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dejar trabajo por amorRenunciar es elegir; es perder una cosa para ganar otra. Renunciar es también decidir. Nos pasamos la vida perdiendo el pasado para ganar el futuro y eso nos permite vivir el presente. Hay que saber perder para poder ganar.

Ahora bien, cuando la renuncia se convierte en sacrificio, quizá en ese acto se escondan miedos que no nos atrevemos a enfrentar. Se puede renunciar o dejar el trabajo por amor, pero también por desamor a una misma.

Lo que la elección puede esconder

No se abandona a una profesión cuando las posibilidades de tener éxito en ella son grandes, cuando se disfruta de ella o cuando tiene tanto que ver con uno que la vida sería triste al abandonarla.

Se puede rebajar el tiempo de esta actividad para repartirlo con la vida amorosa, pero no dejarla completamente. Ahora bien, si no disfrutamos de la profesión, el amor puede ser una coartada para huir de lo que odiamos.

También el miedo a enfrentarnos a nuestras limitaciones puede hacernos abandonar el trabajo cuando aparece una excusa como la del amor. Así, jamás sabremos de lo que habríamos sido capaces, pero culparemos de ello a la ‘generosidad’ que nos hizo abandonarlo todo por otro.

En tal caso, en lugar de hacer lo que queremos, nos quedamos con la fantasía de un deseo insatisfecho, pues no nos dimos la oportunidad de ver en el ejercicio de esa profesión nuestras dificultades.

Hay estereotipos femeninos en los que la pareja y la familia se hacen incompatibles con lo profesional y donde las culpas inconscientes se saldan eliminando lo que nos puede diferenciar de las mujeres que nos rodearon en nuestra infancia.

Quien dice que se sacrifica por otro en realidad no le quiere, porque sólo se puede renunciar a una carrera cuando hacerlo representa más placer que sufrimiento.

El miedo al abandono

El miedo a ser abandonado por la persona amada es más frecuente en las mujeres que en los hombres.

Dejar algo que es personalmente muy importante como un trabajo por amor a otro constituye una trampa mortal para la relación y un engaño para una misma.

La trampa consiste en que suponemos querer a otro, cuando ese acto sólo habla de lo poco que nos estimamos a nosotras mismas.

En tales situaciones tendríamos que preguntarnos si no abandonamos la realización de nuestros deseos por el miedo a ser abandonadas.