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Volver al trabajoPara combatir el bajón que provoca el final de las vacaciones, lo mejor es planificar con alegría e ilusión el nuevo curso o la vuelta al trabajo.

Se acaban las vacaciones y volvemos a la vida cotidiana, esa vida en la que entramos sintiendo ilusión y miedo a la vez, como en una reedición de la vuelta al colegio.

Los últimos días de agosto y los primeros de septiembre nos dibujan en el pensamiento interrogantes y emociones que oscilan de la alegría a la pena.

Porqué cuesta volver a la rutina

Tanto la persona que está deseando volver al trabajo porque ha pasado unas malas vacaciones, como aquella que no quiere hacerlo porque el invierno que se avecina no le gusta nada, tienen diferencias y semejanzas.

Su sentimiento al final del verano es opuesto, pero tienen en común el hecho de que ambas sostienen una mala relación con una parte de su realidad personal: en un caso, con el ocio; en el otro, con el trabajo.

La realidad tiene un alto componente subjetivo, y sólo la hacemos nuestra cuando combinamos lo que nos viene de fuera con nuestro mundo interno.

Nuestra realidad es la suma de las distintas áreas en las que actuamos: trabajo, pareja, hijos, familia, amigos. Si nos hacemos protagonistas de nuestra vida y decidimos que todo aquello que nos pasa, incluido lo que no nos gusta, tiene que ver con nuestros deseos y nuestras carencias, crearemos las condiciones para modificar las áreas con las que no estamos a gusto.

Por el contrario, si adoptamos la actitud de no querer ver las dificultades o de echar la culpa a los factores externos, negamos la situación y a nosotros mismos.

Volver al trabajo: El caso de Ana

Ana teme el final de las vacaciones. Le da pereza volver al trabajo sólo con pensar en todo lo que tiene que hacer para poner en marcha la casa y equipar a sus hijos para el nuevo curso.

Pero la causa del desaliento de Ana no tiene, nada que ver con los quehaceres prácticos, a los que siempre responde con eficacia y placer cuando está bien de ánimos.

El malestar guarda relación con su trabajo. Cuando regrese a la ciudad, se enfrentará a cambios importantes. Ana es locutora de radio y le han propuesto dirigir un programa.

Es todo un reto y está muy ilusionada, pero no puede evitar tener miedo. Un miedo que apenas es capaz de reconocer, pues se supone que con su experiencia no debería sentirse como una niña asustada.

Desde que se lo ofrecieron no ha querido pensar más que en lo que le agrada. Ahora que se acerca el momento de volver al trabajo y enfrentarse a lo que tanto desea, también aparece el pánico de no estar a la altura de lo que le piden y de no sostener lo que ha deseado tanto alcanzar.

El miedo es la pantalla tras la que se esconden nuestros deseos, de modo que la realización de éstos provoca el temor a quedarnos sin ellos.

Ahora que las vacaciones se acaban podríamos hacer balance del verano y dar la bienvenida a la nueva temporada con proyectos que nos hagan sentir bien.