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deseo-sexual-inhibidoHay quien lo califica de ‘falta de deseo’, pero más que ‘falta’, en el deseo sexual inhibido (DSI) lo que hay es una disminución en la líbido, una apatía provocada por motivos que pueden ser tanto de orden biológico como psicológico: una enfermedad, cambios hormonales, problemas afectivos, traumas sexuales, depresión…

Las personas que padecen DSI no desean practicar el sexo, aunque tengan la oportunidad de hacerlo. En ocasiones, la líbido disminuye drásticamente en cuestión de meses e incluso semanas.

Por desgracia, muchos casos de DSI son resultado de una ruptura en la comunicación, de falta de entendimiento en la pareja… y de la hostilidad, los sentimientos de ira, la depresión, el desencanto que genera esa ruptura. En esos casos, se impone la consulta a un consejero matrimonial.

Síntomas

Incluyen una persistente ausencia de deseo sexual, con desaparición de las fantasías sexuales y un gran desinterés por mantener contacto sexual con la pareja o la evitación continua del contacto sexual con la pareja.

En la Consulta

El médico observará situaciones concretas relacionadas con el deseo sexual inhibido:

  • Problemas de relación en pareja
  • Traumas sexuales
  • Depresión
  • Estrés
  • Crisis familiar
  • Deficiencias hormonales
  • Alcoholismo
  • Fallo renal u otras enfermedades crónicas, como diabetes
  • Ciertos medicamentos que reducen la líbido (antidepresivos, somníferos, antiácidos, píldoras anticonceptivas, medicamentos para la hipertensión…).

Tratamiento deseo sexual inhibido

El autotratamiento es posible, pero puede llevar tiempo. Los factores que predisponen al deseo sexual inhibido tienden a acumularse a lo largo de los meses y pueden tardar bastante en resolverse.

Y es que, aunque suene paradójico, todo se inicia al principio de la relación, cuando la pasión es más encendida. En esos primeros momentos en que las parejas suelen dedicar tanto tiempo a las relaciones sexuales, apenas consagran unos minutos a hablar de ellas.

Ese ‘vacío de comunicación’ genera un desconocimiento a veces sorprendente respecto de las expectativas del otro y puede dar lugar a grandes incomprensiones en el futuro.

Es obvio que dos personas, por muy enamoradas que estén, no suelen tener las mismas ideas sobre lo que significa la intimidad sexual, sobre lo que ésta conlleva y sobre el papel que el sexo debe desempeñar en la vida de la pareja.

A la vez, si es cierto que la pasión y la novedad de los primeros meses compensan muchas diferencias, los problemas de la vida diaria, los cambios, la llegada de un hijo, dejan al descubierto esas diferencias y, a menudo, abren un abismo de comunicación que afecta a la vida sexual.

¿Consecuencia? Algunas personas transfieren sus energías eróticas a una relación extramarital o a ‘ligues’ pasajeros (con el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual).

Otras ‘niegan’ inconscientemente sus deseos sexuales. En cualquier caso, ese tipo de solución suele empeorar el problema.

Pronóstico

  • Si se tratan los problemas subyacentes el pronóstico es bueno.
  • Se puede solucionar con hormonas, si se comprueba que hay un déficit hormonal; con terapia psicológica, si el problema es de ese tipo; con la eliminación de fármacos, si son ellos los culpables del deseo sexual inhibido; con la ayuda de un consejero, si hay un problema de relación difícil de encauzar…
  • Si se ignoran o se niegan las causas, es muy fácil que se produzca una ruptura familiar.