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dolomitas paisajePracticar el senderismo de montaña en cualquier zona de los Alpes a menudo se termina convirtiendo en lo que se ha venido a llamar vías ferratas. Estas ferratas son rutas por las que, además de los pies y debido a lo escarpado del terreno, necesitamos con frecuencia utilizar las manos para superar fáciles pasos de escalada, subir y bajar por escaleras colgadas e incluso caminar asegurados con el arnés a lo largo de pasajes estrechos en mitad de una pared vertical.

Estamos en el macizo de La Brenta, una zona englobada dentro de la cordillera montañosa de Dolomitas. Este inigualable enclave de los Alpes italianos, normalmente reservado para los más osados escaladores que se aventuran a subir por sus gigantescas paredes, es uno de esos lugares únicos del planeta.

Fue en el siglo XVIII cuando el geólogo francés Deodat de Dolomieu estudió este tipo de roca sedimentaria, rica en carbonatos cálcicos y magnesio, dándose cuenta de que era exclusiva de esta zona y de que su composición química no se parecía a ninguna otra del continente europeo. Formada por un curioso y compacto conglomerado de mineral calizo, los efectos de la erosión y el paso de los siglos han ido esculpiendo cuidadosamente los perfiles de estas montañas, afilando sus crestas con un churrigueresco y peculiar estilo que convierte los paisajes dolomíticos en los más espectaculares y llamativos de los Alpes.

Un laberinto uniforme de esbeltas torres calcáreas, cúspides y enormes paredes verticales se elevan formando caprichosas siluetas que cada mañana se envuelven en una espesa niebla. Este ambiente encantado convierte a Dolomitas en una monumental obra de arte natural. Tanto es así que son numerosas las películas que a lo largo de la historia cinematográfica se han ambientado en su escenario de cuento de hadas.

Senderos mágicos

Para el senderista de montaña la experiencia de patear en Dolomitas está más allá de sus sentidos y su imaginación. Envuelto en un húmedo ambiente de alta montaña y arropado por una constante bruma que aparece y desaparece con el viento creando increíbles efectos caleidoscópicos de luz, a uno le da la impresión de haber sido abducido de la Tierra y emplazado en un lugar de cuento animado, de paisajes irreales y embrujada atmósfera.

El senderismo de ferratas en Dolomitas sólo podemos practicarlo durante el periodo estival y los primeros meses del otoño, cuando las nieves que en invierno convierten la montaña en el paraíso infernal de los alpinistas se van fundiendo hacia los valles creando bellísimos y cristalinos lagos glaciares neolíticos, que reflejan los frondosos bosques de abetos y caducifolias. Este paisaje tan colorista convierte al valle de La Brenta en un lugar de ensueño para el montañero amante de la naturaleza y de las caminatas alpinas.

Es precisamente durante esta época cuando las ferratas pueden recorrerse relajadamente con el único requisito de tener todo el tiempo del mundo para disfrutarlas y, por supuesto, no sufrir vértigo.

¿Vértigo yo?

La Bocchette es, por su espectacularidad, la vía ferrata más famosa de los Alpes. El asombroso escenario que la rodea, de afiladas crestas e impresionantes paredones de una misteriosa roca que parece deshacerse con mirarla, nos engulle haciéndonos sentir diminutos entre tanta majestuosidad natural. La Bocchette, además de ser una de las ferratas más atractivas, es una de las más largas, tanto que para recorrerla entera pueden hacer falta varias jornadas de senderismo de altura.

La vía de La Bocchette no se aprecia desde el valle por mucho que uno se fije. Su estrecho sendero atraviesa longitudinalmente el macizo de La Brenta por allí donde parece no haber nada excepto las lisas paredes de cumbres tan imponentes como el Sfulmini, la Torre di Brenta o la esbelta y emblemática Aguja del Campanile di Basso. Por ello, este sendero de altura no es apto para los que sufren de vértigo o son poco amigos de los precipicios, ya que durante gran parte del recorrido tendremos que olvidarnos de que bajo nuestros pies y a menos de metro y medio de anchura tenemos un largo vacío de 200 ó 300 m. de caída vertical.

Así que durante el tiempo que tardemos en recorrer el sendero aéreo de La Bocchette tendremos que olvidarnos del placer de poder tumbarnos a un lado del camino, así como del divertimento de correr un rato con la mochila para sentirnos libres. Lo importante es prestar atención a cada uno de los movimientos que vayamos a realizar, a no ser que estemos interesados en practicar una modalidad similar al Salto Base, pero sin paracaídas.

Sin embargo, y pese a lo emocionante y aventurado del ferratismo, hay que recordar que en realidad no tiene por qué ser en absoluto peligroso, si guardamos las normas de seguridad aconsejables y llevamos un mínimo equipo con lo indispensable.

Asomarse a los balcones del abismo

La palabra ferrata viene del latín ferro/hierro, y es que a lo largo de todo el recorrido hay instalados cables de acero apuntalados a la pared, así como toda clase de ayudas -escalas, barandillas, puentes de tablones…- para que el montañero se pueda asegurar a ellos mediante un arnés con cabos de anclaje. Esto evitará un accidente en caso de que, por mala suerte, se dé un desafortunado resbalón.

Asomarse a los balcones del abismo para contemplar una vez más el panorama, nos pondrá los pelos de punta. Sin embargo no debemos olvidar que, además del abismo que observamos hacia abajo, por encima de nuestras cabezas tendremos otros cientos de metros de pared, por lo que llevar un casco que amortigüe las posibles caídas de piedras o los coscorrones que uno suele darse contra el techo abovedado es obligatorio.

No es necesario el uso del piolet y los crampones a lo largo de la vía ferrata. No obstante, para llegar hasta la base de la pared y al salir de ella hay que atravesar un par de glaciares con nieves perpetuas. Si por lo general se bordean por los laterales rocosos, dependerá de las nieves de ese año o de la época en la que se vaya para que el uso de éstos se haga recomendable.

De cualquier manera resulta tremendamente divertido y enriquecedor atravesarlos pisando su crujiente costra blanca o aprovechar el desnivel para descenderlos de culo, tipo trineo, ya que ninguno de los dos glaciares tiene una inclinación peligrosa.

Más información sobre los Dolomitas.