alimentación en embarazadasHemos preparado un extenso artículo sobre alimentación en embarazadas y las necesidades nutricionales de durante esta bonita etapa en la vida de una mujer.

  1. Introducción
  2. Cambios durante el embarazo
  3. Aumento de peso en el embarazo
  4. Necesidades nutricionales
  5. Necesidad de proteínas
  6. Necesidad de hidratos de carbono
  7. Necesidad de grasas
  8. Necesidad de minerales
  9. Necesidad de vitaminas

Introducción a la alimentación en embarazadas

Tradicionalmente se creía que la mujer embarazada debía comer por dos. Esta tradición era transmitida de madres a hijas como expresión de la creencia de que durante el embarazo las necesidades de alimentos eran superiores.

Esta forma de pensar y actuar, no estaba exenta de riesgos, por condicionar en muchos casos un aumento excesivo del peso con los consiguientes trastornos digestivos o favoreciendo las complicaciones del embarazo. Se sabe que el sobrepeso facilita la presentación de toxemia gravídica o el parto por inmadurez fetal. Por otra parte, muchos excesos energéticos han sido origen de una obesidad posterior.

Los problemas derivados de una alimentación incompleta y escasa, son poco frecuentes en los países desarrollados, si bien existen algunas bolsas de población en las que el desempleo, la emigración y la marginación pueden condicionar dietas insuficientes con sus complicaciones. No es infrecuente tampoco encontrar embarazos en chicas adolescentes, que disminuyen su ingesta de alimentos, para que no se les note.

Los problemas derivados de una insuficiente alimentación en embarazadas pueden ocasionar importantes problemas, como fetos de bajo peso al nacer, disminución de la densidad del hueso, hipocalcemia neonatal por falta de vitamina D, anemia por falta de hierro o ácido fólico, alteraciones congénitas por falta de zinc, etc.

En la actualidad la mala información que muchas mujeres tienen al respecto, tomada y mal interpretada de muchos medios de comunicación o de otras madres con experiencias incorrectas, dan lugar a confusiones y errores algunas veces instalados en forma de verdaderos tópicos en la cultura de la población.

Durante la edad fértil, entre los 15 y los 50 años generalmente, muchas mujeres llevan a término uno o varios embarazos que culminan con el parto. El embarazo comporta un conjunto de fenómenos biológicos que van desde la fecundación, implantación y desarrollo en el útero del feto, a los cambios que al final del mismo tienen que producir la expulsión del feto y de la placenta en el momento del parto.

Cambios durante el embarazo

Durante los nueve meses que dura el embarazo, el organismo de la mujer sufre una serie de cambios inducidos por el crecimiento del útero y de su contenido (el feto) y otros de tipo fisiológico en el aparato digestivo, en el aparato cardiocirculatorio, en el aparato respiratorio, etc.

En concreto en el aparato respiratorio, y especialmente en la última parte del embarazo, el aumento la presión dentro de la cavidad abdominal, por el crecimiento del útero, eleva el diafragma y disminuye las excursiones respiratorias en la inspiración y expiración. Como consecuencia de esto, puede disminuir ligeramente la presión parcial de CO2 en los alvéolos pulmonares y en la sangre arterial, como consecuencia del aumento del número de respiraciones por minuto, para aportar la cantidad de oxígeno que el organismo necesita en estas condiciones. Por otra parte, se ha visto que el centro respiratorio que regula la frecuencia respiratoria, aumenta su sensibilidad por efecto de los elevados niveles de progesterona (hormona sexual femenina) que se producen para mantener viable el embarazo.

En el ámbito del aparato circulatorio y especialmente también en la última parte del embarazo, se produce un aumento del gasto cardiaco y del volumen sanguíneo con una disminución de las resistencias periféricas para poder asegurar el aporte de sangre fundamentalmente al útero gestante.

Los efectos de la progesterona, y en particular la relajación muscular secundaria se traduce en el aparato digestivo en una relajación del esfínter final del esófago, facilitando el reflujo gastro-esofágico. Esto hace que en esta situación las mujeres tengan frecuentemente molestias en el estómago y ardor o náuseas y vómitos más frecuentes en la primera parte del embarazo e incluso estreñimiento, problema muy habitual con consecuencias más allá del tiempo de duración del embarazo.

