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tipos de aguaEl agua es fuente de vida y el componente más abundante en un ser humano, pues representa el 50-60% de nuestro peso corporal total. Cada día eliminamos gran parte de ella, alrededor de dos litros, por lo que debe ser restituida para mantener el organismo bien hidratado. Pero, ¿qué tipo de agua debemos tomar?

En función de su origen, tratamiento y composición se pueden distinguir varios tipos de agua. Las aguas de consumo público se clasifican en dos grupos, que son el agua envasada y el agua del grifo. La que conocemos como agua del grifo, que llega a nuestras viviendas mediante la red de abastecimiento público y que debe cumplir los requisitos sanitarios, procede fundamentalmente de aguas superficiales (presas, embalses o charcas), subterráneas (manantiales o nacientes, pozos y galerías) o del agua del mar (plantas desaladoras).

Por lo que se refiere a las aguas envasadas, en la actualidad existe una amplia gama de ellas, dentro de las que hay que distinguir tres tipos: las minerales, las de manantial y las preparadas.

Las aguas minerales naturales o de mesa son aquellas que proceden de un manantial subterráneo protegido y, a diferencia de otro tipo de aguas, presentan riqueza constante de minerales de procedencia natural y no añadida. Deben estar libres de microbios patógenos, por lo que pueden precisar de tratamientos físicos o químicos para su desinfección. Su origen subterráneo le confiere minerales, oligo-elementos y otros componentes con efectos beneficiosos para el cuerpo humano.

El agua de manantial es potable por naturaleza, de origen subterráneo, microbiológicamente sana y protegida contra los riesgos de polución. La diferencia con el agua mineral natural es que no tiene obligación de tener una composición mineral constante y característica. Dentro de esta categoría están las que en su día obtuvieron la denominación de aguas minero-medicinales, que son aquellas que provienen de manantiales naturales, no necesitan manipulación química y son envasadas en su lugar de origen.

Por último, se denomina agua potable preparada al agua de consumo sometida a tratamientos físico-químicos, aunque estos modifiquen la composición química inicial de la misma, para liberarla de la contaminación microbiológica y parasitológica.

En función de su composición mineral y grado de mineralización (su contenido total en minerales), las aguas pueden ser de mineralización fuerte (más de 1.500 mg de residuo seco, es decir, de minerales por litro), débil (hasta 500 mg/L) o muy débil (hasta 50 mg/L), y poseen distintas propiedades beneficiosas para la salud. La conveniencia de un agua mineral u otra dependerá del tipo de persona y de la finalidad que se pretenda. El agua mineral más conveniente y la que no puede causar problemas es la que tiene una
mineralización débil o muy débil.

Purificadores y filtros de agua casero

En últimos tiempos podemos encontrar en muchos hogares filtros y purificadores de agua que tienen como fin mejorar la calidad del agua suministrada en los hogares a través del abastecimiento público. La calidad de estos filtros para agua potable y purificadores domésticos depende mucho de los materiales utilizados y del fabricante, pero se pueden encontrar por un precio razonable, y en muchas ocasiones permiten un ahorro a largo plazo frente al gasto en agua embotellada, además de una menor molestia en lo que a transporte se refiere.

Agua y personas mayores

La capacidad de los riñones de filtrar y eliminar sustancias de desecho en las personas mayores es aproximadamente la mitad que la de una persona joven. Con la edad, el cuerpo tiene menos masa muscular y agua corporal (al parecer nacemos con un 70% de agua y, al hacernos mayores, ésta sólo llega a representar poco más del 50%) y se altera el mecanismo de la sed. Los mayores no sienten sed aun cuando su cuerpo esté deshidratado. Por ello deben hacer un esfuerzo y mentalizarse de la necesidad de ingerir 6 u 8 vasos de agua u otros líquidos al día (infusiones, caldos…) para suplir las carencias de este elemento en su organismo. En cuanto a lo que refiere a los trastornos de la menopausia en las mujeres, si existe tendencia a retener líquidos, se recomiendan las aguas de mineralización débil e hiposódicas.

Tipos de aguas según sus componentes y función en el organismo

Los componentes del agua definen cada tipo de agua e inciden directamente sobre el organismo:

  • Bicarbonatadas o alcalinas (más de 600 mg/L de bicarbonatos): estimulan la digestión y neutralizan la acidez de estómago.
  • Cálcicas (más de 150 mg/L de calcio): el calcio es el mineral más abundante del cuerpo humano. El del agua se aprovecha muy bien por el organismo y contribuye a la mineralización de los huesos y dientes.
  • Magnésicas (más de 50 mg/L de magnesio): contribuyen a la mineralización de huesos y dientes y pueden resultar ligeramente laxantes.
  • Hiposódicas (menos de 20 mg/L de sodio): benefician a quienes sufren alteraciones renales, hipertensión o retención de líquidos y a los bebés y personas mayores. Depuran y eliminan el exceso de líquidos.
  • Sódicas (más de 200 mg/L de sodio): no aconsejadas para niños, personas mayores, personas con problemas de riñón, de corazón o de retención de líquidos.
  • Fluoradas (más de 1 mg/L de fluoruros): previenen la caries dental, pero están desaconsejadas en los niños porque puede causar fluorosis dental, que produce baja mineralización del esmalte y aparición de estrías y manchas en los dientes.
  • Ferruginosas (más de 1 mg/L de hierro): contribuyen al aporte de hierro y, junto a una dieta adecuada, ayudan a prevenir la anemia.
  • Carbónicas o con gas (más de 250 mg/L de CO2): el contenido de gas puede ser natural o añadido. Estimulan el apetito, neutralizan la acidez y facilitan la digestión.
  • Aguas de mineralización débil (hasta 500 mg/L) o muy débil (hasta 50 mg/L de minerales): estimulan la producción de orina. Son las aguas más indicadas para la preparación de alimentos infantiles y para la hipertensión, problemas de corazón, cálculos e insuficiencias renales o retención de líquidos.