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ser ama de casaCuando deciden no trabajar fuera del hogar y dedicar todo su tiempo a la familia y ser ama de casa, muchas mujeres se apoyan en la responsabilidad de los hijos y en la dedicación a la pareja para no enfrentarse a su propia realidad interior.

Begoña nunca se imaginó, al decidir dejar de trabajar, que se estaba tendiendo una trampa. Tenía una niña de tres años cuando se quedó embarazada de su segundo hijo. Trabajaba en una oficina con jornada partida y le había costado mucho esfuerzo combinarlo todo.

No hacía más que decirse que tenía derecho a relajarse un poco, sobre todo si su sueldo no era muy necesario para cubrir el presupuesto familiar. Además, quería dedicarse a la educación de sus hijos tranquilamente. Su marido también apoyaba este deseo. Un día pidió el finiquito y se marchó a casa…

Deseos y decisiones

Al año y medio de decidir dejar de trabajar y quedarse en casa, Begoña había engordado seis kilos. Solía estar triste y más cansada, curiosamente, que cuando trabajaba dentro y fuera de casa.

Por la tarde no se sentía con fuerzas para bañar a los niños y darles la cena. El pequeño era un niño nervioso que le robaba muchas energías. Todo eran quejas e insatisfacción. Se sentía una madre incompetente y una esposa incomprendida porque gritaba a los niños a menudo y porque no podía resistir que su marido le recordara de vez en cuando que desde que estaba en casa se había vuelto irritable.

Pero es que entre comidas, pañales, limpieza y compra, no le quedaba tiempo para disfrutar de sus hijos ni de su marido ni de sí misma. Cuando llegaba el momento de disfrutar, las obligaciones la habían dejado exhausta.

Al ser ama de casa se sentía necesaria, pero no querida; utilizada, pero no comprendida. Nada era como se había imaginado. ¿Qué había ocurrido? Begoña libraba dentro de sí una lucha interna en la que sólo percibía sus efectos negativos: cansancio, mal humor, tristeza y kilos de más. Desde el momento en que decidió apoyarse en su marido, había dejado de avanzar. Su hogar se había convertido para ella en un lugar asfixiante y restrictivo.

Remontarse a la niñez

La madre de Begoña es una mujer fría y poco afectuosa que mantuvo con su hija una distancia emocional poco conveniente para una niña. Begoña echó la culpa de esta dificultad al hecho de que su madre trabajaba fuera de casa y no tenía tiempo para ella.

En lugar de reconocer las dificultades psicológicas de su progenitora para mostrar afecto a su hija, buscó una causa externa, el trabajo, que justificara esta insuficiencia.

Así, pues, para ser una madre cercana a sus hijos se quedó en casa. Pero, lejos de comportarse como había imaginado, su insatisfacción le impedía sentirse bien con ellos. Dos deseos se enfrentaban en su interior: seguir disfrutando de la seguridad doméstica (no ser como su madre y darles todo su tiempo), y querer ser libre y autosuficiente. El anhelo de dependencia de Begoña permanece oculto a su conciencia.

El razonamiento de encerrarse en el hogar para cuidar de los niños oculta el deseo de ser diferente a su madre y reproduce la antigua necesidad infantil de esperar en casa a que ella llegue. Este deseo inconsciente de seguir aferrada a una madre a la que no ha podido ni cuestionar ni perdonar, le corta las alas para independizarse y sentirse a gusto como madre y como mujer.

El día que empezó a reconocer el miedo y la culpa que tenía para volver al trabajo, comenzó de nuevo a andar hacia una meta propia, a esforzarse por sí misma, a repartir sus energías y ambiciones con los suyos, pero sin excluir sus proyectos.

Un dilema femenino el de ser ama de casa

Son muchas las trabas sociales que las mujeres encuentran para la incorporación al mundo laboral, pero también tropiezan con dificultades internas que complican aún más la situación.

Cuando el trabajo se concibe como un medio para lograr el desarrollo personal, y no como una fuente de ingresos, ayuda a individualizarse. La conquista de una subjetividad forjada con deseos y ambiciones personales puede dar miedo si se tienen conflictos para madurar.

La relación afectiva con los seres cercanos es tan importante para las mujeres, que pueden poner en la familia todas sus energías, y de, este modo, quedarse sin afecto para sus proyectos personales. Huir de las ambiciones.

Entregarse demasiado a los demás puede ser una forma de huir de las propias necesidades. Una mujer casada y con hijos puede elegir dedicarse a su familia y ser ama de casa, si así lo desea. La sensación de bienestar que tenga consigo misma dará la medida de si está realizando lo que quería ella y no lo que le han prescrito que tiene que hacer.

Si su disconformidad con lo que le rodean y consigo misma es alta, tendrá que pensar que está ahogando ambiciones que no es capaz de reconocer y que le dan miedo. Cuando empezamos a ver cómo contribuimos a nuestra propia debilidad,cómo alimentamos nuestra dependencia, comenzamos a sentirnos más fuertes.

La represión de lo que no aceptamos de nosotras nos hace gastar mucha energía mental y nos agota. Cuanto más nos enfrentamos a nuestros conflictos y buscamos nuestras propias soluciones, mayor es nuestra libertad interior. Ésta es la sensación que más placer produce, pues al asumir la responsabilidad de los problemas, nuestro centro de gravedad empieza a dar un giro del ‘otro’ al ‘yo’, y entonces tenemos mayor fuerza. Esa fuerza es la que antes se perdía en las quejas, las luchas internas y la falta de conexión con nuestras ambiciones.