Desde el punto de vista nutritivo, la mujer embarazada debe aportar a través de su dieta los nutrientes necesarios para cubrir sus propias necesidades y los que se necesitan para asegurar el desarrollo del feto.

La ingesta de una dieta correcta durante el embarazo, es uno de los factores fundamentales más directamente relacionados con la evolución del mismo, determinando en buena medida la salud del neonato y desde luego también de la madre. Su relación, no sólo es conocida a nivel científico, sino que está ampliamente arraigada en la cultura popular, algunas veces asociada a tópicos erróneos, y otras veces íntimamente asociada a rasgos culturales, étnicos etc. Y así, la literatura está llena de dichos, refranes y anécdotas alusivas a este hecho.

En el ámbito científico, no sólo se ha demostrado la relación directa entre el estado nutricional y la salud del feto o la progresión saludable del embarazo sino que también se han identificado determinadas alteraciones relacionadas con carencias alimentarias, estando el propio hecho de la fecundación íntimamente relacionado con el estado de nutrición. Es bien conocido que las mujeres anoréxicas, pierden su menstruación como expresión primera de su mal nivel nutricional, siendo muy difícil el embarazo de una mujer de bajo peso.

En general, las necesidades nutricionales de la mujer durante el embarazo y la lactancia se encuentran aumentadas en lo que respecta a calorías, especialmente en la última parte del embarazo, proteínas y minerales especialmente calcio y hierro y algunas vitaminas.

Una forma indirecta bastante fiable para conocer el grado de nutrición de una embarazada, es evaluar el desarrollo ponderal a lo largo del embarazo. Según los expertos, una mujer embarazada debe aumentar a lo largo del embarazo entre 8 y 12,5 Kg. cuando está bien alimentada, pudiendo ser el incremento un poco mayor en el caso de las mujeres delgadas (entre 13 y 14 Kg. ).

De este incremento del peso aproximadamente entre 3 y 4 Kg. corresponden a los propios tejidos de la madre que almacena en forma de grasa y proteínas una reserva energética para su utilización durante la lactancia o en casos de necesidad.

Aumento de peso en el embarazo

  • Feto: 3.300 gr.
  • Placenta y membranas: 560 gr.
  • Líquido amniótico: 900 gr.
  • Aumento del útero: 900 gr.
  • Aumento de las mamas: 675 gr.
  • Volúmen sanguíneo: 1.250 gr.
  • Reservas maternas: 3-4.000 gr.
  • Aumento total de peso: 11-12.000 gr.

Necesidades nutricionales

dieta embarazadas

Dentro del útero de la madre, se producen una serie de cambios que desde el punto de vista calórico, se traducen en un aumento de las necesidades de calorías para garantizar su viabilidad. Por una parte, el aumento del peso, que obliga a hacer un mayor trabajo físico y, por tanto, mayor consumo energético y el aumento de metabolismo basal de la madre, sobre el basal previo al embarazo.

Algunos expertos estiman que una mujer gestante va a necesitar un aporte extraordinario de 75.000 a 80.000 calorías que representa aproximadamente unas 150 calorías más diarias durante el primer trimestre y 350 calorías más diarias durante el resto del embarazo. Buena parte de estas calorías, se destinan a aumentar los depósitos de grasa, haciendo que muchos autores crean innecesario complementar esta cifra, sin embargo, hay que tener en cuenta los efectos hormonales de la grasa, y el papel que ésta pueda jugar hasta cierto límite en el desenvolvimiento normal de la fisiología del embarazo.

Unos autores refieren este mecanismo como un intento del organismo para almacenar una cantidad de energía que garantice en todo momento el aporte de calorías necesario para salir a flote en determinadas situaciones de falta de ingesta.

Otros estudios, sin embargo, estiman que la cifra de calorías extraordinarias a consumir durante el embarazo estaría en torno a las 20.000 ó 30.000, lo que obligaría a aumentar el aporte energético sólo en el último trimestre del embarazo.

