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Las tareas domésticas, la oficina, la familia… y el agobio por no llegar a todo. pero, ¿sería mejor para nuestros hijos que las madres dejáramos de trabajar y nos quedáramos en casa?

Más independencia para madres e hijos

familia o trabajo¿Cómo compatibilizar las tareas maternas con las laborales? ¿De qué forma influye en los hijos el hecho de que la madre trabaje también fuera de casa? ¿Qué hemos ganado y qué hemos perdido con estos cambios?

Los hijos (si exceptuamos los primeros meses) no necesitan estar todo el tiempo con su madre y el trabajo de ésta influye positivamente en su carácter.

Existen estudios que demuestran que los niños de mujeres que trabajan fuera de casa son más sociables, independientes y se enfrentan mejor a las dificultades. El hecho de que la madre se sienta mejor consigo misma revierte en la relación con su hijo.

Hemos ganado independencia económica, personal y la posibilidad de realizar otras labores fuera del hogar. Pero, sobre todo, hemos ganado la libertad de elegir y de respetar nuestro deseo, lo que significa que lo hemos reconocido. Y no hemos perdido casi nada, porque tampoco tenemos que renunciar a ser madres. Si acaso, hemos de aprender a compatibilizar una cosa con otra y exigir el establecimiento de medidas sociales que armonicen la vida laboral y la personal.

Con el curso vuelve la presión

Ahora comienza el curso y las madres se sienten más presionadas. Hay mucho que hacer; pero el agotamiento que todo esto produce no se debe únicamente a las tareas prácticas, sino a algunas creencias erróneas que complican la situación.

Todas ellas están vinculadas a la patológica búsqueda de ser una madre perfecta. Algunas creencias erróneas son:

  • Debo liberar al hijo de toda tensión. Es posible que el niño sufra pequeñas tensiones, más que si estuviera en casa con su madre. Pero no tienen por qué perjudicarle si se encuentra en un ambiente conveniente. Es más, le servirán para enfrentarse las dificultades de la vida.
  • La madre debe saberlo todo. Ella se hace en la relación con el hijo y su conocimiento es limitado. Debe aprender e informarse y reconocer lo que no sabe para pedir ayuda. Aceptar su inseguridad es un modo de proteger al niño y es mucho mejor que un exceso de confianza.

Las claves de la armonía madre-hijo

El sentimiento de culpa es una de las emociones que más perjudica la buena sintonía entre madre e hijo. Aparece bajo muchas formas:

Culpa por no pasar más tiempo juntos

Lo que más influye a un niño no es la cantidad de cosas que su madre hace con él, sino cómo las hace. Se trata de la sensibilidad y la habilidad para interactuar con él y no de la cantidad de tiempo que pasan juntos. De poco le sirve a un niño que su madre esté continuamente cerca de él si se encuentra insatisfecha o triste. Si se quedara todo el tiempo en casa, las tareas domésticas también le evitarían prestarle atención siempre.

Culpa por dejar un hijo enfermo

La fuente más común de auto reproche para la gran mayoría de las madres se asienta en la idea de que la presencia física de la madre es fundamental para la vida del hijo, de modo que cuando éste se encuentra en una situación de fragilidad nos sentimos absolutamente responsables de su bienestar.

Esto es así durante los primeros meses de vida; después, la representación mental de la madre es tan importante para el niño como su persona. En esta etapa, cuando ella no está, el niño piensa en ella. Cuando vuelve, si le escucha y le atiende en lo que él precisa, el niño registrará que lo que representa su madre es bueno y de este modo irá aprendiendo a esperar e incorporar dentro de sí la forma de cuidarse y de quererse al estilo de como le cuidó su madre.