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protección sol en la nieveEl sol del invierno en la ciudad es dulce y apetecible, y la piel del rostro, si está guarnecida por un buen tratamiento, resiste sus rayos. Pero con el sol en la nieve, la cosa cambia. La protección debe ser tan extrema que ha inspirado todo un repertorio de productos y hasta la elaboración de un decálogo de reglas de oro para disfrutarlo sin ningún riesgo. Además, el viento y el frío ‘cortan’ y resecan la piel.

Asegúrate un buen bronceado invernal

La hora de mayor incidencia solar es a las 12 del mediodía. Como en los primeros días de playa o piscina en verano, conviene usar un producto con factor de protección muy alto para que la piel se vaya aclimatando. Las zonas más sensibles -la nariz, la nuca y las orejas- requieren un factor de protección superior. Ten en cuenta, además, que las nubes no filtran los rayos ultravioleta, así que desconfía de los días con el cielo cubierto.

Si vas a esquiar, aplícate la crema 20 minutos antes de lanzarte a la pista. Trata los labios contra el sol, el frío y el viento para evitar la sequedad y la aparición de grietas. Y, tanto si has practicado algún deporte como si has pasado el día al aire libre, aplica generosamente por la noche en la piel un aftersun que restaure el nivel hidrolipídico de la epidermis y evite el envejecimiento prematuro. De esta forma te aseguras un permanente tono bronceado.

Manos a resguardo del sol en la nieve

En invierno sufren con el frío y los cambios bruscos de temperatura. A partir de cierta edad aparecen las manchas oscuras o léntigos solares y las secuelas de la artritis y la artrosis llegan a deformar los dedos, en mayor o menor medida. En estos casos, se debe consultar al médico. Pero, también es importante no descuidar la piel de las manos y protegerla del frío y del sol con cremas emolientes.

Se debe salir al exterior con unos guantes calientes, que aumentan la temperatura y la microcirculación de la piel, y protegerse con una crema aplicada de forma frecuente. Esto es especialmente importante si la deshidratación ya ha hecho mella en las manos que están en contacto con detergentes y otras sustancias abrasivas, como lejías y amoniacos, que destruyen el manto ácido de la piel. La mejor manera de prevenir esa sequedad extrema es utilizando guantes domésticos.

Aplica aceite de almendras

Si quieres conservar en perfecto estado las manos recurriendo a ingredientes naturales, prueba con lo siguiente: las grietas mejoran con aceite de almendras dulces templado. Cuando lo apliques vete dando un masaje y, si fuera posible, cubre después las manos con guantes de algodón durante un rato.

Suavidad en los labios

En invierno, unos labios secos y mal cuidados resultan molestos y dolorosos. Las fórmulas labiales contienen elementos nutritivos como la manteca de karité, que forma una película lipídica consistente y eficaz frente al frío, el viento y la sequedad ambiental. Para el exterior es imprescindible que los productos lleven filtros solares UV que actúen como un escudo delante de los dañinos rayos solares.

Para la ciudad, el índice de protección no es necesario que sea muy alto y deben valorarse otras funciones del labial, como su capacidad reparadora, cicatrizante o nutritiva. Para la práctica de deportes, el índice tiene que ser elevado. El gesto de hidratar los labios y reparar las pequeñas lesiones que tiran de la piel es muy habitual. Los labiales hidratantes y protectores son una pieza clave del neceser diario. Las agresiones provocadas por la sequedad, el frío intenso, el sol y el viento pueden degenerar en afecciones labiales como inflamaciones o herpes.

Una barrera protectora invisible

Nunca salgas a la calle sin protección en los labios. Debes usar buenos productos que contengan lípidos, que proporcionan elasticidad e hidratación. Son necesarios para prevenir la sequedad, que acarrea los molestos cuarteamientos y cortes en la fina piel de los labios. Y es que los lípidos (grasas) superficiales que necesita la epidermis hay que suministrárselos cuando el clima se endurece.

Ojos y pelo a salvo

Los ojos y el pelo no representan en la nieve papeles secundarios. Más del 20% de las personas que practican deportes de invierno sufren dolencias oculares debidas a una deficiente protección frente a los rayos ultravioleta. Unas buenas gafas de sol, con filtros solares eficaces y protecciones laterales (los colores anaranjados son los más aconsejados, permiten mejor la visibilidad que otros más profundos y oscuros), son obligatorias incluso en días nublados.

El pelo se protege del frío y del sol con una espuma hidratante o con un spray capilar invisible con filtros solares. Además, es recomendable utilizar un gorro cuando las temperaturas son heladoras: el 30% del calor corporal se pierde a través de la cabeza.