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enamorarse divina locuraEnamorarse es un asunto muy serio, aunque Shakespeare dijera que el amor es ciego para que los amantes no puedan ver las tonterías que hacen.

El amor nos descoloca y nuestra vida da un vuelco: no podemos olvidar a esa persona; nos sentimos vacíos y todo nuestro anhelo es estar a su lado.

A los ojos del enamorado, su amor es un dios o una diosa; a los ojos de los demás es alguien perfectamente normal y ordinario.

Pero emitimos tan intensa energía que, por un momento, parece que encontramos el centro del otro, y de rebote, nuestro propio centro.

  • Estamos bajo un poderoso influjo que nos cambia el modo de ver la vida y nos introduce en un estado parecido al éxtasis, o según otros, a la enajenación. Los sentimientos se vuelven torrenciales, dejamos de comer, de dormir y todo nuestro ser gira en torno al otro. 
  • La vida es insoportable sin él/ella; la vida es maravillosa con él/ella. Una simple llamada de teléfono puede hacernos pasar de la desesperación a la euforia en cuestión de minutos.  ¿No es extraño que locura sea una de las palabras que más veces se asocian con enamorarse? ¿Quién no ha dicho alguna vez en su vida ‘estoy loco/a por ti’ o ‘te amo con locura’? La ‘locura de amor’ ha sacado al mundo muchas veces de su quicio, de los goznes en los que gira. 
  • La base de la pasión es la entrega total al ser amado, sin reservas, y eso está considerado como una locura. Seguramente porque enamorarse significa perder el control, lo que está muy mal visto.  Pero a veces, leyendo los sonetos que los clásicos han dedicado al amor (una práctica muy recomendable, que me gustaría hacer extensible a todos los lectores por lo que tiene de enriquecedora), uno puede llegar a la extraña conclusión de que en la locura quizá resida la cordura.