Compartir

dieta tercera edadCon carácter general la alimentación del anciano debe ser sencilla y de fácil preparación, prestando especial atención a la presentación en el plato para que sea vistosa y atractiva y cumpla satisfactoriamente la función psicológica que el acto de comer tiene en todas las personas.

Debido a los cambios en todo el proceso de la masticación, digestión y absorción de los alimentos que están dificultados, es aconsejable repartir la ingesta total de alimentos en cuatro o cinco comidas, que incluya el desayuno, el tentenpié de media mañana, la comida, la merienda y la cena que debe ser ligera.

En una dieta para en la tercera edad la ingesta de líquidos debe ser abundante evitando el consumo de bebidas espumosas que produzcan distensión gástrica y gases que interfieran la movilidad del tubo digestivo.

Existen razones médicas para hacer aconsejable el consumo moderado de vino tinto en pequeñas cantidades con las comidas si esto era una costumbre pero se desaconseja reducir las bebidas excitantes como el té, el café, los licores, etc.

Consejos prácticos en la dieta para la tercera edad

Las dietas para ancianos deben ser sencillas y de fácil preparación.

La cantidad de calorías debe estar en consonancia con el tipo de actividad que se realiza.

En una dieta para la tercera edad la cantidad de proteínas será suficiente y completará alrededor del 15% de las calorías totales. El 60% deben proceder de los alimentos de origen animal, preferentemente pescado, que será cocinado, cocido o al vapor y carne en menor medida a la plancha.

El consumo de huevos deberá limitarse a tres a la semana, cocidos o pasados por agua.

El 40% de las proteínas de la dieta que deben de proceder de los alimentos vegetales, fundamentalmente legumbres, cereales y verduras. Se tendrá en cuenta que las legumbres y los cereales se complementan en cuanto a los aminoácidos que contienen por lo que juntos enriquecen la calidad de la dieta.

La ración de grasa no debe sobrepasar el 30% de las calorías totales.

Una distribución adecuada de la dieta en la tercera edad exigiría repartirlas de la siguiente manera: 8% en forma ácidos grasos saturados, 8% en poliinsaturados y 15% en forma de ácidos grasos monoinsaturados.

Los hidratos de carbono deben representar el principal soporte calórico de la dieta, hasta completar el 55 al 60% de las calorías totales. De ellos, se deben restringir los alimentos dulces, ricos en hidratos de carbono de absorción rápida, cargando las tintas en los alimentos vegetales, cereales, pasta, pan, patata, legumbres, que por su contenido en fibra y en hidratos de carbono complejos resultan más idóneos.

El aporte de vitaminas y minerales, estará cubierto con una dieta equilibrada en condiciones normales. En situaciones de enfermedades concretas puede estar justificado suplementarla farmacológicamente.

Por su alto contenido en calcio, la leche y sus derivados no deben faltar en la dieta diaria, recomendando dos o tres raciones diarias de leche, yogur o queso. Las presentaciones descremadas o semi descremadas conservan su contenido en calcio y ácido láctico, disminuyendo el aporte de grasas saturadas.

Tanto las frutas, verduras y hortalizas, deben estar presentes en todas las comidas principales del día en forma de ensaladas en el caso de las verduras que puedan comerse crudas o cocinadas, preferentemente al vapor, en forma de purés o cremas como primeros platos o como guarnición.

La fruta debe ser madura y debe tomarse cruda o en forma de papillas, macedonia o zumos. Siempre será la mejor opción para un postre.