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riberiro viñedosAunque en muchas ocasiones he disfrutado del Ribeiro nunca había tenido la oportunidad de estar en la cuna de este vino en la época de la vendimia. A finales de septiembre, las viñas son el centro de la actividad.

Desde Castrelo do Miño y Ribadavia hasta más allá de Cortegada deambulan el río Miño y sus afluentes: el Avia, el Arnoia y el Deva.

Hay un paisaje dominante en estas hermosas comarcas: los pinos, los castaños, los robles y los poco apreciados eucaliptos arropan las viñas que crecen por las laderas y se asientan en bancales, y los distintos verdes cobran vida una vez que se han despejado las nieblas de la mañana.

La nota trágica la ponen las huellas de incendios, generalmente focos pequeños y aislados entre sí, que salpican de manchas negras el panorama; más de uno en el lugar sostiene que ahora que está prohibido comprar y vender la madera quemada, los fuegos los provocan los mismos que se ocupan luego de apagarlos.

Arquitectura típica

Al paso por los pueblos, muchos de ellos mínimos, veo buenos ejemplos de la casa tradicional de piedra con escalera exterior que sube hasta la balconada de la primera planta: arriba la vivienda y abajo el establo.

En núcleos importantes como Cortegada, Arnoia, Castrelo do Miño o Ribadavia, la mayoría de las construcciones han perdido el aspecto campesino, pero balcones y galerías siguen siendo elementos clave de una arquitectura, de muros de granito y tejados de teja árabe.

La impronta de los indianos, regresados a principios o mediados de este siglo de Argentina o Venezuela, se aprecia en las casas con empaque y palmera, rodeadas de muros que encierran el jardín, emparrado y la huerta.

También son típicas las iglesias rodeadas de pequeños cementerios en los que no faltan las flores y los cuidados: San Salvador, en Arnoia, San Miguel, en Valongo, el Santuario do Cristal, en Vilanova dos Infantes o el de Santa Comba de Bande.

Entre bosques y viñedos

Ribadavia y Celanova son las dos poblaciones más importantes. La primera, capital del Ribeiro, tuvo una importante población judía y conserva su estructura de calles estrechas en el casco antiguo, buenas casas con miradores, varias iglesias románicas y los restos de un castillo del siglo XV con más aire de palacio que de fortaleza.

La historia de Celanova estuvo estrechamente vinculada al monasterio de San Salvador: sus abades eran los mayores propietarios de tierras de Galicia y, hasta la desamortización del siglo XIX, la principal autoridad en la población.

Pero Celanova es también la cuna de grandes escritores gallegos como Curro Enríquez, Méndez Ferrín y Celso Emilio Ferreiro, y en sus calles y plazas se nota la impronta de una cultura civil liberada de las servidumbres de antaño.

A muy poca distancia, hay lugares interesantes como Castromao, que conserva restos de habitáculos celtas y romanos o Vilanova dos Infantes, con su trazado medieval apiñado en torno a la torre del castillo.

La zona recorrida está tan próxima a Portugal que atravieso la frontera para acercarme a Melgaço en viernes, día de mercado. Después de echar un vistazo por sus puestos, paseo por el castillo, las calles y la iglesia de torre barroca, y termino haciendo, junto a un vaso de oporto, mi particular homenaje al país vecino.