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Garrtoxa volcanesEstos extraños parajes no sólo ofrecen un espectáculo natural de gran belleza, sino que son de gran interés geológico, una visita obligada para los que gusten conocer paisajes únicos.

Que nadie se imagine, al hablar de zonas volcánicas actuales, montañas tan definidas como la del Teide en Tenerife, al menos en lo que se refiere a la Península Ibérica. La mejor manifestación de las antiguas convulsiones terrestres, motivadas por conos ardientes fuera del archipiélago canario, surge en el norte de la provincia de Gerona, en la zona de La Garrotxa, hoy inactiva, pero no extinguida y convertida en parque natural en el que se suceden un total de 26 reservas naturales.

Pero aquí, en este espacio de media montaña cercano a las 12.000 hectáreas, cuya mayor altitud se frena en los 1.100 metros del monte Puigsallansa, lo que domina es el verde, tanto en los valles como en los cerros. Aparte de ser el conjunto volcánico mejor conservado de la Península, también es uno de los más relevantes de Europa. Y en él destaca un matiz de especial significación para los estudiosos de las capas terrestres: su enorme interés geológico.

Conos volcánicos

Sobresalen en este especial entorno, repleto de prados y bosques, numerosos montículos, que son en realidad conos volcánicos por los que un día salieron exaltadas coladas ardientes, que modelaron el paisaje de La Garrotxa, hoy modificado por el paso del tiempo.

Hace 350.000 años se iniciaron las erupciones, que tuvieron como colofón la ocurrida hace tan sólo 11.000 años y protagonizada por el volcán Croscat. Éste es uno de los 30 conos de este parque natural, formado también por una veintena de coladas de lavas basálticas.

Tierra de jabalíes y ginetas

Más de 1.500 especies se contabilizan en estos relieves vestidos por imnumerables hayedos, robledales y encinares, que se complementan con un enorme conjunto arbustivo de boj, arce y enebro. Los lobos desaparecieron de este peculiar enclave a finales del siglo XIX, y en su lugar han quedado jabalíes, ginetas y tejones, además de azores, águilas culebreras o halcones peregrinos.

Un bosque de hayas

Sobre la colada de lava más reciente, producida por el volcán Croscat, se ha instalado un denso bosque de hayas, la Fageda d’en Jord, que es posible recorrer por un sendero.

Un buen recorrido es el que parte del área de información de Can Serra, a 4 km de Olot, para internarse en el umbrío hayedo, que llevará nuestros pasos hacia dos pequeños cráteres, el del Puig de la Costa y el del Torrent, para llegar, finalmente, hasta el espectacular cono de Santa Margarida. Sorprende su figura circular, cuyo centro ha sido tomado por una ermita románica.

Una vez paseado por su perímetro, resulta obligado dirigirse hacia la herradura que simula el Croscat, un excelente manual de geología, para retornar a continuación a Can Serra. En total unos 10 km.