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cirugías rápidasAbundan las operaciones plásticas ambulatorias porque las técnicas se han afinado y los riesgos se han minimizado. Sólo las más invasivas y traumáticas, que intervienen hueso o grandes zonas, requieren de 24 ó 48 horas de hospitalización. Algunos procedimientos ni siquiera necesitan quirófano. Hoy es más fácil y más barato quitarse los defectos de encima.

Entrar al quirófano del cirujano plástico y salir en unas cuantas horas con el defecto en el bolsillo no es asunto de ciencia ficción. Es posible. De hecho, así sucede en muchos casos. Salir de allí con cero huella de bisturí es algo más difícil, pero tampoco imposible. Las técnicas están tan avanzadas que en un dos por tres —por decirlo en términos simples— las arrugas se pueden borrar, las inyecciones de botox son cada vez más rápidas y eficaces, las narices se pueden respingar y las bolsas de los ojos se pueden sacar.

El posoperatorio siempre es de cuidado, por supuesto, como en cualquier cirugía. Pero el punto es que nadie queda como momia, y si las zonas intervenidas pueden ocultarse bajo la vestimenta, la vida social puede retomarse al otro día o en los dos días siguientes. Es decir, el trauma es cada vez menor.

Esto ha hecho que las cirugías estéticas, que antes eran casi privativas de un sector muy pudiente, ahora puedan estar al acceso, si no de todos, de un abanico más grande. Claro, porque las hospitalizaciones, que son caras, se indican sólo en caso de procedimientos medianos y mayores. Y ellas no suelen superar las 24 ó 48 horas.

La demanda de cirugías plásticas ha aumentado considerablemente en los últimos 10 años.

La mujer ha dejado de hacerse la cirugía a escondidas, como era habitual hace 20 años, y la ha transformado en una cirugía que se cuenta y se comenta ampliamente en el círculo de amigas. Por otro lado, ha dejado de ser sólo para las clases altas para ser más de la clase media, lo que es determinado por la mayor demanda y porque los costos relativos han bajado.