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cuidado del cutisFrente al frío nos abrigamos hasta las orejas dejando el rostro a la intemperie. Pero si llueve, nieva, hay viento y hace mucho frío, el cutis se daña. La piel del rostro es más sensible que la del resto del cuerpo, y esto justifica el cuidado del cutis con esmero. Rara vez habrás escuchado decir a alguien que tiene sensible la piel del brazo, de la rodilla o de la espalda.

Tener el cutis fino y translúcido y un fototipo claro eran antes señales arquetípicas de una epidermis problemática pero ahora la sensibilidad cutánea afecta a mujeres de todas las edades y tipos de piel. Las pieles sensibles suelen presentar una permeabilidad anormal de la capa córnea, perturbaciones de la microcirculación y una acusada neurosensibilidad.

Está demostrado que la primera reacción que sufren estos cutis es de tipo neurosensorial, incluso antes que la fisiológica. En todos los casos, la piel padece una inflamación asociada a la reacción de los nervios sensitivos situados en sus capas más profundas.

Protege las zonas más delicadas

La rosácea son unas pequeñas venas, rojizas al principio y violáceas después, que suelen aparecer en las mejillas y en las aletas de la nariz. El frío propicia su aparición. Aunque salen en cualquier tipo de piel, las sensibles o con una circulación frágil son más propensas a sufrirlas. La protección facial actúa como una pantalla frente al impacto ambiental. Estos cutis deben evitar los cambios bruscos de temperatura.

Ojos: zona de máxima alerta

El contorno de los ojos, al estar dotado de una piel frágil y fina, acusa las inclemencias del tiempo de forma inmediata. Esto va unido al deterioro lógico de este área más castigada que el resto del rostro por los continuos gestos y por el paso del tiempo.

Cuidado del cutis, cuestiones básicas

La piel sensible suele ser muy seca por falta de agua o de lípidos. Los picores, la irritación y la tirantez son signos de identidad comunes. Su aspecto es aparentemente normal aunque quien la padece siente a menudo cierta incomodidad. Pueden salir manchas o ronchones en los pómulos cuando aprieta el frío o el calor. Tiende a la descamación y a veces sufre un acné de tipo rosácea (granitos diminutos y agrupados). 

  • Debes evitar lavarte la cara con jabón y, menos aún, con agua caliente. No experimentes con cosméticos, sobre todo, si contienen sustancias que fácilmente provocan reacciones (retinol, ácidos frutales, enzimas exfoliantes…). Lo más conveniente es que utilices productos indicados para la piel sensible ya que no llevan colorantes, conservantes, ni perfumes. No te arriesgues a usar un producto nuevo sin haberlo probado antes en la parte interior del codo durante 24 horas. 
  • Los cosméticos para pieles sensibles refuerzan el equilibrio cutáneo e ignoran las sustancias con potencial irritante y alergénico. Están formulados con el menor número de componentes posible para reducir los riesgos de irritación. Aíslan el rostro de las agresiones exteriores, calman y reparan con extractos eficaces.

Hidratación de día

Los minerales y las vitaminas aportan nutrientes esenciales para la piel sensible. Para el cuidado del cutis opta por las texturas untuosas que potencien el efecto barrera y mantengan la cohesión de las células de la capa córnea. Activos como el aloe vera, el aceite de jojoba o de sésamo, la manteca de karité y la camomilla son eficaces.

Los humectantes como la urea y la alantoína actúan en la superficie de la epidermis como si fueran pequeñas esponjas, que se hinchan y retienen el agua evitando su evaporación. Las ceras naturales, como la glicerina y la vaselina, y los aceites vegetales aportan una buena protección y dejan una capa invisible sobre la piel evitando que se deshidrate.

Antes de maquillarte, prepara la piel con una crema de base que evite la tirantez y que aporte los lípidos necesarios. Los maquillajes hipoalergénicos y los polvos no perfumados resguardan mejor el cutis de las agresiones.

Limpieza de noche 

Antes de acostarte y para un buen cuidado del cutis, no olvides desmaquillarte con cuidado y calmar la piel con un tónico suavizante a base de agua termal, de sustancias botánicas, extractos de naranja, de avellana, o manzanilla o con agua de rosas. En días alternos aplícate una mascarilla calmante y descongestiva que contenga ingredientes que ayuden a mantener el equilibrio hidrolípido de tu cutis.

  1. No duermas con la calefacción encendida o con mucho calor. Lo mejor es mantener siempre una temperatura uniforme. 
  2. Evita los desmaquillantes agresivos y las lociones con alcohol que puedan descompensar el manto hidrolipídico de tu piel; acaba siempre rociando el rostro con agua termal. 
  3. Si no quieres renunciar a usar las prácticas toallitas limpiadoras durante los viajes o cuando no tienes tiempo de seguir el ritual desmaquillante al completo, utilízalas sin alcohol, muy suaves y aptas para la piel sensible.