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estimular creatividad en los niñosEl niño que crece en un ambiente lleno de estímulos, siente una enorme curiosidad por todo aquello que le rodea y desarrolla su capacidad artística, lo que le hará más seguro de sí mismo y más feliz.

De la idea a la realidad

Cuando son bebés, hacemos todo lo posible para despertar sus sentidos y estimularles mediante juegos y canciones. Una vez que crecen y alcanzan la edad escolar, no hay que bajar la guardia; este proceso debe ser continuo.

La influencia del entorno familiar en el desarrollo del niño es fundamental. Los hijos de pintores, músicos o escritores que desarrollan una actividad artística, no siempre lo hacen por un talento natural, sino porque el ambiente les es muy propicio.

Por eso, es preciso canalizar esta facultad de crear que tienen los más pequeños y poner a su alcance la posibilidad de experimentar, jugar, pintar, dibujar, representar, leer, escribir.

Ello hará que crezca su imaginación y reforzará, cuando sea adulto, su capacidad de transformar una idea en realidad. En el libro ‘Niños creativos’ (Ed. RBA), Ricardo Vargas y Verónica Bronstein analizan la creatividad infantil y la definen como la capacidad humana de responder a necesidades, problemas y situaciones desconocidas de una forma original y novedosa.

Para estos autores, se trata de un proceso que hay que diferenciar de lo que es la imaginación desbordada y que depende de factores genéticos, individuales y ambientales, sobre todo de los dos últimos.

El peligro de la sobreestimulación

El libro ‘Niños creativos‘ alerta a los padres sobre los riesgos de estimular en exceso a los más pequeños.

Los chicos más creativos se muestran activos, curiosos, participativos y alegres frente a aquéllos que han sido sobreestimulados, porque los padres han participado tan activamente en su educación que han frenado su desarrollo.

Los denomina ‘niños sobreadaptados‘ y los define como aquellos que acatan las órdenes de forma pasiva. ‘Se sienten presionados por la necesidad de complacer a sus padres y, posiblemente, nunca se atrevan a defraudarlos.

Demuestran interés por las cosas, preguntan por todo y responden con precisión, tanto que llegan a parecer adultos. El problema se presenta en su vida emocional: pueden tener problemas con sus compañeros, perder iniciativa y buscar siempre la aceptación de los demás’.

El ansia de perfección les bloquea y la creatividad pierde terreno frente a la autoexigencia. ‘Los niños desatendidos en ese aspecto se muestran temerosos, inseguros y pasivos. Lo mejor es estar cerca de ellos, pero respetando sus intereses y su intimidad’.

El juego es una actividad fundamental

Jugar es esencial para el niño porque, a través de esa actividad, se manifiesta, aprende y conoce el mundo que le rodea. Garantiza la satisfacción de sus necesidades evolutivas y propicia el desarrollo global de la inteligencia, las capacidades físicas, la afectividad, la socialización, la creatividad y el aprendizaje.

Las preferencias por los diferentes juegos varían de unas edades a otras:

  • A los seis años les gusta imitar la vida real y se entretienen mucho recortando, pegando o construyendo con bloques pequeños. Empiezan a interesarse por los juegos de mesa, como la oca, las cartas o el dominó, pero no son buenos perdedores. 
  • A los siete años necesitan menos a los compañeros de juego y se decantan por la lectura, los inventos o los experimentos. 
  • A los ocho años van definiendo sus gustos y sus aficiones tienen ya una finalidad, por eso comienzan a coleccionar. Entienden mejor las reglas de los juegos de mesa y no se enfadan tanto al perder. 
  • A los nueve, se sienten más independientes respecto a sus padres y les complacen más los juegos en grupo, sobre todo los de competición. 
  • A partir de los diez años, jugar ya no es lo principal. Prefieren el deporte, la informática, los experimentos o los comics.

Hay que evitar el fracaso escolar

Los datos en España son alarmantes. Según el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, un 24% de los estudiantes abandona las aulas antes de conseguir la titulación de Secundaria. Estas cifras tienen mucho que ver con la falta de incentivos que sufre la mayoría de ellos. Está comprobado que aquéllos que cuentan con un ambiente familiar en el que existe un interés por la cultura, son los que obtienen mejores resultados académicos.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), revela que los escolares españoles se encuentran por debajo de la media en habilidades lectoras, cultura científica y matemáticas. Las comunidades con los índices más altos de fracaso escolar son Extremadura, Murcia, Castilla-La Mancha, Andalucía y Valencia.

Los niños con este problema ven cómo los demás van prosperando en los estudios mientras ellos acumulan suspensos, pero en vez de intentar superarse optan por abandonar. Se sienten dañados en su autoestima y la percepción que tienen de sí mismos es negativa, aunque no lo expresen en su comportamiento. En muchas ocasiones, incluso se convierten en mentirosos compulsivos guiados por su propia inseguridad y buscando el reconocimiento de sus compañeros.

El papel del colegio para estimular la creatividad en niños

La elección de la escuela es de vital importancia. El trabajo que los niños realizan en casa debe tener una continuidad en el colegio para que su proceso de aprendizaje sea congruente. Si en el ambiente familiar el chico se siente libre e inspirado para dejar aflorar su espontaneidad, los padres no deben llevarlo a un colegio donde se imponga una disciplina severa y no se atienda las necesidades individuales de cada alumno. Enseñar al estudiante a pensar y respetar sus puntos de vista son aspectos educativos que deben tener siempre en cuenta los padres.

