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dermatitis atópicaPicor, escozor y enrojecimiento. Estos son los síntomas de la dermatitis atópica, una dolencia que afecta, sobre todo, a los niños.

‘Me pica todo’: dermatitis atópica

Se caracteriza por un intenso picor que lleva a altos niveles de rascado y que puede provocar heridas e infecciones.

Estas son las complicaciones más frecuentes de una patología de la piel que suele aparecer en los primeros años de vida y que entorpece, por ejemplo, la calidad del sueño.

De hecho, recientes estudios clínicos verifican que el 80 por ciento de los casos se manifiesta en los primeros siete meses de vida del niño y que los síntomas más comunes son enrojecimiento, picor y descamación de la piel.

¿Qué causa el eccema?

La dermatitis o eccema atópico se desencadena por estímulos de diversa índole, pero el componente hereditario y el factor alérgico son determinantes y los periodos en los que se dan mayores brotes coinciden con los de las alergias más comunes, por ejemplo, la primavera.

Las partes del cuerpo más afectadas son la cara, el cuello, las rodillas, las muñecas y las flexuras de los brazos y piernas.

Como con el tiempo somos más resistentes, se aprecia la mejoría a partir de los cuatro años de edad; en un gran porcentaje de personas la enfermedad desaparece con la pubertad, aunque en muchos se hace crónica.

La exposición a sustancias irritantes entre las que se encuentran el agua y los detergentes, los cosméticos, los perfumes, los productos profesionales químicos, el polvo, etcétera, es el motivo más común.

Cómo evitar irritaciones

Para evitar la irritación es aconsejable conocer los factores más habituales que la desencadenan:

  1. Irritantes. Como los genes no pueden cambiarse lo mejor es prevenir nuevos brotes evitando las sustancias que irritan la piel: geles, detergentes, desodorantes, productos de peluquería y productos químicos fuertes. En principio, todo lo que pueda secar la piel puede agravar la dermatitis atópica.
  2. De tipo alérgico. Entre los factores que desencadenan ciertas dermatitis algunos pueden ser alérgicos, por lo que la piel actúa amplificando la respuesta con la aparición del eccema en la zona y en otras partes del cuerpo. Hay que determinar el alergeno que lo provoca aunque muchos afectados son muy sensibles al polvo, por lo que deben evitar el contacto con edredones, alfombras y moquetas.
  3. La sudoración. Cuando es muy intensa se pierde mucha agua y sal, lo que irrita la zona. Se debe evitar practicar ejercicio físico que le haga sudar mucho. Los cambios de temperatura y humedad, sobre todo el calor excesivo, provocan una erupción violenta.
  4. El estrés. Suele ir unido a la ansiedad, por lo que se comprueba una reacción en contra sobre la piel: aumenta el picor, con lo que el círculo se agrava provocando más rascado y más picor-enrojecimiento-hinchazón.
  5. Alimentación. Sólo se debe tener en cuenta si se determina mediante pruebas a qué se es alérgico. Principalmente se es al huevo, al pescado y a la leche.
  6. La deshidratación. Las personas que padecen este tipo de dermatitis suelen tener un defecto o escasez de sustancias grasas, que son las encargadas de crear una especie de ‘efecto invernadero’ sobre la capa más superficial de la epidermis (córnea).  Para recuperar esa barrera protectora natural de la piel se deben aplicar tras la ducha, y en otras ocasiones del día, cremas hidratantes o aceites que actúan como emolientes. Con ello se evita la evaporación del agua de dentro afuera de la piel, la sequedad y posterior inflamación.

Cómo cuidar la dermatitis atópica

  • Con jabones suaves, en la menor cantidad posible, extragrasos e hidratantes. Conviene hidratarse mucho con sustancias lo más grasas posible y, en general, indicadas por el dermatólogo.
  • Usar ropa suave de algodón y evitar fibras o tejidos acrílicos, nailon o lana, porque hacen sudar.
  • Reservar el calzado deportivo para esa actividad y no usarlo a diario. Se eleva el número de dermatitis atópicas que afectan a los pies debido al taco de goma y los calcetines gruesos usados a diario por muchos jóvenes.
  • Aumentar la humedad ambiental con ventilación y humidificadores.
  • Mantener la temperatura entre los 18 y 20 grados y evitar el exceso de calor en forma de duchas muy calientes o mantas eléctricas.
  • Extremar las medidas higiénicas en las piscinas y aplicar cremas hidratantes tras el baño en agua dulce. No está prohibido utilizarlas, salvo si se tiene un brote intenso por la irritación que puede provocar el cloro.