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enamoramiento amorCuando se está enamorado, la realidad sólo importa si el objeto de amor se encuentra cerca. La persona amada no es comparable ni reemplazable por ninguna otra. Se crea un proceso de fusión imaginaria con ella, produciéndose una experiencia subjetiva muy particular y que lleva a la confusión entre el enamoramiento y el amor.

El enamoramiento, aunque el consumo lo utilice estos días para sacar provecho económico de él, ha existido siempre. Responde a la necesidad psicológica de encontrar un alma gemela, un alter ego, alguien con quien fundirnos: otro que nos haga volver al estado primigenio del que venimos y donde alucinábamos, creyendo que todo lo que queríamos estaba al alcance de nuestra mano. Estar enamorado es estar necesitado: depender totalmente del otro, pero gozar con ello. El goce es alto, ya que el enamorado vive un éxtasis que le hace olvidar las dificultades de la vida cotidiana.

¿Qué nos hace sentir el amor?

Hay personas que tienen cierta facilidad para enamorarse; otras, sin embargo, aseguran no conseguirlo, aunque les gustaría. El amor ha sido abordado por la literatura y la psicología, entre otras disciplinas. Parece un filón inagotable. Podemos intentar entenderlo, pero no lo dominaremos jamás, pues está hecho del mismo material que las pasiones. Y las pasiones pertenecen al mundo emocional, a lo irracional, a esa parte que el ser humano nunca ha logrado controlar. A la pregunta de por qué nos enamoramos hay respuestas distintas que, a primera vista, parecen excluyentes, aunque no lo son tanto. Freud explica el estado de enamoramiento comparándolo con la hipnosis y asegura que el instinto de ternura, es decir, aquél que ya no persigue la satisfacción sexual directa, es lo que mide el grado de enamoramiento.

También afirma que los objetos amorosos que elegimos se apoyan en algunos rasgos de nuestras primeras relaciones, y que en esta situación se produce una superestimación de la persona amada, la cual queda excluida de toda crítica. Se la idealiza, sólo se ven sus cualidades. Y esto se produce porque tenemos la convicción de que con ese otro ya nada nos va a faltar, vamos a conseguir ser completos. ‘Tú lo eres todo para mí’, es la frase típica del enamorado.

¿De quién y por qué nos enamoramos?

El otro ha ocupado el lugar que en nuestro inconsciente ocupa el ideal que el yo tiene para sentirse pleno. Ya nunca se va a encontrar limitado, solo. Se trata de una ilusión, pero tiene una eficacia psicológica considerable. El sociólogo italiano Francesco Alberoni, cuyos libros sobre la teoría del enamoramiento y el amor han conseguido una gran aceptación, se opone a la teoría de Freud porque no está de acuerdo en que se trate de algo que se apoya en el pasado. Para Alberoni, enamorarse es dar un paso hacia delante. Se trataría de un proceso de maduración, que aparecería al encontrarnos con alguien que nos ayuda a crecer si estamos preparados para un cambio radical.

Ese alguien camina en la misma dirección que nosotros para satisfacer la exigencias internas que sentimos. Pero todo esto no se contrapone en nada a lo que dice Sigmund Freud . ¿Cómo podríamos reconocer a esa persona que nos ayudaría a crecer si no se enlazara con algo del pasado para hacernos creer que con él podemos realizar en el futuro alguno de nuestros sueños? Para enamorarnos, según Alberoni, se necesita un malestar presente, la lenta acumulación de una tensión, mucha energía vital y un estímulo adecuado. En el trayecto que el hombre hace para construir su identidad pierde a una mujer que quedó en el inconsciente y que sueña con reencontrar cuando se enamora. La niña, por su parte, ha perdido a un príncipe que quedó sumergido en las historias de su infancia y que ahora reaparece en el hombre de sus sueños. En la pasión amorosa hay un reencuentro con lo que hemos perdido. El hombre, al igual que la mujer, encuentra en el amado aquella parte suya que le completa.

Frases del tipo, ‘éste es el hombre que siempre esperé‘, ‘esta persona es mi otra mitad’ o, también, ‘es la mujer de mi vida’, parecen hablar de un conocimiento previo al deseado encuentro. Estar enamorado es la única locura permitida, incluso valorada. Pero de esta locura se puede salir por dos puertas: una conduce directamente al amor; la otra puede conducir al infierno. Estas diferencias responden a cómo y a qué motivaciones inconscientes responda la pareja que hemos elegido.

Pasiones equivocadas: el enamoramiento y el amor

El hecho de que nuestro pasado sea la base en la que se apoyan nuestras pasiones amorosas, explicaría los fracasos de algunas personas. Si la prehistoria emocional nos dejó un mal modelo de relación afectiva, es posible que en la elección actual de la persona amada se intente romper ese modelo. A veces se consigue. Pero también es posible que una relación cuyo comienzo fue maravilloso, se convierta en un infierno por laincapacidad para no repetir aquellos modelos. ¿Cuántos idilios terminan en los tribunales?

La intolerancia a que el otro no cubra todas nuestras expectativas, y la decepción porque no se ajuste a lo que esperábamos, demuestran que nuestro mundo emocional tiene demasiadas heridas que curar y que, por esta razón, somos demasiado exigentes. Demasiado vulnerables.

Del amor al odio, sólo un paso

Las llamas de una pasión pueden acabar abrasando a los protagonistas de la historia. Y Dostoiewsky afirmaba: ‘Enamorarse no es amar. Puede uno enamorarse y odiar‘. ¿Por qué algunos amantes trasforman su relación en un infierno? Quizás porque la fusión que se da con el amado favorece la proyección de lo que no se soporta en uno mismo.

En la pasión amorosa puede producirse una dependencia extrema del amado. Nos hace ir en su busca, por un lado, y rechazarlo, por otro, debido al sentimiento de agresividad que todo sometimiento exagerado nos provoca. Odiamos al otro porque le necesitamos. Más que elegir, somos prisioneras de una necesidad que le confiere poder al cónyuge. La relación amorosa se convierte en una relación de poder. La maduración personal evitaría un enganche patológico.