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explorar madridLa vitalidad que desprende Madrid es contagiosa. Por eso es necesario visitarla de vez en cuando. Regresaréis agotados pero pletóricos de ideas que surgen en cualquier rincón de esta ciudad de “las mil caras” que parece no dormir nunca.

Si es la primera vez que ponéis los pies en Madrid, ciudad que alberga más de tres millones de almas, tenéis que haceros a la idea de que verlo todo en un fin de semana será una empresa inútil. Mejor será elegir una ruta concreta para explorar Madrid, que normalmente abarca el Madrid de los Austrias, es decir, toda la parte antigua, además de un par de museos a lo sumo, teniendo como primero de la lista a la gigantesca pinacoteca del Prado. Luego, daros muchas horas libres para deambular por la ciudad, para entrar en ese corazón verde de los parques madrileños, desayunar unos churros recién hechos, tomaros un aperitivo en cualquiera de los locales típicos… Vivir la ciudad, en definitiva, porque es de ese ambiente multicultural del que se nutren Madrid y sus visitantes.

La Plaza Mayor, construida durante el reinado de Felipe III (1617), es el centro del Madrid de los Austrias. Se accede a ella por cualquiera de sus nueve puertas,siendo la más conocida el Arco de Cuchilleros. En esta hermosa plaza de elegantes proporciones se celebraron corridas de toros, se proclamaron reyes y hoy es punto de encuentro de artistas callejeros, músicos, turistas, paseantes… además de escenario de diversas actividades organizadas por el Ayuntamiento de la Villa.

Por los aledaños de la Plaza Mayor, por las calles Huertas, Gran Vía, Sol y Plaza Santana, hay una increíble oferta comercial, cultural y de ocio. Imprescindible perderse por esta zona para saborear la chispa madrileña.

El imponente Palacio Real, uno de los más hermosos de Europa, fue inaugurado por Carlos III. Se pueden visitar diferentes salones, el del Trono, por ejemplo es magnífico, además de otras muchas dependencias. La verdad es que sólo cruzando el gran patio de armas ya se nota el poderío que tuvo la monarquía española. Al lado tenéis la nueva catedral de Madrid, La Almudena, que hay que ver para luego poder opinar, y enfrente, la Plaza de Oriente. Un espectáculo gratuito y bellísimo es ver la puesta del sol desde los jardines de Sabatini, anexos al Palacio Real. Os daréis cuenta de que Velázquez era un pintor realista que no se inventaba esos alucinantes cielos anaranjados.

Muy cerca está la Plaza de la Villa, una de las más bonitas de Madrid. Aquí están el Ayuntamiento, la Casa de Cisneros y la Torre de los Lujanes, magníficos edificios del linaje madrileño. Y un poco más arriba, la Puerta del Sol, que fue el punto central de la ciudad, donde se encuentra el kilómetro 0 del sistema radial de todas las carreteras españolas, una puerta que ya no existe, pero que forma parte de las célebres puertas de Madrid: La Puerta de Alcalá, la Puerta de Hierro, la Puerta de Toledo y la Puerta de San Vicente. Otro de los símbolos de esta ciudad son sus parques, auténticos pulmones verdes oxigenan el ambiente. Parque del Retiro, Parque del Oeste, Parque del Capricho, Parque Juan Carlos I, Parque Tierno Galván, la Dehesa de la Villa y la Casa de Campo.

El domingo por la mañana toca Rastro, un mercado que tiene más de cinco siglos de historia. Aquí hay de todo –carteristas incluidos, pero de los finos- y aunque no se compre nada, lo que resulta muy difícil, no hay que perderse esta estampa típicamente madrileña. Respecto a los museos, en fin. La variedad es tal que resultaría largo reseñarlos incluso en un escueto listado. Para este tipo de viajes con prisas, o mejor dicho, con pocas horas, más vale tener claro qué se quiere ver, tal vez sólo dos salas monográficas o un cuadro en concreto, dejando para otra visita aquello que llame menos nuestra atención. Porque a explorar Madrid, como ya hemos dicho al principio, hay que volver de vez en cuando. Para cargar las pilas.