Si nos atenemos a las recomendaciones que en Estados Unidos hace el National Research Council, nos quedaríamos con una cifra intermedia, que se fija entre las 50.000 y las 60.000 calorías, y que sólo justificarían incremento de la ingesta calórica diaria en la alimentación durante el embarazo a razón de unos 300 calorías día. De esta manera, no estaría justificado aumentar la cantidad de alimentos en la primera parte del embarazo.

Necesidades nutricionales de proteinas

Las proteínas son tal vez los nutrientes más importantes de la dieta de la embarazada. De hecho, los aminoácidos constituyen los verdaderos ladrillos que conformarán la estructura de las células y los tejidos del feto.

A lo largo de la evolución del embarazo, por el aumento de glóbulos rojos, el crecimiento de la placenta y del feto se acumulan en 325 y 1.000 gr. de proteínas (alrededor del 10% del peso total que se incrementa durante la gestación). Una parte de éstas son sintetizadas y permanecen en el organismo, perdiéndose el resto durante el parto (en el feto, placenta, hemorragia durante el parto, etc.). En términos cuantitativos esto representa aproximadamente 4,7 gr. de proteínas por día suplementaria en la dieta de la última parte del embarazo.

Teniendo en cuenta que, como queda registrado en las encuestas alimentarias, la dieta actual aporta en exceso proteínas, es probable que en condiciones normales una mujer embarazada no deba hacer ninguna aportación especial de este nutrientes. Sólo en algunos casos estará justificado suplementar la ración, cuando estemos ante una mujer mal nutrida.

Necesidades nutricionales de hidratos de carbono

Uno de los cambios que se producen en el metabolismo de la mujer embarazada, es la disminución de la tasa de glucosa en ayunas en sangre. En parte esta disminución se debe a la dilución que la glucosa tiene en el mayor volumen de plasma que se produce en estas situaciones.

En la última parte del embarazo, el aumento del consumo de calorías, el aumento de la frecuencia cardíaca respiratoria y del metabolismo basal, el mayor consumo del útero y de las glándulas mamarias, así como del feto, explicaría también este hallazgo.

Especial importancia tiene la mayor resistencia de las células a la acción de la insulina durante el embarazo explicada como un mecanismo de compensación de la anterior.

En algunas situaciones especiales y dada la frecuencia con que se presenta la diabetes en el embarazo, el aporte de hidratos de carbono complejos de absorción lenta, será recomendable en detrimento de los azúcares de absorción rápida que aportan los alimentos dulces y azucarados.

Necesidades nutricionales de grasas

Al igual que las proteínas, los lípidos o grasas son otro de los componentes básicos para la síntesis de las membranas celulares en los tejidos del feto.

Durante el embarazo se producen algunos cambios en el metabolismo de las grasas generalmente por el nuevo papel que toma el tejido adiposo que se acumula como se ha dicho anteriormente. Esto permite suministrar los lípidos necesarios para la formación de los tejidos en la primera parte del embarazo, y en la segunda parte de la gestación, favorece la lipolisis.

Otro cambio que se observa durante el embarazo, es la disminución de la tasa de colesterol en sangre en la primera parte del embarazo, para elevarse entre un 12% a 50% en el segundo y tercer trimestres. Este aumento del colesterol se hace sobre todo a partir del LDL el colesterol sin que se observen variaciones significativas en el HDL colesterol. Tampoco se observan alteraciones en los trigliceridos, durante el primer trimestre de embarazo, aunque aumentan en paralelo al colesterol en la última parte de la gestación.

Este aumento de las grasas durante el embarazo, no parece estar relacionada con el tipo de alimentación y se observa incluso en mujeres que hacen una dieta exenta de grasas. Tampoco constituye un factor de riesgo para el aparato cardiovascular, toda vez que estas cifras se normalizan a los pocos meses del parto.

Necesidades nutricionales de minerales en dietas de embarazadas

De todos los minerales de la dieta, seguramente el hierro y el calcio son los más importantes desde el punto de vista de la nutrición por su contribución al desarrollo del feto.

