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un buen médicoQué es mejor: ¿un médico amable que escucha al paciente sin prisas y le receta el fármaco que pide o le manda la prueba que quiere, o uno distante que hace lo que, en su opinión, es mejor, aunque el paciente no comparta su decisión? La respuesta está en una combinación de ambos: un doctor lo suficientemente cercano como para facilitar la comunicación con el paciente -que suele llegar aterrado a la consulta-, pero también lo bastante serio como para no anteponer la condescendencia al rigor profesional. Y ahora que la medicina avanza a pasos de gigante, un buen médico es, sin duda, el que se preocupa por estar al día en su trabajo.

Lo cierto es que la prensa jamás denuncia historias de médicos ‘demasiado amables’. En cambio, sí leemos casos del estereotipo opuesto: médicos de gran prestigio, que saben muchísimo, pero que se comportan como autómatas, sin la inteligencia emocional necesaria para que la comunicación con el paciente sea fluida y eficaz. Porque, desde luego, esa comunicación no es fácil.

La mayoría de las facultades de medicina del mundo incluyen ahora cursos sobre trato al paciente. Al otro lado del espectro, la amabilidad excesiva puede ser igualmente perjudicial. Un facultativo que receta antibióticos sin necesidad está potenciando el grave problema de la resistencia a estos fármacos. Un médico que receta sedantes a demanda del paciente puede estar contribuyendo a una dependencia.

¿Qué puedes hacer para mejorar la comunicación con tu médico?

  • Escribe una lista previa de los temas que quieres tratar y la lista de medicamentos que tomas en ese momento.
  • Si puedes, pide a un familiar o amigo que te acompañe. Infórmale previamente de tu problema, de forma que, si algo se te olvida, te lo pueda recordar. Si acompañas a un anciano, asegúrate de que lleva sus gafas o, si usa audífono, de que éste funcione debidamente.
  • Informa al médico de las novedades que te han sucedido desde la última visita (si has ido a urgencias, si has perdido el apetito, si ha habido una muerte en la familia…). No entres en detalles: el tiempo es precioso en una consulta.
  • Sé honesta. Si sigues fumando, no digas lo contrario.
  • Explica tus síntomas sin irte por las ramas. Di sólo cuándo empezaron, con cuánta frecuencia se dan y si van a más.
  • Haz preguntas. Si no sabes lo que es un aneurisma o no has entendido cómo debes tomar un fármaco, pregunta. Si temes olvidar algo, toma notas.

La comunicación, la base de un buen médico

Los médicos no lo saben todo. Incluso el mejor puede no tener la respuesta a algunas preguntas. De hecho, la ciencia sigue sin conocer muchos procesos del organismo. En todo caso, si un problema excede al campo del médico de cabecera, te remitirá al especialista, si este es un buen médico.

Recuerda que la amabilidad es una vía de doble sentido; un paciente educado, que explique su caso con claridad y use su tiempo justo, pero adecuadamente, pone las bases para una buena comunicación y un mejor cuidado de su propia salud.