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Fragas del Eume, el bosqueLas Fragas del Eume, conjunto de bosques autóctonos de A Coruña deben su riqueza natural y verde espesor del río que les da, además, el nombre. Con una variada flora y fauna, constituye no sólo uno de los más importantes parques naturales de la comarca, sino un paraje empapado de magia y leyenda.

Fraga es el nombre gallego que se utiliza para designar a los bosques autóctonos, y Eume es el río que, antes de alimentar la ría de Ares, recorre tierras coruñesas, dando humedad y belleza a un reino silvestre de sombras y frondosidades que abarca casi 17 kilómetros. Las Fragas del Eume forman un parque natural tan verde que llega a deslumbrar, que obliga a pestañear varias veces para conseguir percibir todos los elementos vegetales de que se compone este laberinto.

Mosaico de color y vida

Se trata de una selva atlántica de robles (carballos, albares y melojos), fresnos, castaños, abedules, sauces, arces, rododendros y avellanos. Aunque con estas especies caducifolias perviven también algunos ejemplos de árboles de tipo mediterráneo, como el quejigo o el madroño.

Pero este entorno arbóreo se queda cojo si no se menciona ese otro tapiz vivo que contribuye a reforzar el talante mágico, cautivador y misterioso que tiene esta maraña de ramas y tallos; son los helechos, los musgos y los líquenes que se adueñan de cada trocito de piedra o de tronco, vistiéndolos de blanduras vegetales. Algunas especies de helechos tienen gran importancia biológica, puesto que sobreviven desde la Era Terciaria, cuando el ambiente era más cálido y húmedo.

Los habitantes del bosque

Entre la variada fauna de estos intrincados bosques aparecen pájaros forestales como el camachuelo, herrerillo o petirrojo, además de otros más vinculados a las corrientes de agua, entre los que se encuentran mirlos acuáticos o lavanderas.

Azores, cormoranes, halcones y lechuzas también engrosan el abanico alado. Por otra parte, entre los peces destacan salmones y truchas, mientras el grupo de los mamíferos queda representado por nutrias, tejones, meloncillos o jabalíes.

En busca del monasterio de Caaveiro

Para conocer a conciencia el parque natural de las Fragas del Eume, nada mejor que empezar donde termina, donde el río se ensancha y pasa a ser femenino, es decir ría, la de Ares, junto a la localidad de Pontedeume.

Desde aquí, habrá que retroceder 14 kilómetros para llegar al núcleo de la fraga, donde todavía se alzan con apostura las ruinas del monasterio de Caaveiro (siglos X y XII). En el recorrido se cruzan dos aldeas y un paisaje un tanto intervenido por la presencia del eucalipto. Durantelos siglos XII y XIII se convirtió en un centro de estudios, de gran fama y renombre, de cita obligada para los monjes más cultos de la época. El rey Alfonso VII incluso se internó varias veces en estas espesuras para acceder al recinto.

Cómo llegar

Desde A Coruña se accede a Pontedeume por la N-651. Desde allí parte una carretera que pasa por Esteiro y Ombre, para llegar, 14 kilómetros después, al monasterio de Caaveiro.