diverticulosis alimentacion fibraLa dieta occidental, pobre en fibra pero rica en grasas animales, acentúa el peligro de padecer diverticulosis, una enfermedad que afecta al intestino grueso.

Peligros para el intestino

Lo sé por qué nos extrañamos de que, a veces, el intestino proteste y nos dé la lata cuando menos lo esperamos.

A lo largo de nuestra vida, este órgano, de nueve metros de longitud, se ve obligado a digerir hasta 65 toneladas de alimentos (aproximadamente, el peso de 12 elefantes).

De ahí la importancia de cuidar y controlar lo que comemos. Uno de los trastornos intestinales derivados del ajetreo al que sometemos actualmente al intestino grueso es la diverticulosis.

Y este problema se ha acentuado más en la época actual, porque es casi seguro que nuestros antepasados prehistóricos (al igual que los habitantes del Tercer Mundo que aún no se han pasado a la alimentación ‘civilizada’ y siguen con sus dietas ricas en fibra) jamás padecieron este trastorno digestivo.

En cambio, su incidencia aumenta en Occidente, donde cada vez hay más adictos a la comida rápida.

¿Qué es la diverticulosis?

A la hora de ofrecer datos objetivos sobre su incidencia, la diverticulosis afecta hoy a un tercio de los adultos occidentales (hombres y mujeres por igual) mayores de 45 años y a dos tercios de los mayores de 85.

Y esta alteración se produce en el intestino grueso de esta manera:

  1. Las dietas pobres en fibra propician el estreñimiento.
  2. Al intentar eliminar las deposiciones duras, aumentamos considerablemente la presión en el intestino grueso.
  3. Ese aumento de presión hace que partes del recubrimiento interior del intestino se proyecten al exterior, formando unas bolsitas, que se conocen como divertículos.

Así se manifiesta la diverticulosis

Aunque a menudo la diverticulosis no da ningún tipo de síntomas, algunas personas pueden llegar a experimentar molestias intermitentes como fuertes retortijones, dolor abdominal, sensación de hinchazón, gases molestos y, si las bolsitas se inflaman mucho, incluso estreñimiento y diarrea.

En cualquiera de los casos, la prevención y el tratamiento de esta dolencia pasa por llevar una dieta que incluya alimentos ricos en fibra (el médico puede considerar la conveniencia de recetar algunos antiespasmódicos para evitar dolores).

En el 5% de los casos de diverticulosis, las heces se ‘enquistan’ en los divertículos y provocan una infección: lo que se conoce como diverticulitis.

El dolor en estos pacientes puede ser muy intenso (se localiza en la zona inferior izquierda del abdomen) e ir acompañado de fiebre, naúseas, vómitos e, incluso, sangre en las deposiciones.

Sin embargo, si la situación no es demasiado preocupante (lamentablemente, es más frecuente que ocurra lo contrario), puede tratarse el problema con analgésicos, antibióticos, laxantes y una dieta adecuada.

Muy a menudo, es necesaria la hospitalización y el tratamiento con antibióticos y fluidos intravenosos.

En los casos (muy graves) en que la diverticulitis produzca perforación, obstrucción o hemorragia intestinal, hay que trasladar enseguida al enfermo a un hospital. El tratamiento puede requerir una intervención quirúrgica.

Para mantener sano el intestino

Tomar fibra normaliza las deposiciones, reduce la presión en el colon y evita la diverticulosis. Para aumentar el porcentaje de fibra hay que cambiar el pan, la pasta o el arroz blancos por sus versiones integrales. Se recomienda tomar, al menos, cinco raciones diarias de frutas y verduras y comer legumbres. Un buen consejo es empezar la comida con una ensalada verde.

Si es importante beber al menos seis vasos de agua al día, lo es más para quienes padecen diverticulosis. El agua hace que la fibra aumente de tamaño y ablande las deposiciones.

Cualquier actividad física es vital para tener un intestino sano y activo. Por el contrario, la inactividad favorece el estreñimiento.