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Las cinco claves para elegir tu crema hidratante

Que preserve el agua. Una piel deshidratada está sedienta y necesita, sobretodo, agua. El Factor Natural de Hidratación (FNH) es el responsable de la hidratación de la piel. Si se altera, hay que reponer sus componentes (urea, lactatos o ácido hialurónico) o incorporar agentes humectantes que impidan la pérdida de agua.

Que sea libre de aceites, ‘oil free’. Si tienes la piel grasa debes optar por una textura muy ligera o un gel que no contenga aceites, para que el rostro no brille.

Que sea sencilla pero eficaz. No necesariamente tiene que ofrecer todas las propiedades de una crema de tratamiento, más adecuada para utilizar de noche.

Que no contenga agentes irritantes. Cada vez hay más personas con piel sensible. Deben elegir cremas con pocos ingredientes, sin perfume ni alcohol.

Que proteja de los factores medioambientales. Cada vez más, las cremas de día incorporan filtros solares, ya que el 80% de la radiación solar la recibimos simplemente caminando.

Extractos vegetales que hidratan tu cutis

Si no tienen energía suficiente, las células de la piel no trabajan adecuadamente, y eso se manifiesta en pérdida de luminosidad, flaccidez y arrugas.

El hecho de que los productos cosméticos se sofistiquen no quiere decir que sus ingredientes provengan en exclusivo de la química, sino que, por el contrario, cada vez se investiga más en el poder de los extractos vegetales para proteger y regenerar el cutis.

Algunos de estos ingredientes son las semilla y los polifenoles de uva, el aloe vera, los extractos de avena y de regaliz, el germen de trigo, el té blanco, la cafeína, la vitamina C y la E, el manganeso, etc.

El agua, esencial para la elasticidad

Aunque la piel tiene unos mecanismos de defensa naturales, estos se van mermando por las agresiones externas que recibe: luz solar, polución, calefacción, aire acondicionado…, y por factores internos, como el estrés, la mala alimentación, el alcohol o el tabaco.

La piel ejerce una función de depósito de agua esencial para mantenerse sana y elástica. Pero si la evaporación supera la retención, se produce la deshidratación. De ahí también la importancia de una ingesta mínima de agua al día.

Una piel limpia para que penetren los activos

La limpieza dos veces al día es vital porque elimina de la superficie cutánea las secreciones y los residuos celulares y medioambientales. Al quedar limpia, la epidermis realiza mejor sus funciones y favorece el rendimiento de los cosméticos que se apliquen a continuación.

Exfoliar la piel es librarla de las células muertas que se depositan en la capa más superficial de la epidermis. Es algo así como ‘pelarla’ para que muestre una superficie más lisa, suave y luminosa. Este proceso de renovación ya lo realiza la piel de forma natural; la exfoliación cosmética lo que hace es adelantar esa caída de las células para que no se acumulen y vuelvan la piel rugosa y apagada. Normalmente, los productos exfoliantes utilizan azúcares, ácidos frutales (alfa y betahidroxiácidos), gránulos y semillas que arrastran las impurezas.

La piel, una vez limpia, recibe la crema hidratante, cuya función es mantener o recomponer, en su caso, el manto hidrolipídico, es decir, el equilibrio entre los elementos grasos y el agua de la epidermis.