Compartir

compra compulsivaIr de tiendas es un entretenimiento socialmente aceptado, pero también puede llegar a convertirse en una adicción con graves consecuencias, la compra compulsiva.

Del placer a la adicción, la compra compulsiva

A diario estamos expuestos a una ingente cantidad de publicidad que nos incita a gastar. Esta información, distribuida de manera sutil unas veces y otras descaradamente directa, pretende dirigir nuestra conducta de compra y aumentarla. Y parece conseguir su propósito, a juzgar por los resultados de una encuesta de la Unión Europea: para el 60% de los españoles, comprar es un placer.

Claro que del placer a la adicción hay sólo un paso. Según un estudio de la Unión de Consumidores de España, el comprador compulsivo en nuestro país supone el 3% de la población, aunque esta adicción afecta a la tercera parte de los españoles de forma más leve. La cifra en el resto de Europa oscila entre el 2% y el 8%.

Cuando gastar se convierte en una conducta compulsiva

Viviendo en una sociedad de consumo, en ocasiones es difícil advertir cuándo uno ha sobrepasado la barrera del gasto razonable y estamos ante una persona que se dedica a comprar compulsivamente. Además, ir de compras es un comportamiento que, lejos de estar mal visto, se considera como una actividad de ocio.

Las elecciones de compra están condicionadas por motivaciones psicológicas de muy diverso tipo, desde el afán de éxito hasta el de emulación, pero también la trama de creencias de una sociedad influye.

Los deseos de los consumidores son, pues, manipulables, y cuanto más inconscientes, más lo son.

Entonces, ¿cuándo un simple placer empieza a convertirse en una conducta de riesgo? Existen cuatro factores determinantes para saber si estamos antes compras compulsivas:

  • La alarma salta cuando uno hace frecuentes compras de las que se arrepiente,
  • gasta por encima de sus posibilidades,
  • carece de control para regular sus gastos y contener los impulsos
  • y comienza a darse cuenta de que ésa es la única actividad que le agrada, mientras que el resto pierden atractivo.

Una cuestión de personalidades

¿Te gusta mirar escaparates, te produce frustración llegar a casa con las manos vacías tras un día de ‘shopping‘, te premias con un regalo cuando estás deprimido, tienes un cajón lleno de cosas innecesarias? Si es así, tal vez seas una compradora compulsiva. Esta conducta parece depender del carácter y el estado de ánimo.

El perfil del consumidor patológico es el de una persona con problemas depresivos o de baja autoestima y gran impulsividad; el de carácter más leve presenta una personalidad hedonista que ha hecho de la compra su máxima diversión. Por otra parte, la elevada ansiedad  y el acusado materialismo son algunas de las notas de personalidad más características de los adictos a las compras. Además, la finalidad de esas compras se relaciona con el afrontamiento del malestar emocional, la superación de un estado de aburrimiento, la búsqueda de excitación y el incremento de la autoestima.

Estas personas son más sensibles a factores promocionales (día de San Valentín, día de la madre, Navidades), gastan más dinero y solicitan más créditos para satisfacer sus deudas que los compradores normales.

Para evitar impulsos y no comprar comulsivamente

El impulso comprador se multiplica en los centros comerciales, donde tenemos que hacer frente a varios estímulos. Pero aún quedan cartas en nuestra mano para sortear la compra compulsiva. La Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios recomienda seguir las siguientes pautas:

  1. Haz la compra con una lista previa. Es la mejor manera de no llenar el carro con productos innecesarios. También es conveniente partir de un presupuesto, con un límite fijado para los caprichos.
  2. Anota los artículos que compras y el precio. Revisa siempre el ‘ticket’ antes de abandonar la caja.
  3. No vayas de compras en situaciones psicológicas de mayor debilidad. Está comprobado que los impulsos de compra son menos controlables cuando acabamos de cobrar, estamos deprimidos o tenemos el estómago vacío.
  4. No ‘piques’ en el gancho de las ofertas. Ningún comercio es baratísimo porque en dos o tres productos ofrezca precios casi inverosímiles.
  5. Huye de los señuelos. Salvo excepciones, elige los productos más baratos. Las marcas conocidas no siempre son las mejores. Una buena buena opción son los productos blancos.
  6. Evita los paseos por los pasillos con la idea de recordar olvidos. Es la mejor fórmula para no llenar el carro con cinco o seis productos que no necesitas.
  7. Si te acuerdas de un ‘imprevisto’ que no es de primera necesidad, déjalo para más adelante. Así conseguirás no acumular otro juego de toallas o pequeños electrodomésticos que acabarán durmiendo en una estantería.
  8. Ten en cuenta las oportunidades sólo si precisas ese producto.
  9. Sé firme frente a las presiones de los niños. La mayoría de los estímulos para instar a la compra está dirigido a ellos. Edúcales y no fomentes actitudes caprichosas.
  10. Antes de pasar por caja, suma el gasto y compáralo con tu presupuesto. No te avergüences de dejar productos y controla el uso de las tarjetas.