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escapada asturiasCandás, Luanco, Cudillero … pueblos de la costa asturiana que conservan su espíritu marinero. El paisaje, la gastronomía y la hospitalidad de sus gentes hacen el viaje inolvidable. Esta es la escapada de fin de semana que te proponemos en Asturias.

Las distancias entre pueblo y pueblo son muy cortas, apenas 20 kilómetros, dejando al viajero tiempo para disfrutar con el paisaje y olvidarse del coche. Gijón es la capital marinera de Asturias, cosmopolita y tranquila, incluso en verano. La vida se hace en la gran playa de San Lorenzo, que ocupa todo el frente marítimo de la ciudad. No importa que el día amanezca nublado. Atuendo cómodo, bañador, toalla y a caminar por la playa, empezando por el canal del Piles. En Gijón todo el mundo pasea y muy pocos extienden la toalla cerca del agua. El Cantábrico no es una balsa de aceite. Las mareas son pronunciadas y hay olas que surgen de la nada y se llevan todos los enseres mar adentro. Los socorristas vigilan desde distintas atalayas y se hacen obedecer a toque de silbato.

Es mejor vestirse para ver la ciudad; fuera de la playa nadie va en bañador ni a pecho descubierto. En la plaza del Marqués, presidida por una estatua de don Pelayo, está la iglesia de San Juan Bautista (siglo XVIII), el palacio Revillagigedo y, muy cerca, la Oficina de Turismo. Un paseo hasta el Cerro de Santa Catalina, para ver Gijón a sus pies y admirar la impresionante escultura Elogio al horizonte de Chillida y, de bajada, tomarse unos vinos o unos culines de sidra por los alrededores del Ayuntamiento y el Mercado.

Saliendo por la AS-19, un desvío señala Candás o Carreño, punto elegido como campamento. La tarde transcurre plácida visitando esta villa de pasado marinero y cenando los productos del mar en cualquiera de sus sidrerías.

Siguiendo la carretera de la costa, parada obligada en Luanco, centro de veraneo del Principado, con playas limpísimas, de gran belleza. A 6 kilómetros está el Cabo de Peñas, donde el viento sopla con fuerza y se ve la mejor panorámica de la costa asturiana. La carretera hasta Verdicio, otra villa marinera, bordea la costa y está jalonada de calas solitarias, algunas de difícil acceso por tierra, pero dignas de admirar. A unos 13 kilómetros está Avilés, una de esas ciudades que conquista al viajero. En la Plaza España está el Ayuntamiento (siglo XVII), el Palacio de Llano Ponte y el del Marqués de Ferrera (siglo XVI) y de ahí parte el casco antiguo, con el sabor del viejo barrio de pescadores y las iglesias de San Francisco, San Nicolás de Bari, con restos románicos y góticos. Avilés está considerada la Lonja asturiana, por lo que tiene a gala ofrecer el mejor pescado y marisco.

El regeso a Candás puede hacerse por el interior, saliendo por la autopista hacia Oviedo. Si tiene a mano un envase hermético (en verano, el potente aroma del queso puede resultar ofensivo) compre un queso de Cabrales por algún pueblecito del camino.