El aporte de calcio en la alimentación durante el embarazo es especialmente importante a partir de la cuarta semana, que es cuando empiezan a formarse los huesos del feto. Las necesidades de fósforo están relacionadas con el metabolismo de la vitamina D y de la hormona PTH. Como consecuencia del mayor consumo, la tasa de calcio en sangre disminuye ligeramente hasta aproximadamente la 24 semana de gestación, aunque la vitamina D y la hormona citada actúan asi enérgicamente para garantizar los niveles de calcio necesarios para el mantenimiento de las tasas en la dieta de la embarazada.

Es importante subrayar que si la dieta en embarazadas no aporta cantidades suficientes, estas hormonas lo removerán del hueso de la madre favoreciendo la descalificación de su esqueleto por lo que es importante garantizar el aporte de calcio durante el embarazo. Se ha podido demostrar que durante el tercer trimestre el feto capta entre 200 y 300 mg. de calcio al día, que deben ser facilitados en la dieta. Los alimentos lácteos, el pescado que contenga espinas, por ejemplo, sardinas y salmón enlatado, los productos derivados de la soja son alimentos imprescindibles en la alimentación de la embarazada para asegurar éste aporte.

Otro mineral primordial es si hierro. El hierro forma parte y es imprescindible en la producción de la hemoglobina que transportará el oxígeno en los glóbulos rojos a los tejidos. Durante el embarazo las necesidades de hiero se estiman en 0,9 mg por día en el primer trimestre, 4. 1 Mg. por día en el segundo y 6,2 mg por día durante el tercero.

Para garantizar el suministro de hierro a la médula ósea que ha de fabricar la hemoglobina, el organismo dispone de unos depósitos de hierro como garantía para cubrir en todo momento las necesidades.

El estado de los depósitos de la mujer embarazada, previos al embarazo es uno de los factores junto con el aporte en la dieta para asegurar la disponibilidad de este mineral.

Distintos estudios han podido demostrar que durante el embarazo la absorción de hierro en el intestino aumenta hasta en 40%, lo que no impide que se produzca en muchos casos anemia por este motivo.

Respecto del papel del zinc en la dieta durante el embarazo, recientes estudios han puesto de manifiesto la importancia que tiene este mineral durante la gestación. Los niveles en sangre pueden disminuir hasta 145% durante la gestación, en parte por la disminución de la albúmina (compuesto de carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno y azufre) circulante. Esta disminución, no parece tener relación con la dieta, ni ser susceptible de modificar a través de aportes suplementarios, por lo que a efectos prácticos tiene escaso interés.

Necesidades nutricionales de vitaminas

Las necesidades de vitaminas están generalmente aumentadas durante el embarazo, sin embargo, sólo algunas de ellas tienen interés desde el punto de vista de la determinación de la dieta de la embarazada.

Así, por ejemplo, la vitamina A que juega un papel importante en la formación del calostro (primera leche de la hembra después de parida) y en las síntesis de algunas hormonas, se utiliza en mayor cantidad . Sin embargo, parece haberse demostrado que los depósitos del organismo son suficientes para atender las necesidades de la embarazada.

La vitamina D tiene quizá un papel más importante en la alimentación en embarazadas por su función en el metabolismo del calcio. Hoy se sabe que la placenta produce vitaminas y, que generalmente está ligeramente aumentada en sangre durante el embarazo. Por este motivo algunos organismos internacionales han recomendado dar un suplemento de vitamina D durante la gestación. Seguramente las poblaciones con piel muy pigmentada o que no se exponen suficientemente al sol, pueden cumplir criterios para aplicar esta recomendación.

Otras vitaminas, como la vitamina E y la vitamina K no tienen interés especial en la nutrición de la mujer gestante, que marque diferencias con una situación normal.

También se han hecho estudios que demuestran los cambios fisiológicos que se producen en las cifras en sangre de determinadas vitaminas hidrosolubles, y en los cambios a lo largo del embarazo. Si se exceptúa el ácido fólico, cuyo incremento de las necesidades es importante por el aumento de la masa de hematíes y el desarrollo del feto, el resto de las vitaminas hidrosolubles como la vitamina C, la tiamina, la piridoxina o la riboflabina, carecen de interés práctico a los efectos de hacer recomendaciones concretas en la dieta.