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dieta de nuestros antepasadosAlgunas de las enfermedades más frecuentes hoy, como la obesidad, eran desconocidas para los primeros pobladores de la Tierra. El origen de estas patologías está en la vida sedentaria que llevamos y en la mala alimentación.

Sin vacunas ni antibióticos, sin agua corriente ni calefacción, luchando contra los elementos y los animales para buscarse el alimento cotidiano, los hombres prehistóricos podían morir de frío, de hambre, por infecciones, traumas, etcétera. Pero una cosa es segura: no padecían obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, ni otras dolencias derivadas de la inactividad o la comida rápida. La alimentación con la que el ser humano evolucionó es hoy objeto de atención de numerosos especialistas.

Cuáles son los beneficios de esta dieta

Los hidratos de carbono no refinados (frutas, legumbres, semillas, harinas integrales…) contienen grandes porcentajes de fibra saciante, lo que significa menos calorías para el mismo volumen de comida. Además, se digieren lentamente, evitando así que la sangre se vea sometida a los “chutes” de glucosa (azúcar) que presentan las harinas blancas y los dulces. No hay que olvidar que la exposición a grandes dosis de glucosa provoca resistencia a la insulina, lo que conduce a la obesidad y a la diabetes del tipo 2.

Al ser ser rica en productos vegetales de la mejor calidad (procedentes de suelos no sobreexplotados y ricos en nutrientes), esta dieta era también abundante en minerales y antioxidantes. Éstos frenan el proceso de envejecimiento y reducen el riesgo de sufrir cáncer, enfermedades cardiovasculares y degenerativas.

Por la calidad de las grasas que contiene, carece de los riesgos derivados de los alimentos ricos en grasas saturadas (presentes en la bollería industrial, los embutidos y las carnes grasas), relacionados con altas tasas de colesterol, hipertensión, enfermedad cardiovascular, diabetes, estreñimiento, cáncer de colon, procesos inflamatorios…

Cómo puedes seguir esta dieta

Incluso los que consideran que la dieta más natural es difícil de aplicar en nuestra sociedad, cada vez más acostumbrada a los alimentos procesados, se muestran de acuerdo en que ‘convendría imitarla’. Proponen lo que denominan ‘dieta natural’, que es, además de saludable, adelgazante. ‘Se ha comprobado que esta alimentación es la mejor dieta adelgazante y la mejor prevención frente al infarto y otros trastornos’, explican los expertos en endocrinología.

  1. Tomar, al menos, cinco raciones de frutas y verduras al día.
  2. Cambiar las harinas blancas por las integrales y tomar legumbres dos veces por semana.
  3. Reducir al mínimo el consumo de dulces, bollería, azúcar, refrescos azucarados…
  4. Elegir carnes magras, aves sin piel, caza y pescados en vez de carnes grasas, embutidos, patés…
  5. Prescindir de las grasas saturadas (mantequilla, nata, margarina con grasas hidrogenadas, tocino…) y elegir las monoinsaturadas (aceites de oliva y cacahuete, aguacates, frutos secos…).
  6. Cambiar los lácteos enteros por los descremados.

Con qué debes llenar la cesta de la compra

Si quieres seguir esta dieta, aquí te ofrecemos una lista de alimentos con luz verde, es decir, alimentos permitidos, y otra con luz roja, es decir, alimentos que debes reducir al mínimo.

Luz verde

  • Todas las frutas y verduras.
  • Cualquier tipo de cereales, legumbres y harinas integrales (en pan, pasta y arroz).
  • Las carnes magras (aves sin piel, caza, vacuno y cerdo).
  • Los pescados y mariscos frescos.
  • Los lácteos, siempre descremados.
  • Las especias y hierbas aromáticas.
  • El aceite de oliva y de cacahuete y los vinagres aromáticos.
  • Los frutos secos (el equivalente a cuatro o cinco nueces al día).

 Luz roja

  • La nata, la mantequilla y la margarina muy sólida, que contiene grasas de origen vegetal procesadas que el organismo interpreta como grasas saturadas.
  • El azúcar, los dulces, la bollería industrial, los pasteles y las pastas.
  • Las harinas blancas (refinadas), el arroz y los cereales no integrales…
  • Los refrescos azucarados, la cerveza y los licores destilados.
  • Las carnes grasas y los embutidos.
  • Los fritos, los rebozados y las salsas grasas.
  • Los lácteos enteros.

Consejos que no debes olvidar

Para hacer más fácil el tránsito desde la dieta superprocesada habitual a la nueva dieta de la naturaleza, y para adelgazar sin el riesgo de volver a engordar después, los especialistas proponen algunos consejos que debes seguir:

  1. No saltarse el desayuno ni prescindir de ninguna comida ni estar más de cinco horas sin ingerir algo. Las personas que pasan mucho tiempo sin comer son más propensas a los atracones. Para evitarlo pueden tomar una manzana y una infusión, un quesito descremado con pan integral o un yogur con fruta a media mañana.
  2. Hacer, al menos, 30 minutos de ejercicio al día. No hay que olvidar que los hombres del paleolítico eran nómadas y salían a buscarse el alimento a diario.
  3. Reducir al mínimo los refrescos azucarados. Otra posibilidad es mezclar el zumo con agua a partes iguales. De ese modo, el azúcar también se reduce a la mitad.
  4. Incluir frutas y verduras en todas las comidas. Una buena forma es empezar con una ensalada.
  5. Tener siempre verduras congeladas en la nevera. Se cuecen en 10 minutos en la olla rápida y están exquisitas con un poco de aceite de oliva virgen, vinagre aromático y especias. Además, resultan fáciles de cocinar y son una buena opción si el trabajo no te permite ir a comer a casa.
  6. Llevar tentempiés al trabajo: manzanas, peras, yogures, quesitos descremados, “crackers” sin grasa integrales.
  7. Consumir frutas variadas. Después de tres días de haber comido manzanas, cualquiera acaba aburriéndose de ellas. Para evitarlo, lo mejor es mezclar varios tipos de frutas en un bol.