contaminación cabello y pielEl aire que respiramos en la mayoría de las ciudades no es limpio. El humo de los coches y autobuses, el de las calderas de las calefacciones y los rayos del sol contaminan la atmósfera, ensucian las fachadas de los edificios y dejan huella en la piel.

Una atmósfera contaminada contiene una gran variedad de moléculas oxidantes que se depositan sobre la superficie de la piel, alcanzan las capas más profundas y dañan las células vivas.

La contaminación oxida tu piel

La piel envejece de dos maneras: de forma natural, con la edad, y de forma prematura, debido a las exposiciones prolongadas y repetidas a los rayos UV y a los contaminantes atmosféricos como el ozono. Hay que decir también que, afortunadamente, la piel cuenta con mecanismos de defensa y de reparación celular para protegerse del daño medioambiental y para producir colágeno y otras proteínas que actúan como su soporte.

El paso del tiempo, la luz ultravioleta y los contaminantes aceleran el envejecimiento provocando mutaciones en unas estructuras diminutas de la piel, las mitocondrias. Estas mitocondrias dañadas producen radicales libres en lugar de energía, añadiendo aún más estrés a la situación ya impuesta por el medio ambiente. La capacidad de respuesta de la piel ante las agresiones puede recuperarse de forma pasajera aplicando cremas o leches con filtros solares y antioxidantes como protección de las células.

Entre todos los contaminantes, el ozono es uno de los más agresivos. Este gas, que se forma por la descomposición de las moléculas de oxígeno, es muy frecuente tras las tormentas y en verano, cuando hay una fuerte radiación solar. El ozono genera oxidantes capaces de destruir las células de la piel y las fibras de colágeno y elastina. La combinación ozono-radiación solar es realmente perniciosa.

El pelo absorbe los malos olores

Los gases tóxicos y las partículas en suspensión que permanecen en el aire se adhieren también al pelo. La polución se mezcla con el sebo protector del cuero cabelludo y esto hace que el cabello se debilite y aparezca pegajoso. Para los cabellos grasos, que retienen el polvo y lo almacenan en el cuero cabelludo impidiendo una correcta oxigenación, este proceso es funesto.

Está claro que en la ciudad hay que lavarse la cabeza a menudo con un champú suave de uso frecuente alternándolo con otro de tratamiento. Con otros factores, como el estrés y la mala alimentación, la polución es responsable de que el cuero cabelludo se irrite.

La prueba de que el cabello está sensibilizado es clara cuando el cuero cabelludo empieza a descamarse, a picar o a tirar, incluso a doler cuando el lavado se efectúa en la peluquería.

Vivir en la ciudad acarrea un estilo de vida que obliga a soportar ambientes cerrados y cargados. La sensualidad que desprende el cabello se disipa cuando retiene malos olores. Para eliminar el olor a tabaco o a comida existen perfumes sin alcohol que no resecan el cabello.