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afrontar enfermedad familiarCuando un miembro de nuestra familia depende de nuestros cuidados, hemos de enfrentarnos al dolor junto a la enfermedad de un familiar, pero también puede enseñarnos a vivir mejor.

La adaptación al sufrimiento ante la enfermedad de un familiar

Cuando la desgracia llama a la puerta de una familia en forma de enfermedad, es difícil predecir cómo actuarán sus miembros. La persona que aparentemente es más fuerte y decidida no actúa, a veces, como se esperaba de ella. Sin embargo, otros miembros, que en principio parecen menos activos, son los que se hacen cargo de los problemas que se derivan de tener un enfermo en casa.

La experiencia de la enfermedad despierta sentimientos y deseos relacionados con la dependencia propia de la infancia. Una enfermedad nos enfrenta a lo vulnerables que somos ante el sufrimiento, pero también puede enseñarnos a vivir mejor.

Las características psicológicas del enfermo y de las personas que lo rodean, así como la enfermedad en curso, son determinantes para que se cree un ambiente u otro. Las enfermedades más agotadoras son las que se prolongan en el tiempo.

El papel de la mujer ante la enfermedad familiar

Las mujeres, identificadas desde niñas con el papel de cuidar a los demás, suelen cargar sobre sus hombros más peso que los hombres en este tipo de tareas. La cuidadora corre el peligro de enfermar si no tiene en cuenta que:

  • Ella también necesita atenciones, y debe implicar a otros miembros de la familia en el cuidado del enfermo. 
  • La información sobre la enfermedad del pariente es muy necesaria. La incertidumbre acerca de lo que puede ocurrirle al enfermo crea angustia y malestar a quien lo cuida. 
  • Conviene recurrir a todos los medios y ayudas disponibles, y dejarse aconsejar por los profesionales. 
  • La cuidadora debe reservar un tiempo para su propio descanso para no agotarse, y delegar parte de la responsabilidad. 
  • Si lo necesita, ha de poder hablar con alguien para expresar sus sentimientos de malestar.

Lo que cada uno pierde ante una enfermedad familiar

La experiencia de la enfermedad conlleva para el que la sufre un verdadero catálogo de pérdidas que tiene que asumir:

  • El control sobre el propio cuerpo: la incapacidad de dominarlo nos conduce a una situación de dependencia difícil de aceptar, que suele dañar la autoestima del enfermo. 
  • La independencia: el enfermo depende de los otros porque no tiene la capacidad de cuidarse a sí mismo. A veces, éste rechaza la ayuda y no reconoce la necesidad que tiene de ella, por el dolor que le representa perder su autonomía. 

La cuidadora del enfermo también sufre algunas pérdidas:

  • La de la ilusión de que ella no necesita ayuda, por ejemplo. Enseguida descubre que su energía psíquica es limitada y que si no la administra llegará también a enfermar. Después de cuidar mucho tiempo a un enfermo son habituales las depresiones, porque se produce una liberación del trabajo, pero también una sensación de inutilidad muy penosa.

Una situación muy común

‘Hija, tu padre se encuentra muy mal’, escuchó Olga al otro lado del hilo telefónico. La voz temblorosa de su madre la asustó. ‘Enseguida estoy allí y lo llevamos a Urgencias, no te preocupes’.

El padre de Olga fue ingresado con una úlcera sangrante que le había dejado sin fuerzas. Lo peor era que su padre no soportaba la clínica. Tenía demencia senil y cuando le sacaban de su entorno habitual se ponía muy nervioso y excitado.

Resultaba estremecedor verle tan enfermo y tan débil, sobre todo ahora que a las dificultades mentales se sumaban las de orden físico. La familia tenía que discutir cómo resolver la situación.

La hermana de Olga consideraba que lo mejor era dejarle ingresado todo el tiempo que fuera posible. La madre no opinaba, pero atendía con ansiedad a las hijas para ver si le ofrecían alguna solución eficaz.Olga era partidaria de llevar a su padre a casa y conseguir a alguien que le cuidara. De este modo, él se encontraría en su ambiente y su madre podría descansar. Era habitual que Olga y su hermana no estuvieran de acuerdo, aunque al final, ésta la dejaba actuar para no hacerse cargo de su parte de responsabilidad.