Para que la escolaridad no limite el pensamiento creativo que un buen entorno familiar favorece en los hijos, en que ‘progenitores, niños y educadores deben formar una comunidad de ayuda mutua que posibilite la participación, el desarrollo y el crecimiento de cada uno de ellos’.

Tanto los profesores como los padres tienen un papel fundamental en la valoración que el niño hace de sí mismo, en su autoestima. Por eso, debe creerse capaz de hacer lo que se proponga y, también, de superar las frustraciones. Los adultos deben ayudar en el camino de aprendizaje y valorar el esfuerzo.

Cuando los estudiantes llevan sus trabajos a casa al final de cada trimestre, esperan el reconocimiento de su familia, porque, para ellos, son logros obtenidos. Sentarse a verlos juntos, en vez de alegar falta de tiempo para estar con ellos, es un paso decisivo en su autoestima. Asimismo, a la hora de sugerir mejoras o señalar cambios, hay que hacerlo con el máximo cuidado y siempre de forma cariñosa.

La magia del lápiz 

Una de las actividades que más gusta a los pequeños es dibujar. Es frecuente que se compre a los niños un montón de juguetes sofisticados y, sin embargo, se ilusionen más con un cuaderno y unos lápices.

Les apasiona enfrentarse a una hoja en blanco en la que pueden plasmar lo que quieren, con total libertad. Se trata de una actividad relajante y creativa que ayuda al niño a manifestar sus deseos e inquietudes.

Los padres pueden convertir el dibujo en un gran aliado y proponerlo como juego o actividad relajante, pero cuidándose de no convertirlo en algo forzoso u obligatorio.

Crear es gratis

Estimular la creatividad de los menores no significa apuntarles a clases de pintura, música o ballet. Los padres deben estar atentos a las necesidades y aptitudes de sus hijos para apoyarles de la manera más adecuada.

Muchas veces el niño es feliz pintando en casa, porque a ellos no les interesa el resultado de su actividad, sino el hecho de realizarla. Sin embargo, a veces lo que persiguen los progenitores es poder exhibir las obras de sus pequeños.

Apuntando a los escolares a estas actividades sin que ellos realmente lo quieran, se corre el riesgo de frenar su creatividad. Para dar rienda suelta a sus capacidades tampoco es preciso disponer de dinero ni de las herramientas más sofisticadas. La falta de recursos despierta la imaginación.

Aprender en la naturaleza para estimular la creatividad en los niños

Los niños pasan muchas horas en el colegio. La gran mayoría come en el centro e, incluso, desayuna en el mismo. Por este motivo, no se les debe sobrecargar con actividades extraescolares.

Éstas deben elegirse cuidadosamente, tras un acuerdo entre padres e hijos para que se respeten los intereses de ambas partes. No es conveniente que realicen más de dos clases fuera de la escuela. Es mejor que no se cansen, ya que también tienen que hacer los deberes y les debe quedar tiempo para disfrutar del ocio.

Existen actividades extraescolares que pueden ser tan instructivas como lúdicas. Para los niños que viven en una gran ciudad, hacer una excursión al campo, la montaña o la playa se convierte en una experiencia inolvidable. Allí pueden entrar en contacto con la naturaleza y disfrutar a sus anchas caminando sobre la arena y el agua, recogiendo semillas o conchas, y viendo de cerca los insectos y las plantas que estudian en el colegio.

Estas salidas no deben ser un hecho extraordinario, sino que tienen que convertirse en un buen hábito. Además, constituyen un complemento a sus clases, ya que una de las asignaturas más importantes es Conocimiento del Medio.

Es conveniente que los padres comenten con sus hijos lo que ven y les enseñen que hay que tener aprecio por la naturaleza, para que en el futuro sean hombres y mujeres respetuosos con el medio ambiente.

La aventura de leer

A los seis años un niño ya sabe leer, pero le falta capacidad para comprender los textos. Por ello, hay que buscar los libros más apropiados para su edad, dejando que ellos también participen en la elección. Las ilustraciones son muy importantes.

A veces, para que el pequeño lector no se desanime, es bueno empezar a leerle para que luego él continúe solo. Hacer preguntas sobre el libro y comentar las historias ayuda mucho.

A partir de los 10 años, esta afición decae frente a otras actividades como la televisión, los videojuegos o el deporte.

Más de la mitad de los niños de 10 años pasa dos horas diarias frente al televisor, mientras un 30% de los mayores de 14 años llega a las cuatro horas al día.

¿Por qué con la edad suelen perder el interés por los libros? La respuesta quizá esté en los hábitos de sus mayores, ya que el porcentaje de adultos que no lee nunca o casi nunca alcanza nada menos que el 45%.

Museos para todos

Visitar museos era una actividad ajena a los menores por el riesgo que entrañaba llevarles a un lugar donde todo es tan valioso. Hoy, sin embargo, los padres lo tienen más fácil que nunca para acercar a sus hijos a la cultura o la ciencia.

Hoy, esas instalaciones se han dado cuenta de la importancia que tiene adaptarse a los más pequeños y permitir que éstos acudan a sus salas, pero no como si fueran adultos, que es lo que muchas veces se espera de ellos, sino como los niños que son. Por ello, organizan talleres y visitas familiares durante las cuales participan activamente.

Los museos de la ciencia se han convertido en interactivos y los chicos pueden tocar y comprobar de primera mano lo que están viendo o les están contando. Algunos conceptos que estudian en los libros los pueden comprender mejor después de una visita.

Por su parte, los que albergan obras de arte disponen ya de guías, monitores y material didáctico de uso exclusivo para niños.