Alimentación

10 razones para no ponerse a régimen, no todo es adelgazar

razones para no regimenAdelgazar se ha convertido para muchos en una manía, una psicosis, una fobia y, por tanto, una enfermedad. El hecho de que algunas personas vivan el presente en estado de gerundio, es decir, engordando y adelgazando, está creando en la sociedad una nueva patología que no viene a cuento. Adelgazar, ¿para qué?

Hay que remontarse al dicho popular de «hueso y pellejo» para descubrir la situación de los aspirantes a sílfides. Porque aunque hay gente delgada por naturaleza, pero con energía, que difícilmente gana peso con la comida, existe otra que ha hecho de su vida un continuo peregrinaje por las dietas de adelgazamiento, ofreciendo, siempre que las practica, evidentes síntomas de fatiga y debilidad.

Si una dieta es un tratamiento médico hay que tomarla en serio. De lo contrario, mejor olvidarse. Y lo que nunca hay que confundir es la obesidad con el insignificante sobrepeso de unos kilos. Abandonar un régimen para iniciar otro dentro de unas semanas es lo mismo que hacer una cura con antibióticos, para corregir una infección, con dos pastillas cada cinco días. Los regímenes milagrosos y fáciles no existen porque, como decía el profesor Grande Covián, «sólo adelgaza lo que se deja en el plato».

¿Y merece la pena tal sacrificio? Psicólogos y nutricionistas dicen que no, pero el poder de la estética lo invade todo y muchas veces pasa por encima del sentido común y de la sensata opinión de amigos y familiares. La culpa de todo la tiene el bombardeo continuo de cierta publicidad en pos de un ideal de belleza que no sólo resulta inalcanzable para una amplia mayoría, sino que la frustración por no comer lleva al odio al cuerpo, a la obsesión por las dietas y a los desórdenes alimenticios de la bulimia y la anorexia.

Someterse a la tiranía de la delgadez es un «sinvivir» que ronda lo patológico, y lo peor de todo es que en los países civilizados un 90 por ciento de las mujeres ?ahora también los hombres? se ha puesto alguna vez a dieta, sin necesitarlo, y un 35 por ciento de ellas ha probado como mínimo cinco regímenes, porque la delgadez, nos insinúan, es sinónimo de éxito. Mentira y fraude. Mentira, porque son muy pocas las personas que viven del cuerpo (las modelos); los más consiguen el triunfo a base de esfuerzo y de tener la cabeza sobre los hombros; y fraude, porque nos engatusan con un laberinto de productos «light», que prometen el paraíso de la delgadez en aras de un magnífico y suculento negocio.

Ambas cosas marcan las coordenadas de los desórdenes alimenticios y de las patologías nerviosas. Así lo aseguran los especialistas en nutrición que afirman tener las consultas llenas de «palillos» que quieren adelgazar, y de modelos que, semanas antes de los desfiles, sólo se alimentan de ensaladas y diuréticos. Nada de sopas de cebolla, ni dietas a base de piña, ni pastillas de fibra, ni cócteles de anfetaminas. Adelgazar así no tiene sentido. Es machacar el organismo. He aquí las diez razones para no hacer dieta:

