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cuando romper una relaciónA veces, la pareja aporta insatisfacciones en lugar de favorecer el desarrollo de sus miembros. Es en estos momento cuando romper la relación pasa a ser una opción.

Una relación deteriorada

Había decidido separarse de Javier y se sentía bien proyectando su vida. Esta vez no había vuelta atrás. Ella había cambiado y sabía que no podría vivir enredada en un vínculo patológico y dañino.

Había conseguido dominar incluso el sentimiento de culpabilidad que había sentido otras veces. Tenía derecho a ser feliz. Sofía comenzó a recordar cómo empezó el final de su pareja.

Llevaba casada diez años, tenía dos hijos y siempre se había distinguido por su responsabilidad ante las tareas domésticas, la educación de sus hijos y el cuidado de su marido.

Un buen día, sin saber por qué, empezó a dormir mal, a perder peso, a entristecerse. Se sentía sin fuerzas y se preguntaba por el sentido de su vida: tenía una depresión.

Comenzó una psicoterapia para aliviar su sufrimiento e investigar las causas de su estado. Al cabo de unos meses, la tristeza fue desapareciendo y volvieron las ganas de vivir.

Comenzó a mostrarse más decidida, lo que le hacía expresar más firmemente sus opiniones y a disentir de su marido. Hasta entonces no se había dado cuenta de lo sometida que había estado a su pareja.

Ante este cambio de actitud, él comenzó a sentirse amenazado y se distanció. Mientras ella recuperaba su trabajo, él perdió el suyo y la relación se deterioró de forma irreversible. El cambio en el ánimo de ella al encontrar un espacio personal rompió el equilibrio de la convivencia.

Si en la elección de pareja han funcionado factores patológicos, en el caso de que uno de ellos comience a cambiar porque quiere sentirse mejor, el vínculo se altera y es preciso buscar otras bases desde las que relacionarse.

Entonces, los dos miembros deben enfrentarse a lo que les ocurre e intentar modificar sus hábitos al mismo tiempo. Si no ocurre así, existe riesgo de romper la relación, porque mientras uno de ellos quiere mejorar su forma de encontrarse en la vida, el otro se resiste a cambiar.

En el caso de Sofía y Javier, lo que ocurrió es que la personalidad sumisa y pasiva de ella había estado al servicio de ocultar su propia agresividad, a la que siempre había tenido mucho miedo, para mantener una imagen de víctima, asociada a lo que su madre había sido para ella.

De este modo, sostenía también a su pareja en una posición de poder que la infantilizaba y la coartaba como mujer, pero que también la protegía de hacerse cargo de sí misma.

Ella supo cambiar; él se asustó y no pudo. La transformación de ella dejaba al descubierto las limitaciones de él.

En el umbral de la insatisfacción

Una pareja se escoge inconscientemente por múltiples factores que se desconocen. Algunos de ellos pueden ser un obstáculo para que uno de los dos, o ambos, maduren en la vida y progresen emocionalmente de forma saludable.

Cuando los cónyuges no son capaces de aportarse ninguna gratificación, sólo queda la insatisfacción. Entonces se replantea la relación y la decisión de romper aparece en el horizonte como una liberación.

La culpabilidad hace acto de presencia, sobre todo en aquél que parece el más activo en la toma de decisión de la ruptura, pero este sentimiento es una forma de aferrarse a un modo de relación perjudicial.

No somos culpables, somos responsables al 50% de romper una relación, como lo somos de intentar conseguir una vida mejor.

Se rompe cuando se sabe que no hay salida y se opta por estar mejor. Se rompe una relación cuando se quiere encontrar la integridad psíquica y emocional que no es posible encontrar al lado de quien nos daña.

La falta de madurez psicológica, el haber sufrido relaciones afectivas patológicas, el depender demasiado de alguno de los progenitores, el idealizar demasiado al otro…, éstas son, entre otras, algunas de las causas que pueden conducir a la pareja a una ruptura, a no ser que ambos hagan un esfuerzo conjunto de revisar en profundidad qué es lo que le pasa a cada uno.

Tres ejes definitivos

Se puede romper una relación cuando, tras una relación indiscriminada, no pueden separar sus identidades y no saben quién es quién. Entonces se produce una asfixia en el vínculo que resuelve la ruptura.

En el libro ‘La pareja. Encuentros, desencuentros, reencuentros’, compilado por Janine Puget, Liliana Bracchi de Adino, en el capítulo ‘Disolución del vínculo conyugal‘, dice que, cuando una pareja se separa, en el psiquismo se produce un proceso en torno a tres ejes:

Desinvestidura mutua: el otro deja de ser objeto de deseo y uno deja de ser sujeto de deseo del otro. Es un acto de desencuentro en el que la libido depositada en el otro se va retirando. Ello es causa de sufrimiento, ya que se ha frustrado la ilusión de que la relación de pareja resolvería el malestar vinculado a la soledad.

Corte vincular: es cuando se decide la acción y se pone en funcionamiento la búsqueda de otro lugar y el reparto de las cosas comunes.
La mirada de los otros: es el reconocimiento por parte de los demás de la decisión de separarse que ha tomado la pareja. Cada uno pasa a tener un lugar diferente en relación a la familia del otro.
Ahora se es la ex o el ex. Lo privado pasa a ser público y esto puede favorecer la discriminación de cada uno de los miembros de la pareja, pero de la misma manera puede entorpecerla.

Lo que sucede antes y después de romper una relación

Cuando una relación sentimental naufraga, pasa por estas fases:

  • La negación. Se utiliza para protegerse de lo que está pasando.
  • La irritación. Cuando se acepta la realidad de la situación, aparece la rabia, que se utiliza para responsabilizar de la ruptura al otro.
  • La depresión. Es inevitable por el sentimiento de pérdida.
  • La aceptación. Se puede empezar a construir una nueva realidad.

Después de romper una relación es conveniente:

  • La reflexión. Hay que darse tiempo para reorganizar el mundo interno. Si no se es capaz de descubrir qué parte de uno se puso en juego en esa relación, corremos el peligro de repetir ese esquema.
  • La soledad. Hay que escuchar las emociones y no temer a la soledad. Para relacionarnos bien con otro debemos hacerlo con nosotros mismos.

¿En qué nos diferenciamos hombres y mujeres?

Las razones que llevan a hombres y a mujeres a romper una relación, así como a volver a tener una nueva pareja, son distintas:

  • Las mujeres rompen con la pareja para salir de una frustración afectiva que no pueden soportar. Han dejado de amar y no se sienten queridas, sino utilizadas. Entonces comienzan a buscar su identidad, porque no se sienten a gusto dentro de sí mismas, y se separan para hacer esa búsqueda.
  • Los hombres intentan escapar de una relación que sienten como una prisión afectiva. Quieren cosas nuevas y sentirse valorados. Con frecuencia se separan para estar con otra mujer y no para vivir solos.

Esta diferencia, pues lo cierto es que la mujer suele permanecer más tiempo sola, estaría relacionada con el hecho de que la mujer tiene más que ganar que el hombre cuando está sola. Descubre la independencia y le gusta su libertad, tiene más tiempo para ella y se ha vuelto más exigente, o quizá menos sumisa. En tal situación, encontrar una relación de pareja se convierte en una tarea difícil.