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comer en CopenhagueMás nórdicos que nadie. Así se sienten los daneses, siempre comparándose con sus vecinos, especialmente con los suecos, de los que admiran su capacidad para absorber otras culturas y costumbres, aunque por ahora no piensan seguir el ejemplo. Tampoco en lo que respecta a la gastronomía.

Una nueva generación de cocineros daneses crea e inventa para una nueva generación de gourmets, que buscan sabores “nórdicos”. Y aunque es difícil concretar cuáles son los ingredientes básicos para estos platos, las claves de esta cocina sí están claras: ha de ser simple, y tan natural y fresca como sea posible. En este sentido, la materia prima es casi siempre local, por lo que predominan las verduras y los quesos daneses y el cordero, especialmente la de los que comen cerca de la costa de Vesterhavet. Al parecer, la carne de los ejemplares que allí se crían tiene un ligero sabor salado que encanta a este pueblo marinero.

Las nuevas fórmulas no deben haceros olvidar los famosos y clásicos “smörrebröd”, el desayuno por excelencia de daneses y que no es una excepción en Copenhague. Con esta palabra definen a una especie de bollos abiertos que se rellena a voluntad con los ingredientes que esperan sobre la mesa y que pueden variar desde los embutidos, las ensaladas, los quesos y sobre todo el pescado. No en vano, el Báltico está lleno de arenques y a los descendientes de los vikingos les encantan ahumarlos y ponerlos en conserva junto a pepinillos y cebollas.

Se trata de repetir varias veces, pero quizás no tantas del licor con que acompañan de buena mañana sus platos. Nada de café con leche, en Dinamarca se trata de entrar en calor pronto con un chupito de “gammeldansk”. No es de extrañar que los suecos invadan los fines de semana la vecina Copenhague. Además, desde que se inauguró el puente que une la ciudad danesa con su vecina sueca Malmö, el trayecto apenas si dura 20 minutos. Os recomendamos el viaje porque no está mal la experiencia de viajar sobre el mar y también porque la ciudad universitaria de Malmö merece la pena.

Por último, conviene hablar de las cervezas. Además de las archiconocidas Carlsberg y Tuborg, existen muchas variedades autóctonas que no se exportan. Es normal, porque, como la buena sidra, hay que saber escanciarlas. En el local de Vinstue Halvfemser’n, por ejemplo, servir una cerveza requiere un proceso que dura 15 minutos, puesto que hay que verterla muy poco a poco. Desgraciadamente, en este lugar, inaugurado en 1916, no se puede comer, como ocurre en la mayoría de cervecerías de estos parajes. (A propósito, que para encontrar Halvfemse’n tendréis que buscar un “90” en la puerta y no toda la palabra escrita, puesto que éste es su significado).

Otros locales igualmente interesantes en Copenhague son: Huset (La Casa), un local que vivió sus años dorados en los politizados 70, y que ahora es un rincón de vanguardia, con un pequeño cine donde ver películas de culto. Jazz Vognporten ofrece jazz seis días a la semana y aunque su parroquia es algo mayor, tiene un sabor entre porteño y underground que requiere visita. Comer en Spiseloppen no es barato, pero sí delicioso. El edificio tiene 300 años y compartiréis mesa con gente del gobierno y otras excelencias. Y siempre está Cristiania, allí encontraréis de todo, nórdico y sureño.

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