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cuidar pechoArma de seducción y objeto de deseo -sin olvidar su maravillosa función tras la maternidad- el pecho es una de las zonas más delicadas del cuerpo femenino.

Los senos carecen de tejido muscular propio que les sustente, por lo que las variaciones en el peso, los embarazos y el paso de los años afectan sin remedio a su turgencia. Ni siquiera el ejercicio físico puede recuperar unos senos en irremisible caída libre: por mucho que hagamos sólo conseguiremos trabajar los músculos pectorales, pero nada podremos hacer por nuestro tejido glandular.

Así que, cirugías aparte, la única fórmula para poder lucir escote hasta la madurez es haber sido precoces en el cuidado del pecho.

Evitar las oscilaciones de peso, mantener una postura correcta con los hombros erguidos -la espalda encorvada facilita el trabajo a la inexorable ley de la gravedad- y utilizar los sujetadores apropiados son reglas básicas, así como combatir la flacidez y el descolgamiento con cremas reafirmantes e hidratantes que mantengan elástica la piel del escote y los senos.

Las temperaturas altas están reñidas con la firmeza del pecho. No se debe abusar de los baños calientes, las saunas y las exposiciones largas al sol. En cambio, las duchas frías tonifican y reafirman. Un buen sistema es alternar agua fría y tibia utilizando el -teléfono- de la ducha con movimientos rotatorios sobre los senos.