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Crohn intestinal

Nuevos tratamientos farmacológicos palian los fastidiosos síntomas de este trastorno aún poco conocido.

Nadie sabe con certeza cuál es la causa de la enfermedad de Crohn. Sí se sabe que tras esta fastidiosa inflamación intestinal crónica (que puede afectar a cualquier punto del tracto digestivo, desde la boca hasta el ano) hay una predisposición genética, una respuesta anormal del sistema inmunológico y algún factor infeccioso.

Depresión, estrés o agotamiento físico pueden desencadenar crisis ocasionales. A la vez, la enfermedad puede pasar por épocas de remisión.

Los síntomas de la enfermedad de Crohn (EC) incluyen desde diarreas ‘urgentes’ a dolor abdominal, dolores en las articulaciones, heces sanguinolentas o negruzcas, fístulas, cansancio, anemia, fiebre inexplicable, déficits nutricionales y hasta fotosensibilidad (resultado de un sistema inmunológico deprimido).

A pesar de la tendencia a heredar el trastorno, la EC no se transmite directamente (hace falta más de un gen defectuoso para que se desarrolle).

De hecho, sólo del 10% al 15% de los que la padecen (afecta a 5 de cada 10.000 personas) tienen antecedentes familiares. En éstos, la enfermedad suele aparecer antes de los 20 años. En el resto, antes de los 40.

Como las causas del trastorno siguen sin conocerse, no hay forma de prevenirlo. Tampoco hay cura definitiva. El objetivo del tratamiento es suprimir los síntomas y proteger el intestino de mayores males.

Aunque es cierto que la EC tiene distintos grados de severidad. Algunos pacientes responden muy bien a la medicación. Fármacos antiinflamatorios, antibióticos y hasta ciclosporina (el fármaco anti-rechazo que se emplea en trasplantados) son tratamientos empleados en la EC.

En personas que no responden a la medicación, se recurre a la cirugía, suele ser necesario eliminar o abrir un segmento del intestino.

Casi la mitad de los enfermos pueden necesitar cirugía, generalmente, a los 10 años de presentarse los síntomas.

Como la EC tiende a reaparecer y no se pueden eliminar o abrir segmentos de intestino con cada brote, si un especialista propone otra operación, conviene pedir una segunda opinión médica.

La importancia de la alimentación

No hay pruebas de que la dieta contribuya a la enfermedad de Crohn. Sin embargo, las diarreas y la mala absorción de alimentos pueden crear déficits nutricionales serios. Por lo tanto, la alimentación es esencial.

En lugar de tres grandes comidas al día, hacer seis pequeñas, repartidas a lo largo de la jornada. Los plátanos, que reponen el potasio perdido, son excelentes.

Hay que evitar comidas difíciles de digerir como las palomitas, las nueces, el picante, la cafeína, el alcohol o la lactosa, porque pueden irritar el intestino.