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el primer amorPara no repetir parejas inadecuadas que nos dañan, hay que mirar dentro de una misma y solucionar los conflictos emocionales del pasado. Las primeras huellas amorosas se producen antes de que tengamos capacidad para razonar. Nuestro primer amor se originan en la infancia/juventud y determinan todos los que vendrán.

El primer amor marca la pauta

  • Es sabido que el corazón tiene razones que la razón no comprende.
  • Las primeras huellas amorosas se producen antes de que tengamos capacidad para razonar.
  • Nuestros primeros amores se originan en la infancia y determinan todos los que vendrán.

Ésta es la razón por la que alguien que se acaba de enamorar dice: ‘es como si le conociera de toda la vida’. El amor es más un reencuentro que un encuentro. Cualquier experiencia amorosa influye en la siguiente de una u otra forma.

Las cualidades reales o imaginarias del amado están para colmar nuestro deseo, deseo que nos empuja hacia ese alguien porque tenemos una huella en nuestra memoria emocional cuya forma coincide con la suya.

Ahora bien, estas marcas pueden estar asociadas a relaciones gratas, pero también pueden estarlo al maltrato, al abandono o a otros modos patológicos de relación. De ahí que corramos el riesgo de repetir una triste historia si no conseguimos elaborar las malas experiencias del pasado.

En el amor, como en tantas otras cosas, encontramos lo que buscábamos sin saberlo. Por eso no es raro que salga a nuestro encuentro, una y otra vez, el mismo tipo de hombre.

Quizás hayas oído decir a alguna amiga que no sabe cómo se las arregla para enamorarse siempre de individuos que no le convienen. De ahí que algunas mujeres tengan miedo a comprometerse después de un fracaso: temen repetir lo que, inexplicablemente, renuevan.

Por lo general, después de una ruptura, cuando iniciamos una relación amorosa, intentamos evitar que se plantee alguna situación que nos recuerde la anterior experiencia.

Cuando se acaba una relación y si se han elaborado los conflictos sufridos, se pueden experimentar cambios psicológicos tan profundos que resulta imposible volverse a sentir atraída por el mismo tipo de persona.

¿De qué forma influyen nuestras primeras relaciones en las segundas?

¿Se pueden evitar los errores de las experiencias anteriores al embarcarnos en las nuevas?

Claro que sí.

Cuando somos capaces de elaborar el duelo y en su trascurso desaparece la ambivalencia hacia la pareja anterior, lo que de negativo hubiera podido tener esa experiencia, se convierte en positivo, puesto que hemos aprendido mucho sobre nosotras.

Gracias a ello podemos abrirnos de nuevo a alguien sin el peligro de repetir los aspectos malos de la anterior relación.

Si para cubrir carencias emocionales propias, por ejemplo, hemos ahogado o reprimido cualquier debilidad, seleccionando parejas débiles o infantiles, ahora seremos capaces de buscar hombres en los que podernos apoyar y a quienes apoyar en una relación de igualdad afectiva.

Y si hemos caído en la trampa de habernos enamorado de un controlador patológico, ahora seleccionaremos a quien respete nuestra independencia.

Pero cuando nos aferramos al dolor, tendemos a atraer también a individuos que volverán a hacernos daño. Y aunque conscientemente digamos que no es la persona adecuada, inconscientemente sabemos que se trata de la persona ideal para volver a vincularnos con sentimientos sin resolver.

Heridas que no se curan

Cuando en nuestro primer amor se han tenido experiencias que nos han dañado, nuestro modo de amar queda afectado. Estas impresiones suelen deberse a dificultades que nuestros padres padecían.

Entonces, construiremos imágenes internas que no tienen que ver con cómo son, sino con cómo nos gustaría que fueran. Negamos una realidad que no nos gusta y la suplimos con fantasías, que podemos repetir en las relaciones.

Esta negación a aceptar al otro como es destruye la pareja. Si por exceso o defecto de amor nos hemos quedado enganchados a nuestros padres, aparecerán actitudes que convierten en conflictiva la pareja, como la venganza y el miedo a la intimidad.

Cómo eliges a tu pareja

En la elección de una pareja todos estamos determinados por nuestra historia afectiva.

Según la psicología dinámica hay dos tipos de elección de objeto amoroso:

Elección de objeto de apoyo.

Este tipo de elección se hace sobre el modelo de las figuras parentales, que aseguran al niño cuidado y bienestar y le enseñan a amar. El niño aprende a amar a aquellas personas que le ayudan y satisfacen sus necesidades afectivas.

Este amor se forma sobre el modelo de quien le proporcionó materiales emocionales para quererse a sí mismo y a los otros. La elección del primer amor gira en torno a la madre que nos cuidó (para el chico), y en torno al padre que nos protegió (para la chica). Si estos modelos no sirven, se busca el opuesto.

Elección de objeto narcisista

Esta forma de elegir a la pareja gira sobre nuestra propia persona. Se amaría a aquél que nos devuelve la imagen de nosotras que más nos gusta; a aquel a quien se admira y posee algo que nos gustaría compartir; a lo que fue parte de la propia persona.

Esta última elección la harían las mujeres que, al fracasar su relación de pareja, centran toda su libido en los hijos, lo que conduce a éstos a la neurosis.

¿Qué te hizo elegir a tu pareja? Es una pregunta que deberías hacerte.