  1. Porque altera el sistema nervioso. Está comprobado que no comer o ingerir muy poco altera el sistema nervioso. El hipotálamo es el encargado de regular estas funciones y cuando se está a dieta se resiente. Si se le roba el azúcar necesario, el organismo protesta. Además, se produce halitosis, porque comer «barre» las bacterias, y no hacerlo, produce una saliva más espesa y ese típico mal aliento del «hambre». Un régimen prolongado, y sin control, puede traer serios problemas de salud con carencias vitamínicas, alteraciones cardiacas, endocrinas y enfermedades mentales como la anorexia y la bulimia, que sólo se curan en el diván del psiquiatra.
  2. Porque algo de alcohol no es tan malo. Nada de privarse en las comidas del placer del vino. El vino es para disfrutar y compartir y su consumo moderado es beneficioso para la salud, pues protege el sistema cardiovascular, incrementa las lipoproteínas de la densidad o portadoras del «buen colesterol», además de actuar como un agente antiinflamatorio que juega un papel importante en el proceso ateroesclerótico. Un vasito de vino en las comidas disminuye los niveles tensionales y protege de trombos y coágulos. En resumen, el vino es bueno aunque tenga alguna caloría. Pero tampoco hay que abusar.
  3. Porque lo «light» engorda. Lo dice siempre Luc Montignac, el investigador químico y experto en nutrición que lleva años insistiendo en que lo «light», que es un negocio, se inventó cuando se pensaba que lo que engordaba eran las calorías, cuando por muchas que se le quiten a un alimento, si es hiperglucémico (con falsos azúcares), éste se volverá hiperinsulínico y favorecerá el «michelín». Y porque lo «light» ejerce en el organismo un efecto rebote, ya que al notar la ausencia de ciertos elementos, de inmediato y de forma desordenada se pone a fabricarlos.
  4. Porque las legumbres son un invento. Que se lo pregunten a Jacob que, por un plato de lentejas, compró la primogenitura a su hermano Esaú. Además de estar buenísimas, las legumbres tienen la particularidad de que toda la energía que aportan al organismo se consume, se quema, y en el cuerpo no se almacena ni gota de grasa. Eso sí, hay que tomarlas «viudas» (estofadas), sin chorizo. El noviazgo hay que llevarlo con las verduras, no con los de Guijuelo.
  5. Porque el chocolate es medicinal. Lo acaba de decir la ciencia, es decir, un grupo de químicos que el pasado fin de semana participaron en Washington (EE.UU.) en una reunión. Han señalado que el chocolate, aparte de ser un deleite para el paladar, hay que tomarlo porque previene las enfermedades cardiacas y el cáncer. Y porque aumenta un 10 por ciento los índices del colesterol bueno, lo cual reduce las complicaciones cardiacas en un 20 por ciento. El chocolate, como las uvas, contiene poliferoles, unos compuestos que no sólo combaten los radicales libres ?principales causantes del envejecimiento? sino que impiden la oxidación del colesterol malo (LDL), el que bloquea las arterias. El chocolate amargo (70 por ciento de cacao) es el mejor.
  6. Porque usted no es Bridget Jones, ni falta que le hace. Nadie le va a contratar para una nueva versión del «Diario de Bridget Jones». El séptimo arte tiene la plantilla cubierta y no parece que vaya a ampliarla. Por eso es mejor que no se obsesione con el peso como la protagonista de la novela de Helen Fielding, que Sharon Maguire tuvo el acierto de llevar al cine. Ésta tenía como única ambición en la vida adelgazar y encontrar un amor verdadero. Metas casi imposibles en una sociedad como la española, donde la excelente calidad de nuestros productos, sobre todo ibéricos, es la auténtica suministradora de los grandes momentos de felicidad.
  7. Porque la comida atenúa las arrugas. No nos engañemos, la piel empieza a deteriorarse a los seis meses de nacer, lo que pasa es que apenas se nota. Las arrugas, aunque asoman a partir de los cuarenta, se disimulan mucho con unos kilitos de más. El jamón, el cordero, las torrijas y los «huevos rotos» con patatas son productos antiarrugas y dan a la cara el mejor efecto «lifting». Las células hay que nutrirlas e hidratarlas, y la comida y el agua son la base. Un gordito tiene mejor lustre que un flaco y si no vean de nuevo las películas de Laurel y Hardy.
  8. Porque la comida es un elemento de compensación. Al igual que el sueldo es una gratificación al trabajo realizado, la comida es un elemento de compensación a la «mala vida», llámese ansiedad, dificultades, agobios, prisas, estrés, enfados, alteraciones…, que encuentran en la acción de comer el equilibrio de la satisfacción, al menos momentáneamente. ¿Hay algo más gratificante para superar un disgusto que una chocolatina? Además, el cacao contiene una sustancia llamada finiletilamina, que también está en el cerebro, que dicen que se activa cuando la persona está enamorada causando un sentimiento de euforia. Y porque la comida es como una póliza de salud, no sólo da seguridad sino que proporciona los mejores incentivos para seguir adelante.
  9. Porque podrá ir al concurso «gran talla». Las gorditas están de moda. Todos se fijan en ellas, incluidos los grandes diseñadores que han hecho colecciones especiales para ellas.
  10. Y porque, para qué engañarnos, va a volver a engordar. Les pasa a todos. Porque lo que verdaderamente hay que cambiar son los hábitos alimenticios y las formas de «quemar» los alimentos. La vida sedentaria y la «fast food» no tienen cabida en su mundo. Es absurdo comer tanta proteína y olvidarse de los hidratos de carbono. Hay que invertir la pirámide. En la base han de estar los productos de mayor consumo: cereales variados, pan integral, aceite, legumbres, ensaladas, frutas y verduras. Después, y de forma moderada, tomar vino, frutos secos, pollo, quesos, pescado y huevos. Y en último lugar, la carne roja. Y hacer ejercicio, andar. La clave de la alimentación está en el cerebro, en reequilibrar los posibles desequilibrios neuroquímicos que influyen en el mal funcionamiento de los mecanismos del hambre. La cocina es una seducción que irradia entusiasmo y equilibrio en quien la practica y en quien la degusta y, el hambre, como decía Virgilio, es mal consejero ¿Por qué pasarlo mal con un absurdo régimen?