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el cansancio crónicoEl cansancio crónico, un síndrome que ataca sobre todo a las mujeres, aparece muchas veces sin que haya una causa justificada. Sus molestos síntomas, aunque acaban desapareciendo solos, pueden prolongarse durante años.

Elisa, de 30 años, llevaba un año casada con Ramón, de 35, cuando éste murió de un infarto fulminante, hace año y medio.

Tras varios meses de shock, en los que no me daba cuenta de nada, empecé a notar un cansancio extraño: me fallaba la memoria, me dolía todo y sólo me apetecía tumbarme‘, recuerda.

Me dijeron que no era una depresión. Las pruebas físicas tampoco daban nada. Por fin, hace un mes me diagnosticaron Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)‘.

Síntomas del cansancio crónico

Como en el caso de Elisa, el SFC puede presentarse tras la muerte de un ser querido, un proceso infeccioso, un periodo de estrés o sin razón aparente.

Es normal sentirse fatigada en épocas de estrés o de mucho trabajo. Y lo habitual es recuperarse cuando cesa la causa que produce la fatiga.

Pero cuando ésta no obedece a un problema médico específico (depresión, apnea del sueño, diabetes, problemas de tiroides, anemia, cáncer, infecciones, problemas cardiacos), cuando impide trabajar y cuando dura más de seis meses, puede tratarse de cansancio crónico.

El origen del trastorno -afecta al doble de mujeres que de hombres- sigue siendo un misterio.

La teoría más novedosa es una alteración en la compleja relación que existe entre el hipotálamo (zona del cerebro que regula las hormonas y algunas funciones vitales), la pituitaria y las glándulas adrenales.

Los expertos sólo diagnostican un SFC cuando concurren cuatro síntomas de entre los siguientes: falta de concentración y de memoria de corto plazo; dolores de garganta, musculares y articulares; aumento del tamaño de los ganglios; cefaleas; sueño no reparador y reacciones extremadas al esfuerzo.

Si bien no existe un tratamiento para el cansancio crónico, hay formas de controlar los síntomas. Casi todos los casos suelen remitir solos en unos dos años.

Cómo luchar contra el agotamiento

  • Evita el estrés… pero no del todo. El exceso de estrés conduce al agotamiento, pero si la vida carece del necesario, si falta la sensación de reto (una actividad nueva, trabajo de voluntariado, aprender a tocar el piano, a pintar…), la fatiga puede perpetuarse. 
  • Haz ejercicio. De 20 a 30 minutos diarios. Por ejemplo, caminar, trabajar en el jardín, bailar… Hay que hacer un esfuerzo inicial, pero la mejoría no suele tardar en llegar. 
  • Come de forma sana. Lo mejor: una dieta baja en grasas, rica en pescados, cereales, frutas, verduras y lácteos. Limita los dulces (a la larga, aumentan la sensación de cansancio). No fumes. 
  • Mejora tus pautas de sueño. Mantén tu dormitorio fresco, oscuro y sin ruido. Pon el despertador a la misma hora (las rutinas mejoran las pautas de sueño). 
  • Busca la paz. Para de vez en cuando para retomar fuerzas. Un rato de meditación, yoga, música relajante o unos días en un balneario hacen maravillas. 
  • Usa los medicamentos con cabeza. Sigue las indicaciones del médico y consúltale si crees que alguno aumenta tu fatiga. 
  • Comprueba si tienes algún tipo de intolerancia alimentaria. A veces, la somnolencia está relacionada con sensibilidad a los cereales, especialmente al trigo.