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discusiones de parejaEnfrentar puntos de vista diferentes es la base de las discusiones de pareja, y debería tener como base el respeto a las ideas del otro y el derecho a defender las propias. Las discusiones así planteadas son constructivas. Sin embargo, hay otro tipo de discusiones destructivas que sólo sirven para que luego no nos sintamos bien.

Cuando discutimos mal, no sólo no escuchamos al otro, sino que ni siquiera hablamos de lo que queremos. Sólo pretendemos ocultar, tras el ruido de la pelea, la falta de seguridad en lo que defendemos. Tras una discusión así, uno no sabe de qué hablaba ni cuál fue el motivo por el que comenzó el enfrentamiento. Pero sentimos malestar al ver que las palabras no han servido para comunicarnos, sino para dañar al otro y a nosotros.

John Gray y las discusiones de pareja

Según John Gray, en “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”, las discusiones en las que se da una carga emocional fuerte pueden evitarse si uno se pone en el lugar del otro e intenta comprenderle. Este autor sostiene que hombres y mujeres discutimos por motivos diferentes y, sobre todo, por desconocer lo que nuestra pareja necesita.

Las mujeres son sensibles al tono en que se las habla y al modo en que se valoran sus sentimientos. No soportan que se las trate de manera poco afectuosa o que cuando están disgustadas no se reconozca lo que sienten. Cuando una mujer está enfadada, los hombres intentan quitarle importancia, aunque, si hay algo que le moleste, es que invaliden sus sentimientos.

Los hombres son muy sensibles a que la mujer les retire su aprobación tanto en lo que piensan como en lo que hacen. Esto les produce mucho daño y se ponen a la defensiva, atacándola o descalificando lo que les ocurre.

Cuando otros pagan las culpas

Las discusiones de pareja sirven para descargar sentimientos hostiles, pero, también, para llenarse de culpa o rencor. En principio relaja; a la larga, cansa. El motivo es lo de menos.

En nuestra psique se produce una retención de emoción que, a veces, se descarga en otra persona, lo cual provoca muchos desencuentros y malentendidos. La salud mental es mayor cuanto mejor sean nuestras respuestas emocionales, que pueden alterarse por no tener una buena educación sentimental. A discutir también se aprende.

Cuatro errores

Según el psicólogo John Gray, se adoptan cuatro actitudes ante una discusión de pareja para evitarla, aunque no logran su propósito por ser equivocadas:

  • Atacar. Esas personas acosan, critican e intimidan a la pareja. Suelen gritar y manifestarse de forma violenta, lo que daña y debilita la confianza en la relación. La pareja se irá alejando.
  • Huir. Actitud masculina. Para evitar los enfrentamientos se encierran en sí mismos, negándose a hablar. El beneficio a la corta es evitar la pelea; a largo plazo, si no se habla con confianza, no se resuelve nada.
  • Fingir. Actitud femenina. La persona que quiere evitar la pelea hace como si no existiera el problema. Con el tiempo aparece el resentimiento.
  • Plegarse. Actitud más femenina. Las personas que ceden se niegan a sí mismas. Buscan evitar el rechazo y necesitan ser queridas. A la larga lamentan haber renunciado a sí mismas.

Lo más efectivo es detener las discusiones de pareja constantes es reflexionar, hablar y comprender al otro.