cirugia estéticaPiernas, senos, traseros o narices… Todo tiene arreglo hoy en día. Estar incómodo con el físico ha dejado de ser un problema porque la cirugía estética, a la que cada vez recurren más consumidores, puede conseguir la apariencia deseada o, al menos, acercarse bastante.

Lograr una nariz más pequeña, mayor tamaño de senos, pómulos más angulosos o conseguir un cuello de “cisne” ha pasado de ser un sueño a convertirse en realidad, mediante unas técnicas cada vez más en auge en la actual sociedad de consumo y con unos costes al alcance de un buen número de economías.

El coste de una “reparación”, que en ocasiones puede llegar incluso a negociarse con los centros donde se realizan o pagarse en cómodos plazos, oscila entre las 1.500 euros que cuesta una blefaroplastia (ojos y párpados) al 7.000 euros que deberá abonarse por un lifting corporal, un estiramiento de la piel descolgada en la cara interna del muslo.

Los costes de otras operaciones no son muy superiores: una perfiloplastia (pómulos y mentón); la rinoplastia (operación para modificar la nariz) o una liposucción cervical (una técnica para mejorar el cuello y eliminar la papada).

La cirugía estética casi siempre ha estado ligada a una idea un tanto frívola y se le ha considerado un artículo de lujo dedicado, en exclusiva, al consumo de ciertas elites y, sobre todo, constreñida a las mujeres. Sin embargo, en opinión de varios cirujanos plásticos, la realidad es distinta: la cirugía estética no es un lujo, ya que quienes pasan por una consulta de este tipo y deciden operarse no lo hacen siempre por frivolidad, sino por deshacerse de un complejo que llevan arrastrando durante años.

Famosos en el quirófano

Pero también las personas sanas y sin complejos recurren cada vez más a la cirugía estética. Los profesionales de esta técnica guardan celosamente el nombre de sus “pacientes”, pero la identidad de estos acaba conociéndose. Los reporteros del corazón no se fían de las desapariciones súbitas de los famosos y acaban descubriendo el secreto.

Y cuando no hay ganas o dinero para pasar por el quirófano, o faltan la voluntad o el tiempo para las dietas o el ejercicio físico, hay otros recursos como los centros estéticos, el refugio más apetecible para poner el cuerpo a punto.