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aceptar la madurezA los 20 años buscas tus sueños. A los 50, ya eres libre para poder encontrarlos.

Adaptarse a la nueva situación, la madurez

Aceptar las carencias propias, incluso amarse por ellas; comprender a los padres; confiar en la capacidad para educar a los hijos; haber llegado a un equilibrio entre lo que queremos ser y lo que somos, entre lo que esperaron de nosotros y lo que deseamos; poder establecer relaciones gratificantes con la pareja; dejar de quejarnos por lo que no tenemos y disfrutar de lo que nos rodea… Todo esto se puede realizar en la madurez.

Ésta suele comenzar con una crisis o conflicto interno. Aparecen preguntas y respuestas que intentan situar a la persona en un nuevo lugar, sobre todo si no está satisfecha con lo conseguido hasta el momento. La experiencia nos ayuda a cambiar para enfrentar el futuro. Al alcanzar la madurez, se lleva a cabo un balance de lo realizado y aparecen algunos interrogantes: ¿qué quiero de mi vida?, ¿tiene que ver lo que quiero con lo que he hecho?

Aceptar lo que se quiere

Dependemos de idealizaciones de la infancia y de exigencias que tratamos de cumplir en la juventud. La madurez viene a poner las cosas en su sitio y, si aceptamos el descubrimiento de que ya no podemos depender de nuestros padres y de que sólo dependemos de nosotros mismos, encontraremos la liberación.

Si sentimos la madurez como algo que nos quita posibilidades, juventud y libertad, es porque no hemos elaborado internamente las separaciones oportunas para ser adultas y hacernos cargo de lo que tenemos entre manos. Llegar a la madurez y disfrutarla es un placer, porque en esta etapa de la vida se ha alcanzado la autonomía, la independencia y la libertad.

Aceptar la madurez es saber lo que nos conviene y lo que no; significa poder elegir. Madurar significa crecer. Si hemos conseguido elaborar los cambios necesarios, llegamos a la madurez despojados de sueños imposibles, pero libres para alcanzar lo que deseamos. Se abandona lo inalcanzable para vivir el placer de lo realizable.

Algunas de las consecuencias felices de envejecer son: una disminución del conflicto y de la culpa, así como la capacidad de relativizar y la posibilidad de ser más tolerantes. Cuanto más conocimiento tengamos de nosotras mismas y más amemos nuestras carencias, más podremos disfrutar de nuestra vida.

La mejor forma de disfrutar de la mediana edad

Ser tu mejor amiga. Tolerar nuestras dificultades y aprender a comprenderlas mejor. Cuidar nuestro cuerpo –las transformaciones físicas de la madurez serán más o menos perturbadoras según la firmeza del yo–, pero también cuidar nuestro mundo emocional y promover la creatividad.

Derribar mitos. Conviene abandonar los mitos de eternidad de etapas anteriores en nuestra vida y arreglar cuentas con el pasado. Los padres pueden ser el problema no resuelto más importante. Solucionarlo, nos permite relacionarnos mejor con los demás.

Practicar la generosidad. Con este término se refiere el psicoanalista Erikson a la preocupación y el contacto con otras personas más jóvenes. Según él, las personas que lograron bienestar a través de logros personales hallan satisfacción en ayudar a otros en el mismo camino y ésta es la expresión máxima de la madurez. Además, es importante repartir la energía vital: trabajo, pareja, hijos, amigos… son parcelas vitales que nos enriquecen.