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La seducción del paisaje del Valle del Jerte con sus cerezos en flor es bien conocida. Pero no es menos bello este valle en otoño, cuando las hojas de los árboles se secan y forman una auténtica marea roja.

El valle del Jerte, al norte de la provincia de Cáceres, aparece rematado por las rotundas laderas sureñas de la Sierra de Gredos, por el valle del Tiétar y, a izquierda y derecha, por el valle del Ambroz y la comarca de la Vera. En medio de esta alargada hendidura, discurre el río Jerte, un cauce hermoso y truchero.

El paisaje

La mayoría de las referencia a este valle se tienen en el mes de marzo, cuando más de un millón de cerezos abren sus flores blancas y una gran nevada de pétalos se instala en el paisaje.

Pero si éste no deja de ser uno de los espectáculos visuales más conmovedores que regalan cada temporada los abiertos ibéricos, no le va a la zaga ese otro panorama que se extiende en el otoño, cuando 11.000 hectáreas de cerezales quedan completamente inundadas de una intensa tonalidad rojiza, con la reconversión cromática de sus hojas y ramas.

Qué árboles puedes encontrar

El elegante rubor que muestran ahora estos árboles no se manifiesta precisamente en unos escenarios salvajes o en unos bosques frondosos. Los cerezos están instalados en pequeños bancales con muretes de piedra que van ganando terreno a las laderas de las montañas.

Se percibe una belleza apacible, moldeada por la mano del agricultor, que acicala estas tierras y sus ejemplares arbóreos. Un atractivo que se acrecienta y se asilvestra, además, con la mezcla de cerezos y olivares, con la presencia de robles rebollos y castaños en las partes más altas, y con el entorno de la Sierra de Tormantos y los montes de Tras la Sierra.

Qué animales viven allí

Son destacables en el valle del Jerte sus numerosas gargantas fluviales, por las que bajan impetuosos los arroyos de montaña. Entre ellas resalta una por encima de las demás: la Garganta de los Infiernos, cuyos rotundos desniveles y paradisíacas aguas han motivado su declaración como reserva natural.

Bosques de galería, junto con robledales y castañares crecen en este espacio vital para la trucha, la cabra montesa, el águila real y el buitre leonado son algunos de los habitantes del espacio.

Entre los lugares de mayor interés despunta sin duda el enclave de Los Pilones, donde las frías aguas se suceden en hoyas junto a grandes y redondeadas rocas.

Una quincena de gargantas en las cercanías

Aparte de la de los Infiernos, otra quincena de gargantas se reparten por el valle: la del Bonal, de los Sotillos, de la Luz o de las Nogaledas. Entre ellas han echado raíces una docena de pueblos, de arquitectura tradicional jerteña: Cabezuela del Valle, Navaconcejo, Piornal o El Tormo.

Cerezos y otros frutos silvestres

Las dos comarcas colindantes con el Jerte nos ofrecen durante todo el año un paisaje de cerezos y otros frutos silvestres, como las moras o las frambuesas, que se emplean en la elaboración de sabrosas conservas y mermeladas:

  • A oriente, la comarca de la Vera
  • A occidente, el Valle del Ambroz