevas tienen un destino a su medida en el templo de Trilokpur. Es una cueva natural, con estalactitas y estalagmitas dedicadas a Shiva. Justo encima de ella encontramos algunas ruinas del palacio que Lehna Singh Majitha, gobernador de los montes del Kangra, se hizo edificar bajo el gobierno de los Sikh.

Todas estas excursiones no son más que sencillos paseos, que se pueden intercalar con algunas escaladas de nivel básico. Nada comparable con el horizonte del norte, con la sierra de Dhauladhar como anticipo de las cumbres del Himachal Pradesh. Esquí extremo, rafting, alpinismo en cumbres superiores a los 6.000 m… todo lo que desea el cuerpo del aventurero, después de haber acondicionado su mente.