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ejercicio en casaEstá demostrado que movernos es lo mejor que podemos hacer por nuestra salud. Y además, nos sentimos más felices, pues el ejercicio libera endorfinas, la hormona del bienestar. Incluirlo en nuestra vida diaria eleva los niveles de energía y ayuda a controlar el peso.

Lo ideal es una hora todos los días, pero como las metas muy altas suelen desanimarnos, vamos a empezar con 10 minutos. Si somos capaces de repetirlos todos en la misma jornada, pues muchísimo mejor.

Bailes de salón

Una forma extraordinariamente sencilla de ponerse en forma y de buen humor es bailar en el salón de casa. Con todo el alma, desenfrenadamente, como si nadie nos viera, moviendo piernas y brazos y a un ritmo tan rápido como nos sea posible.

Salsa, merengue, rock, regaetton. Vale todo mientras nos guste, sea divertido y nos suba el ánimo. Eso sí, aunque sean sólo 10 minutos, conviene moverse de manera constante de la primera a la última nota para disfrutar de los beneficios aeróbicos de este rítmico ejercicio.

Flexiones ante la tele

Estás viendo una película en la tele, cuando de repente llegan los anuncios. Aprovecha estos momentos para ejercitarte. Por ejemplo, para hacer sentadillas. De pie, extiende los brazos y haz como si te fueras a sentar en una silla imaginaria, parándote a medio camino, con los muslos en paralelo al suelo.

Otra actividad excelente para tonificar las piernas es dar un paso adelante muy largo, levantando el talón del pie retrasado y bajando la rodilla hacia el suelo, sin tocarlo. Al cabo de un mes, tendrás un trasero muy respingón.

Brazos más firmes

En un rato perdido, vas a mejorar la cara interna de los brazos, la zona más proclive a la flacidez. Levanta un brazo con una pesa de un kilo por encima de la cabeza, en paralelo a las orejas, y lleva la muñeca hacia la nuca, sin perder la línea recta. Es más fácil si pasas la otra mano por encima de la cabeza y apoyas el codo que se flexiona contra la palma.

Y para mejorar los hombros, ponte de pie con una pesa en cada mano y gira las muñecas hasta poner los puños en perpendicular al cuerpo. Levántalos cuanto puedas.

Las escaleras, mejor a pie

A partir de ahora, los escalones se van a convertir en nuestro gimnasio particular. No nos referimos a sólo subirlas y bajarlas de vez en cuando. Bájate de los tacones, ponte cómoda, mira el reloj, ¡y disponte a subir y bajar por el rellano durante 10 minutos seguidos!

Ve despacio, no se trata de batir ninguna plusmarca mundial. Aún mejor: sube cinco o seis pisos y baja en el ascensor (así, descansas tú y también tus rodillas). Y luego, vuelta a empezar.

Power walking

Así lo llaman los americanos. Nosotros, que somos más sencillos, salir a caminar. Y es más o menos lo mismo, pero lo primero suena más interesante.

Básicamente consiste en calzarse unos zapatos cómodos, ropa muy confortable y echarse a las calles a andar. Pero no se trata de deambular ni de dar un paseo tranquilo, parando en cada escaparate, sino de ir a buen paso, para ejercitar el sistema cardiorrespiratorio. Y, en este caso, vale la pena hacerlo durante más de 10 minutos.

Piensa que no empezamos a tirar de las reservas de grasa hasta pasados los primeros 20 minutos de actividad física. Para que resulte más animado y no acabes dejándolo a las primeras de cambio, nada como quedar con varias amigas en días fijos y a una misma hora.