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Problemas respiratorios

El aire de la montaña beneficia a los enfermos respiratorios que puedan desarrollar una actividad física moderada, como paseos y breves excursiones.

Capacidad cardiovascular

La práctica de algunos deportes en la montaña (senderismo, montañismo, ciclismo, etc.) constituye una actividad física ideal para la salud. Una marcha moderada mejora la capacidad cardiovascular sin imponer esfuerzos demasiado violentos al corazón.

Sin embargo, este tipo de ejercicios no están recomendados para las personas que tienen una patología cardiorespiratoria sin que hayan consultado previamente al médico.

Nervios y estrés

El oxígeno es la mejor medicina anti-estrés que la naturaleza nos puede proporcionar, ya que actúa directamente sobre las células del cerebro.

Además, las personas que realizan deportes como el montañismo muestran una gran satisfacción al conquistar la altura, dejando a un lado la estresante vida cotidiana de la ciudad.

Tono muscular y peso

No podemos olvidar que todo el ejercicio y el aire puro de la montaña proporcionan un buen tono muscular, y ayudan a rebajar kilos acumulados durante la inactividad del invierno.

Es importante aprender a respirar durante la práctica del deporte, porque el oxígeno que se introduce en el organismo quema las grasas. Por esto es preciso respirar profundamente, acompasando inspiraciones y espiraciones con los movimientos de los brazos y las piernas.

Aguas curativas: balnearios termales

Los balnearios han recuperado el tradicional uso de las propiedades terapéuticas del agua, y las aplican con las técnicas más modernas. Y, aunque no ofrecen una cura definitiva de ciertas enfermedades, sí pueden mejorar muchas de ellas.

Dependiendo de las características, del agua, estos baños pueden ejercer diferentes efectos para estimular las defensas del organismo.

En general, se benefician de estas terapias las personas que padecen enfermedades reumáticas, afecciones del aparato respiratorio, problemas de la piel, nervios, lesiones traumáticas o deportivas, etc. Los tratamientos termales están contraindicados en procesos de cáncer, cardiopatías, hipertensión o asmáticos en crisis.