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El cielo palmero, un espectáculo digno de ver

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cielo la palmaEn la inmensidad del Océano Atlántico, lejos de cualquier gran masa terrestre, emergen radiantes las siete islas canarias. Hasta el archipiélago no llega el más mínimo asomo de contaminación. Aquí no se estila eso de la gran nube gris y en ocasiones negra que envuelve las alturas de cualquier gran ciudad como resultado de lo muy dañados que están los pulmones del organismo macrourbano. En Canarias no hay problemas ni a nivel alveolar.

El cielo canario, de carácter casi tropical como sus plantas, es en realidad una lámina infinita, límpida y pura como pocos otros cielos, donde el negro es más parecido al azabache y las estrellas cuelgan de manera acrobática entre la oscuridad más absoluta. Cualquier isla del archipiélago goza de este privilegio, pero es preferentemente en dos de ellas donde los astronómos y científicos de todas las partes de mundo han centrado sus esfuerzos y por ello Tenerife y La Palma cuentan con sendos Observatorios Astrofísicos.

La razón es clara, además de compartir cielo y características propicias de observación con el resto de las Canarias, La Palma y Tenerife cuentan con una orografía más abrupta que el resto, hallándose en ellas las mayores alturas del archipiélago. Es ahí, bajo los 3.718 m. del Teide, o los 2.426 m. del Roque de los Muchachos donde estamos más cerca de tocar el paraíso. Ahí arriba la pureza es extraordinaria y buena prueba de ello son los múltiples descubrimientos y miles de estudios que se realizan desde el observatorio internacional de las Cañadas del Teide (Tenerife) o desde el del Roque de los Muchachos (La Palma).

Pero si lejos está Tenerife de cualquier tipo de perturbación, más aún lo está la isla de La Palma tanto geográfica como ambientalmente. La Palma no cuenta con ninguna isla vecina en todo su perímetro salvo en su parte más suroriental, donde se halla precisamente Tenerife.

La isla Bonita está aislada de verdad, rodeada de noche por todos lados, hasta aquí no llega señal lumínica que pueda entorpecer o dificultar la visión celeste (¿o acaso celestial?). Y si nada llega de fuera menos aún de la propia isla, pues desde años cuenta con la «ley del cielo palmero», que se encarga de asegurar la perfecta contemplación del firmamento regulando toda la energía eléctrica de la isla con vistas a impedir la contaminación lumínica.

Por ejemplo por ley, las bombillas de La Palma son todas amarillas y no blancas, emiten menos resplandor; además todas las farolas están provistas de una tapa a modo de visera que impide que el haz de luz salga hacia arriba; y los vehículos que circulan por las proximidades del recinto del observatorio han de hacerlo sólo con las luces de cruce. Estas y otras muchas sabias medidas convierten a La Palma en la mejor punto del territorio español, y uno de los mejores del planeta, para observar el firmamento.

Apostados en el mirador del Roque de los Muchachos, con una panorámica de 360º, dirigiendo la visión hacia arriba cómodamente pertrechados fijamos la vista en todo cuanto conseguimos abarcar, que no es mucho dado la cantidad de astros, constelaciones, planetas, cometas… que están impresos en la espesa negrura de este cielo opaco. Cuánto daríamos por tener ojos en todas las partes de la cabeza para no perder detalle a nuestro alrededor. La Osa Menor, Osa Mayor, Cáncer, Escorpio, Leo, Sagitario, Orion, y demás constelaciones irán cayendo en nuestro repaso de la bóveda celeste; la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno harán lo propio poco más tarde. Si contamos con conocimientos avanzados e instrumentos suficientes, Urano, Neptuno y Plutón también serán nuestros.

Pero el cielo palmero no está quieto, a medida que fijamos la vista comienzan a aparecer más y más estrellas y cuanto más nos concentramos en una pequeña porción de cielo, más son los puntitos que centellean en diferentes planos. ¿Qué mejor que despedir el milenio preguntándonos sobre lo que en realidad somos, cuántos periodos como el que ahora despedimos ha contemplado ya esta colección de estrellas y cuántos más le quedan por contemplar?. ¿Estamos solos?, quizá bajemos del Roque de Los Muchachos con alguna respuesta. Mirando al cielo palmero uno no sólo llena la cabeza de pensamientos y dudas, también es abducido por una especie de relajación difícil de describir.

Guía Práctica-La Palma

ACCESOS: A la Palma llegamos vía aérea desde la península en vuelo directo (2h. 30′) o bien con escala en Tenerife, donde se toma otro avión que nos lleva en treinta minutos hasta La Palma. Al Roque de los Muchachos se llega sin problemas por carretera. Antes de llegar existe un mirador sobre la Caldera que también es un excelente observatorio.

EQUIPO: Telescopio, sillón reclinable o tumbona, ropa de abrigo y cortavientos. Algún tentempié para hacer más llevadera la noche.

FLORA PALMERA: Durante el día iremos ascendiendo desde el nivel del mar hasta el techo de la isla. Se van atravesando todos los pisos vegetales con predominancia del pino canario y el fayal- brezal. En la cumbre abunda el codeso junto a otros matorrales de alta montaña. En las rocas y paredes crece la flora más variada del Parque Nacional.

FAUNA PALMERA: En los bosques de laurisilva habita la escasa paloma rabiche. Otras rarezas son el canario, el vencejo unicolor y el bisbita caminero. En la cima veremos cuervos, chovas y cernícalos. Entre los reptiles, el lagarto tizón.

DESTINO: El cielo palmero justifica con creces cualquier transnoche. Una corta intromisión en el Universo que tantos milenios ha visto pasar en su particular calendario.